Siete años después de que la desesperada y dramática protesta de Bouazizi ayudara a desatar las revoluciones en toda la región, la frustración ante la promesa no cumplida de la Primavera Árabe está muy extendida

Mohamed Bouazizi, el vendedor callejero cuya inmolación, en 2010, desató los levantamientos de la Primavera Árabe; llegó a su límite después de que la policía tiró sus duraznos, plátanos y fresas al piso enfrente del ayuntamiento en su ciudad natal.

Siete años después de que la desesperada y dramática protesta de Bouazizi ayudara a desatar las revoluciones en toda la región, la frustración ante la promesa no cumplida de la Primavera Árabe está muy extendida. En Egipto ha regresado un gobierno autoritario. Libia es un hervidero de caos. Siria e Irak están desgarrados tras sus guerras civiles. Las monarquías del golfo Pérsico básicamente no cambiaron. La vecina Argelia está paralizada.

Túnez, “cuna de la Primavera Árabe y el país con la mejor esperanza de convertir en realidad las aspiraciones democráticas y de prosperidad de ese movimiento” el acto de Bouazizi que alguna vez fue algo fuera de lo común se haya convertido en algo usual, ya sea provocado por la ira, la depresión o la amarga desilusión, o bien para retar públicamente a las autoridades.

Túnez ha avanzado más que cualquier otro país de la región hacia la libertad y el gobierno democrático, pero ha sido en gran medida incapaz de brindar esperanza y oportunidades de una vida mejor. Miles de jóvenes han abandonado el país para trabajar en el extranjero o unirse al Estado Islámico.

Los casos de inmolación se triplicaron en los cinco años transcurridos desde la revolución, de acuerdo con un estudio.

El principal hospital para quemados del país, ubicado en Ben Arous, un suburbio de la ciudad de Túnez, admitió en 2016 a un récord de 104 pacientes que se habían prendido fuego.

El hospital ha sido testigo de un promedio de más de 80 casos anuales desde 2011, dijo el cirujano responsable de la sala de quemados, Amen Allah Messadine. La protesta pública ahora es la segunda forma de suicidio más común en este país de 11 millones de personas.

Otro estudio dirigido por Mehdi, l patólogo forense, concluyó que en Túnez hay un efecto de emulación como resultado del acto revolucionario de Bouazizi. El estudio hizo un llamado a que se tomen medidas preventivas urgentes en la cobertura mediática de los suicidios, así como para empoderar a los adultos jóvenes.

Ha habido un aumento general en las tasas de depresión y suicidio entre los adolescentes desde la revolución, dijo Fatma Charfi, quien dirige un comité del Ministerio de Salud para combatir el suicidio.

Con información de The New York Times