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Aguda volatilidad financiera debido al triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos. Sólo el día del caduco proceso electoral el peso se depreció 14 por ciento. De ahí se ha movido en un rango de 19.20 hasta 20.40 pesos por dólar. Ya que la frontera México-EU, de 3,185 kilómetros, es la más transitada del mundo y en la que diariamente se intercambian alrededor de 1.4 mil millones de dólares diarios, es obvio que la afectación es directa y el peso ha sido la moneda más afectada del mundo. 

La inestabilidad en el mercado de divisas de México y el mundo es provocada por las promesas nacionalistas y fascistas del candidato ganador: revisión de la relación con la Unión Europea y la OTAN, renegociación del TLC para favorecer la inversión y el empleo en su propio país, reducción del gasto social como el sistema de salud, deportación masiva de migrantes indocumentados y la continuidad en la construcción del muro, entre otras ocurrencias.

Por la depreciación este año la inflación podría superar el 4.5 por ciento, de ahí el reciente anuncio del Banco de México respecto al incremento de la tasa de interés de referencia de 4.75 a 5.25 por ciento, esto también para tratar de reducir la salida de divisas y contener el deslizamiento del peso.  Ante el nerviosismo, las posibles inversiones directas en general estarían en suspenso hasta en tanto se “tranquilicen las aguas”… lo que no sucederá en el corto plazo. Para el próximo año se espera pues una desaceleración económica aguda… y otra vez se postergará el crecimiento del PIB.

Históricamente, la globalización económica es la expansión progresiva del capital a escala mundial y su colocación en espacios de menores costos de producción y distribución, sobre todo salariales, sin restricciones ni barreras, con la reducción de aranceles, desregulación y menos trámites, asimismo la libre movilidad de capitales, entre otros aspectos. En México esta dinámica natural capitalista se aceleró a partir de la década de los 80 del siglo pasado con el modelo neoliberal. Hoy la globalización es incontenible.

Ahora el modelo económico no sólo es cuestionado por la izquierda ideológica, sino también por las extremas derechas de los países del “primer mundo”, porque la afectación negativa está en su propio terreno, porque la crisis de 2008 no se supera y se agudiza la inequitativa distribución de la riqueza, aparte el desempleo va en ascenso y crece la inmigración por desplazamiento de mano de obra y reducidos salarios en otras países, además los conflictos bélicos que esos mismos países provocan en regiones del mundo, como Medio Oriente y el norte de África.

Académicos y políticos han cuestionado la dinámica económica globalizadora, pero los gobiernos de derecha y sus intelectuales pagados desechan toda crítica calificándola de “trasnochada”, pero el destino nos alcanzó y ahora, ante el estancamiento, se deben encontrar nuevas formas de gestión económica.

En un ámbito de Estado de Derecho, con amplio apoyo social, el Estado mexicano debe diseñar una política económica integral que desde hace tres décadas no existe, para reorientar la economía con inserción en el mundo, con objetivos claros y negociaciones internacionales de “ganar-ganar”, sobre todo con Estados Unidos y Canadá, pero también con América Latina y países emergentes protagonistas como China e India, con identidad nacional que resguarde los intereses de la sociedad mexicana, nunca con un nacionalismo racista, estridente y enajenado como el de Trump y sus secuaces, que son expresión de un modelo ya estancado con negativas secuelas sociales, políticas y culturales.

Por eso en nuestro País el poder económico ya diseña estrategias de desprestigio contra posiciones alternativas que en más de 30 años han presionado a los gobiernos en turno. Las supuestas candidaturas independientes y la pulverización de la izquierda son maniobras de la oligarquía para mantener el poder político y seguir obteniendo beneficios multimillonarios… siempre sumisos ante el imperio que ahora podría desconocerlos.