Con la entrega anterior finalizó una serie de artículos dedicados a los retos que enfrenta el turismo en materia de competitividad. Los dos siguientes estarán dedicados a la importancia que tiene la innovación en la sociedad actual para lograr esa competitividad, no sólo en turismo, sino como país.

     En este tema tenemos mucho por hacer. De acuerdo con el Índice Global de Competitividad 2017, publicado por la Universidad de Cornell y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, México no figura entre los primeros 50 lugares en la materia.

En cambio, un ejemplo paradigmático es el del lugar 11 en la lista, Corea del Sur. Esta nación, que hace no mucho mostraba niveles de desarrollo incluso inferiores a México, apostó por la innovación como eje de sus sistemas educativo y de producción, por lo que hoy se encuentra entre las economías más pujantes y modernas.

      No tenemos que voltear hacia afuera para darnos cuenta que México puede tener éxito innovando. Hoy somos una potencia exportadora porque en su momento fuimos pioneros en implementar tratados comerciales; existe una pujante industria automotriz y una naciente industria aeronáutica porque supimos vincular industrias con la formación técnica de la fuerza laboral.

Hoy somos exitosos en turismo porque en distintas épocas supimos innovar con los Centros Integralmente Planeados, con conceptos como Pueblos Mágicos, con el desarrollo de productos de naturaleza y aventura en la península de Yucatán, y de pesca deportiva y golf en la de Baja California, entre muchos más.

     Y seguimos innovando con una estrategia para formar parte de los circuitos de los principales eventos deportivos del mundo, también con programas de gran impacto que no representan una carga para el presupuesto, ahí están los programas Viajemos Todos por México, Mejora tu Hotel o Conéctate al Turismo.

     Sin embargo, la apuesta por la innovación debe ir mucho más allá, y permear como una forma de vida en todos los sectores. La prosperidad de los países depende cada vez menos de los recursos naturales y cada vez más de sus sistemas educativos, las ciencias y su capacidad creativa.

Los países más exitosos no serán los que tienen más petróleo, más cobre o más reservas de agua, sino los que generen las mejores condiciones para crear, generar conocimiento y que mejor fomenten la inversión para desarrollar y exportar productos con más valor agregado.

     Resultaría absurdo por ejemplo, seguir apostando el futuro del país en los combustibles fósiles, cada vez menos relevantes en un contexto de autos eléctricos y de generación de electricidad por fuentes renovables a costos cada vez menores.

     La mejor vía para elevar la calidad de vida de los mexicanos, la mayor fuente de empleos y de riqueza serán las industrias creativas y del conocimiento. México se integró tarde a las tres primeras revoluciones industriales y no podemos permitir que nos vuelva a pasar con la revolución actual.