Para evitar que cuando a EU le ataque una gripe, a nosotros nos dé pulmonía, es necesario reforzar las acciones de diversificación de la economía

 “Coahuila tiene le necesidad de varios puestos dentro de los empleos generados aquí a nivel local y creo que podemos enlazar muchas cosas y también lanzar programas emergentes para en un dado caso, que la huelga tome algún tiempo, al menos apoyar a los trabajadores que por alguna causa van a estar suspendidos de su actividad”.

Lo anterior fue expresado ayer por el gobernador del Estado, Miguel Ángel Riquelme, al reaccionar a los efectos que en la Región Sureste de Coahuila ha causado la huelga que vive en este momento General Motors en los Estados Unidos y cuya duración es incierta.

Se trata, sin duda, de una reacción en línea con lo esperado, pues ante situaciones como ésta lo primero en lo que debe pensarse es en proteger la planta laboral, considerando que, aún cuando una huelga no durará para siempre, su prolongación tiene efectos concretos en las percepciones de los trabajadores locales.

Y es que, a diferencia de los sindicalizados que han decidido colgar las banderas de huelga allende el Bravo, quienes prestan servicios a las empresas proveedoras de GM acá, no cuentan con la expectativa de cobrar salarios caídos a la conclusión del conflicto, ni cuentan con un fondo de resistencia para sortear los inconvenientes del paro.

La decisión de parar la producción en el vecino país traslada a los obreros mexicanos todos los costos de la misma sin ninguna de las ventajas inherentes, entre ellas la conquista de mejoras salariales y/o en las prestaciones.

Por ello, el sector público debe reaccionar ofreciendo apoyo concreto a quienes, derivado de la suspensión de labores en Estados Unidos se ven obligado acá a dejar de trabajar, o a trabajar sólo parcialmente.

La actividad fabril sin duda se reactivará. El problema de no saber cuándo ocurrirá esto implica que los compromisos económicos de los empleados no dejarán de acumularse y puede llegar el momento en el cual tomen la decisión de buscar trabajo en otra parte, dejando a sus empleadores actuales sin la capacidad suficiente para reactivarla producción cuando concluya la huelga.

A propósito de este episodio sería deseable que los gobiernos estatal y federal unieran esfuerzos para constituir un fondo que permita fondear las acciones necesarias en eventualidades como ésta, pues los paros técnicos en la industria automotriz se registran con cierta periodicidad por diversos motivos.

Y si está claro que situaciones de este tipo no son inevitables -sea porque estalla una huelga o porque el mercado automotriz entra en un bache-, valdría la pena contar con fondos destinados para financiar las acciones de apoyo hacia los trabajadores y que la respuesta del sector público sea más ágil.

Por otro lado, habrá que reiterar lo que ya se ha dicho en múltiples ocasiones: para evitar que cuando a Estados Unidos le ataque una gripe, a nosotros nos dé pulmonía, es necesario reforzar las acciones de diversificación de la economía de tal forma que el costo a pagar ante sucesos como este sea menor.