Figura. Patricio Quinn falleció el 9 de enero de 1997 en Saltillo. ARCHIVO
Su intensa labor en ejidos y colonias marginadas de Saltillo aún se recuerda con cariño

A 24 años de su partida, el padre Patricio Quinn dejó un mensaje de solidaridad y esperanza entre los habitantes de la Región Sureste, sobre todo en los campesinos y gente de las áreas marginadas; por lo que ayer se le recordó con una misa en su casa y donde reposan los restos de este “héroe irlandés”: la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

El padre Patrick F. Quinn Martín falleció el 9 de enero de 1997 en Saltillo y a petición de los saltillenses su familia, también dos hermanos sacerdotes que viven en Estados Unidos, decidieron dejar los restos del sacerdote misionero en la iglesia desde la cual ayudó a miles de personas necesitadas.

DE EUROPA A SALTILLO

Quinn nació en Ballygar, condado de Galway, en Irlanda, el 25 de junio de 1930 y fue ordenado sacerdote en 1955 tras estudiar en Missisipi; llegó a Saltillo como padre misionero en la era del obispo Luis Guízar (antecesor de Francisco Villalobos), quien lo instaló primero en el Santuario de Guadalupe y lo envió a estudiar español, para posteriormente asignarle la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en la calle Abasolo al sur.

Pedro de la Cruz, un saltillense que colaboró durante casi todo el tiempo que estuvo el padre Quinn en el Perpetuo Socorro, narró cómo el sacerdote tenía una vocación de trabajo y ayudar a los demás, apoyado siempre por la comunidad católica de Estados Unidos pedía donaciones y hacía entrega de comida y artículos a los más necesitados, principalmente gente de los ejidos de Saltillo, Arteaga y General Cepeda.

Su inquietud por servir lo llevó a construir otras parroquias en casi todo el oriente de Saltillo con ayuda de otros sacerdotes y donaciones, pensaba retirarse en la iglesia de San Miguel en el límite de la colonia Morelos, con la Zona Protegida de la Sierra de Zapalinamé.

ARRAIGADO EN SALTILLO

Pedro de la Cruz narra que el padre Quinn quería quedarse en Saltillo sus últimos días y vivir en el retiro en la parroquia de San Miguel, la cual se fue acondicionando con un vista espectacular hacia la montaña, pero no pudo cumplir su último propósito porque falleció antes de su retiro.

No habrá un sacerdote igual que él, tan entregado y sensible, que ayudaba tanto a las personas entregándoles comida, sobre todo en los ejidos más necesitados de Saltillo, explicó Pedro de la Cruz, quien lo acompañó durante casi toda su estancia en esta ciudad.