Días negros se viven no sólo en Saltillo o en México en ese termómetro siempre caliente llamado libertad de opinión, libertad de palabra. Libertad de expresión. Días negros y horas tormentosas se abaten en todo el mundo. Éstas son las nuevas noticias sobre una profesión siempre amenazada, la del periodista, la del reportero de investigación; el oficio de gente libre en cualquier orden de la vida cotidiana: tener ideas.

Esta historia para nuestra mala fortuna, es cíclica, sorda y, no pocas veces, funesta. Al menos en México, por lo general y desgraciadamente es funesta. Y no sólo es funesta para nosotros los periodistas, sino que es terrible y trágica para un médico, un joven secuestrado, una señorita violada, un comerciante amenazado, un ama de casa acosada… es decir, en México la violencia sigue siendo brutal y a todos toca. El perseguir a los medios de comunicación y a sus protagonistas, seres humanos libres, no cede. Ni en Saltillo, ni en México ni en el mundo. Lo peor: las muertes se vienen recrudeciendo.

En Ucrania, donde gobierna un tipo duro como pocos, Petro Poroshenko, el gobierno le ha revocado el permiso de trabajo al periodista canadiense Savik Shuster, quien da vida a un crítico y popular programa de debate televisivo desde donde se denuncian el grave estado de las cosas en la institución pública y el gobierno de Ucrania. El programa de Shuster es el de más influencia y el más popular en Ucrania. Su programa ha abordado la corrupción en la Dirección de la Fiscalía del Estado y en el servicio de Aduanas. En este país, el 93% de la ciudadanía opina (la más reciente encuesta es de enero de este año) que su presidente Poroshenko carece de voluntad para luchar contra la corrupción galopante.

En este entramado de poderes y de corrupción, los comentarios del periodista no son bien recibidos y por eso el plan de no refrendarle la visa de trabajo para asfixiarlo y que se vaya de su programa y de Ucrania. Así lo han expresado voces como la de Valentin Nalivanchenko (exjefe del Servicio de Seguridad de Ucrania), el diputado Sergei Vlásenko e Iván Krulko, del Partido Patria. Y es que el periodista Shuster es un aguerrido del micrófono y de las críticas con índice de fuego. Por ello, ya lo habían corrido de Rusia, específicamente de Moscú, donde tenía un programa como el que ahora tratan de despojarle. Él se considera un “patriota de Europa”. Pero lo que le pasa al periodista Shuster en Ucrania puede ser algo ligero, digamos, sin mayor aspaviento. Lea lo siguiente.

Esquina-bajan

Una filial de Al Qaeda y del terrible Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) ha asesinado en año y medio a seis blogueros laicos, dos intelectuales y a dos homosexuales en Bangladés, un país con 134 millones de ciudadanos y casi todos (el 90%) musulmanes. “Golpean a quien critica el integrismo religioso”, ha dicho un disidente que huyó del país por persecución del grupo Ansarullah Bangla Team (ABT) vinculados con Al Qaeda y el ISIS. Y su forma de matarlos ha sido de manera bestial, como todo lo que hace este grupo religioso intolerante: los han matado a machetazos y degollados. 

Nazimuddin Samad, un joven estudiante universitario que criticaba en las redes el integrismo islámico, fue asesinado a machetazos. El profesor universitario liberal, Rezaul Karim Siddiquee fue degollado en la ciudad de Begmara, porque participaba en programas culturales y había fundado una escuela. Así de sencillo. Así de fatídico. La recopilación de las estadísticas son de terror entonces: seis blogueros, dos intelectuales y dos activistas homosexuales asesinados brutalmente. Su delito: pensar. 

Todos somos vulnerables, los que practicamos este oficio lo sabemos. Lo sabemos y lo padecemos. En un siglo plagado de avances tecnológicos, la libertad no es tal. No aquí y no en diversas partes del mundo como lo hemos visto. Agresiones a blogueros, a tuiteros y a portales digitales con buen periodismo se suceden sin cesar lo mismo en México, en Brasil, Argentina o Bangladés. Días negros para la libertad de pensar, de escribir. Días negros para todo el mundo. El acoso y hostigamiento a VANGUARDIA, entonces, no es gratuito. Ahora Rosa Esther Beltrán lo padece. Antes lo padeció don Armando Castilla, Marcos Durán, Luis Carlos Plata, Roxana Romero…

Letras minúsculas

No pasarán, el mal nunca triunfa.