En la primera parte de este artículo, publicada la semana pasada, señalamos por qué la innovación debe estar en el centro de la estrategia para hacer de México una economía desarrollada; en esta segunda parte sugerimos algunas formas de avanzar en ese sentido.

Para insertar a México a la economía del conocimiento debemos convertir a los principales centros de población en ciudades creativas digitales, donde la infraestructura académica, energética y de comunicaciones permita acceder al conocimiento generado alrededor del mundo.

Este tipo de entornos son los que atraen a personas con un alto nivel de conocimientos técnicos, científicos o tecnológicos con la capacidad de hacer realidad las ideas y los proyectos con alto potencial, así como de inspirar a otros para seguir por ese camino.

Las ciudades digitales también son centros educativos de excelencia. Para que una ciudad digital prospere es necesario que las universidades promuevan una filosofía de innovación y una cultura de toma de riesgos con orientación empresarial, para que las ideas logren transformarse en oportunidades de negocio.

Los historiadores tecnológicos coinciden en que sin la sinergia propiciada por la Universidad de Stanford, Silicon Valley no hubiera existido, o por lo menos no allí. El enfoque de esta universidad creó incentivos que premiaban la creatividad, dando lugar a un entorno industrial único en el mundo.

En México ya está en marcha el proyecto de Ciudad Creativa Digital Guadalajara, el cual consiste en el desarrollo de un polo global de producción tecnológica y audiovisual digital dentro de un prototipo de ciudad inteligente.

El proyecto incluye la construcción de un entorno urbano altamente competitivo y una Universidad Digital con un modelo educativo sustentado en conceptos como: flexibilidad curricular, plataforma basada en inteligencia artificial, emprendimiento dirigido, y un aprendizaje basado en retos y proyectos.

Así, el sistema educativo relacionado con la economía del conocimiento debe ser capaz de preparar personas dispuestas a trabajar en equipo con el fin de adquirir, generar y compartir una nueva idea, y a su vez con el empuje y capacidad de llevarlo a la práctica.

Un sistema de este tipo se caracteriza por programas donde los estudiantes controlan su ritmo de estudio, con cursos impartidos de forma muy práctica y que corresponden a las verdaderas necesidades de conocimiento y habilidades del mercado.

Después de no haber actualizado el modelo educativo por décadas y de concebir a la inversión en educación como construir escuelas, la reforma educativa aprobada durante la administración del presidente Peña Nieto es un primer paso en la dirección correcta.

Al mismo tiempo, ante la escasez de candidatos con las habilidades que demandan, las grandes empresas de tecnología del mundo están creando programas académicos en línea adaptados a las habilidades que necesitan, todo con calidad, bajo costo para los estudiantes y con mayor probabilidad de contratación.

Podemos tomar nota y diseñar un sistema educativo moderno donde convivan ambos enfoques, sacando el mejor provecho de cada uno: la formación integral del individuo que promueve la reforma, y la flexibilidad y vinculación con el mundo productivo que ofrecen nuevas modalidades como las mencionadas en el párrafo anterior.

Además de impulsar el desarrollo de ciudades creativas, el gobierno debe encargarse de dotar de un marco jurídico que dé certeza y protección a los derechos patrimoniales, industriales e intelectuales, así como de hacer un importante esfuerzo para desregular los sectores con marco legal rígido u obsoleto.

Los países que no logren desarrollar estas industrias tendrán problemas de desempleo y posiblemente enfrenten estancamiento económico, por lo que tenemos que aprovechar la creatividad y el talento mexicanos para convertirnos en una economía plenamente desarrollada.