Los mexicanos estamos indefensos en más de un sentido. Indefensos frente a los gobernantes y sus errores, arbitrariedades y agendas secretas. Indefensos frente a organizaciones mundiales que nos quieren como clientes o conejillos de indias. Indefensos frente a un virus cuyo origen resulta misterioso, pero cuyos estragos son inocultables.

Quizá el encierro forzado propicie las neurosis y nos haga más receptivos a las teorías de conspiraciones. Pero al menos, el encierro nos regala tiempo para pensar mejor en problemáticas antes inadvertidas.

Para un abogado la indefensión existe cuando alguien es juzgado sin oportunidad de presentar contra-argumentos o pruebas. Un médico no usa esa palabra pero se preocupa por un sistema inmunológico débil que da entrada fácil a incontables patologías.

Para la población en general, indefensión es no saber a quién creerle para salvarnos de pandemia del COVID-19. Desde remedios caseros y medicinas baratas, hasta la promesa de vacunas. Indefensos porque tememos que cada noticia puede ser un intento de manipulación.

En México estamos indefensos ante un sistema de Gobierno tan autoritario como incompetente. El estilo presidencialista está siendo llevado a un extremo que creímos extinto. Cuando prohíbe a los colaboradores contradecir al Presidente se vuelve un sistema corrupto.

Igualmente nocivo resulta si el gobernante combina al mismo tiempo ser incapaz, cerrado y obsesivo: los errores y omisiones se multiplican y los ciudadanos no tenemos defensa alguna. Podemos twittear millones de veces: “La estupidez hace más daño que el COVID-19”, pero nada cambiará.

Hay empresarios y empresotas que rápidamente se acoplaron al repartidor de bienes y multiplicador de males llamado López Obrador. Claro que Trump no batalló para amansarlo, pero todos los demás estamos literalmente indefensos ante un poder extremo mal ejercido. El Congreso federal por desgracia es un patiño del Presidente.

¿Vieron la reacción del Gobierno ante el video mostrando las fuerzas blindadas de un cartel? Con palabras estudiadas, el secretario de Defensa filtró la noción de que no les aplicarán la ley. Así, la impunidad de unos es la indefensión de todos los demás. Así lo quiere el señor Presidente. Punto.

Por otra parte, pareciera haber un plan para comprometer al Ejército dándole prerrogativas, comisiones y tareas que no le corresponden. ¿Acaso eso nos ayuda a sentirnos protegidos? Para nada. Las violaciones sistemáticas de la ley, por parte del Presidente, aumentan nuestro temor e inseguridad.

Sufrimos un presidencialismo deformado. Se creó pensando en acelerar la efectividad del gobierno. Hoy sirve para asegurar que permanecemos una población indefensa… y dócil.

Los funcionarios serviles o mudos vuelven más peligroso el presidencialismo en las manos equivocadas. Nuestra indefensión se vuelve exponencial. No hay detección de errores. No hay aprendizaje. El Presidente está en cuarentena contra la verdad.

López Obrador divulgó el contenido de una crítica de 30 intelectuales para luego descalificarlos como enemigos neoliberales. Poco le importó que era un grupo muy plural: había firmas de personas más socialistas que él criticando su autoritarismo anti-democrático.

Flota en el ambiente otro problema que muchos empiezan a compartir. Ante una Presidencia notoriamente indolente, México se muestra indefenso ante organismos mundiales que pudieran estar manipulando el manejo del virus para tres cosas: armar un fabuloso negocio con las vacunas, instrumentar políticas de control de población a nivel mundial, o imponer un nuevo orden económico mundial.

Estamos indefensos porque el Gobierno nos está fallando en todos los órdenes. Estamos indefensos porque nuestra cultura presidencialista ha generado ciudadanos igual de indolentes que su Gobierno. La indefensión aumenta la docilidad de muchas personas y las vuelve más indiferentes a lo que nos sucede. Y así se perpetúa la indefensión.

javierlivas@gmail.com