No son pocos los mitos que existen alrededor de la economía. No solamente la población en general, sino que también en muchas ocasiones los políticos y en otras épocas los medios de comunicación, emiten declaraciones que no resisten un riguroso análisis económico. 

Tres ideas en particular suelen ser muy recurrentes y resumen mucho de las ideas equivocadas que prevalecen en buena parte de las personas. La actual crisis económica ha puesto de manifiesto esas confusiones al evidenciar el comportamiento de algunas variables económicas cuya interpretación requiere un proceso de análisis más profundo.

Algunas de estas ideas erróneas son las siguientes:

Un país se ve beneficiado por el comercio internacional en la medida en que las exportaciones sean mayores que las importaciones. Nada más equivocado que eso. Las ganancias del comercio internacional van más allá del saldo registrado en la balanza comercial. El acceso a productos importados que de otra manera o bien no se hubieran conseguido en el país, o de hacerlo habría sido a un precio más elevado, evidencia por sí mismo los beneficios del comercio.

En términos macroeconómicos, incluso las importaciones son consideradas como un termómetro que indica el nivel de fortaleza de una economía. Mayores compras al exterior sugieren mejores condiciones económicas ya que indican que se cuenta con ingresos que permiten la adquisición de dichos productos.

Una inflación baja es siempre un claro indicio de la salud de una economía. Aunque en principio dicha aseveración tiene mucho sentido, el error de dicha premisa es generalizarlo para cualquier situación. Desde luego una inflación baja (que no negativa) y estable proporciona un ambiente adecuado para la inversión y el consumo, pero no necesariamente siempre es señal de bonanza o estabilidad. En épocas de recesión, en los cuales la demanda se encuentra deprimida, una inflación baja es señal inequívoca de debilidad económica.

No existen los precios negativos. Para propósitos pedagógicos es siempre útil enseñar a los estudiantes que no existen precios negativos. El mero sentido común ayuda a clarificarlo. ¿Quién en su sano juicio estaría dispuesto a pagar, en lugar de cobrar, por la venta de un producto o servicio, después de haber incurrido en costos para poderlo ofrecer? Ciertamente nadie en condiciones normales en el mercado lo haría. No obstante, la historia cambia cuando hablamos de cotizaciones en los mercados de futuros y en condiciones de suma volatilidad.

El registro de precios negativos en el mercado petrolero registrado el año pasado, evidencia cómo en situaciones extraordinarias es más racional ofertar tu activo a precios negativos, que asumir la pérdida de quedarte con él.

Reflexionar utilizando como premisa el sentido común y despojándonos de todo tipo de prejuicios y dogmas, nos ayuda a entender mejor los vericuetos de la ciencia económica.