Si no se detiene, la impunidad se reproduce en forma geométrica. Lo mismo sucede con la corrupción: crece si no se frena. Ambas se retroalimentan. Son familiares. Donde empieza una sigue la otra. Y viceversa. La suma de las dos conforman un círculo perfecto. Un círculo impenetrable. El corrupto incrementa sus alcances per se y porque sus acciones se favorecen por la impunidad. Escribí “son familiares”: al violar las leyes, al negar el orden social, al actuar contra principios éticos, el corrupto requiere para continuar del impune y el impune del corrupto. Se cubren, se protegen. Escribí, “un círculo impenetrable”: nunca uno delatará a otro, son los mismos. 

Los niveles de poder se incrementan conforme aumenta el nivel de impunidad y corrupción. El triángulo —poder, corrupción, impunidad—, al igual que el círculo es perfecto. Destrabarlo es necesario. ¿Cómo hacerlo?, ¿cómo hacerlo en México? Romper ese cáncer es imprescindible. Entre más tiempo persista el triángulo mayor el oprobio, mayor el descontento. Nuestra corrupción y nuestra impunidad rebasan lo ayer inimaginable. Hoy y mañana serán peor. 

Salvo por las víctimas de las bombas nucleares no existen epidemias de cáncer. La nuestra es la primera epidemia de cáncer del siglo XXI. Muchas epidemias tardan en controlarse o nunca se controlan “del todo”. La del sida es ejemplo viejo y vivo. La del dengue y del zika son noticia diaria. Nuestra epidemia, la llamaré “Epidemia México”, ¿está o estará fuera de control? Me respondo: está fuera de control. Es contagiosa, deletérea y peligrosa. Peligrosa por lo que siembra y por la sordera y la desvergüenza de sus responsables. Siembra descontento y muerte. 

Basta seguir algunos reclamos sociales en la red como el de “Los Porkys” veracruzanos organizada por Change.org: Miles y miles de firmas e incontables comentarios fáciles de resumir: Basta. Justicia. Castigo a los violadores y a sus protectores (el gobierno veracruzano). Escribí, “peligrosa por lo que siembra y por la sordera de sus responsables”. La sordera siembra inquina y descontento ad nauseam. La sordera de nuestros políticos es infinita. El descontento tiene límites. No se trata de amarillismo. Se trata de la realidad. Realidad invisible cuando impunidad y corrupción son fe y credo. Mucho perdemos los mexicanos cuando se pone en evidencia nuestro deshonor ante los ojos del mundo. En 2016, de acuerdo al Índice de percepción de corrupción gubernamental, México ocupa el lugar 95 de los 167 países evaluados. En 2015, la Universidad de las Américas en Puebla publicó el Índice Global de Impunidad; de un total de 59 países estudiados, miembros de la ONU, México fue el segundo peor calificado. 

De nada sirven los datos si quien debe leerlos no sólo no lo hace, sino fomenta esas acciones. La semilla y la reproducción de ambos demonios es consustancial al oficio de la mayoría de quienes ahora desgobiernan. Idea común entre la mayoría de la población es que nunca antes el desparpajo y la sordera gubernamentales habían llegado a los extremos actuales. 

Hace años, con sorna e ironía postulé la idea del gen azteca como parte del árbol genealógico de nuestros políticos. El gen, formulé en forma de “hipótesis irónica”, es inherente a la clase política y es el responsable de la impunidad y la corrupción. El gen no existe; lo que hay es una conducta política generalizada en el gobierno encargada de negar las exigencias de la población. Inconcebible el nivel de latrocinio. Inconcebible la sordera y ceguera de la clase política mexicana. 

La desobediencia civil tiene muchas caras. Una procede de la conferencia escrita por Henry David Thoreau en 1848 que se publicó precisamente bajo el título “La desobediencia civil”. 
Thoreau se negó a pagar impuestos y fue encarcelado. Aunque sus razones ahora no son válidas, las sinrazones de nuestros gobernantes son alimento para la desobediencia civil. Thoreau se negaba a colaborar, entre otras situaciones, con un Estado que favorecía el régimen de esclavitud y mantenía guerras injustificadas. 

El Estado mexicano dice no fomentar la esclavitud —dudemos— ni mantener guerras, pero, debido a la impunidad y a la corrupción, más de la mitad de la población es pobre o miserable y, aunque no hay encuestas formales, ha logrado que la casi totalidad de la población repruebe las políticas de los políticos. 

Notas insomnes. Antes de escribir las últimas líneas abrí de nuevo la página de Change.org, cuya petición “Los Porkys” deben ser detenidos y encarcelados, traduce el hartazgo de la población. Firmas y más firmas contra la corrupción, la injusticia y la impunidad.
(Médico)