De llamar verdaderamente la atención es el olvido en que se tiene a un mexicano insigne, hombre de letras, excelente poeta, magnífico expositor académico, políglota (hablaba con fluidez seis idiomas), traductor al castellano de los bucólicos griegos y de las obras de Píndaro, miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua y de número de la de Historia,además de reconocido cervantista: Ignacio Montes de Oca y Obregón, nacido en la ciudad de Guanajuato en 1840 y fallecido en Nueva York en 1921, quien fue obispo de San Luis Potosí.

En 1905 se celebraron en España, y en general en casi todo el mundo, numerosos actos tanto académicos como de otra índole en homenaje a Miguel de Cervantes, con motivo de que en dicho año se cumplió el tercer centenario de la publicación de la I Parte de El Quijote. Uno de esos actos, solemnísimo, fueron las exequiaspresididas por el rey de España, Alfonso XIII, que celebró la Real Academia Española, RAE.

Las mencionadas honras fúnebres tuvieron lugar en la iglesia de San Jerónimo, en Madrid, el 9 de mayo de 1905 y la RAE invitó a monseñor Montes de Oca a que oficiarala misa y pronunciara el Elogio Fúnebre de Miguel de Cervantes. Qué tan grande no sería el reconocimiento y prestigio de que gozaba el obispo mexicano, como para recibir tan altísima distinción tanto por parte de la Real Academia como de la propia monarquía española, ya que en efecto estuvo presente Alfonso XIII.

Desde mi punto de vista, en tan memorable ocasión la pieza oratoria pronunciada por Montes de Oca, si bien con el estilo de la época, fue soberbia. Seguramente la leyó y el hacerlo debió haberle llevado poco menos de una hora, tal vez entre cuarenta y cinco y cincuenta minutos.

Salvo en una ocasión, en la extensa bibliografía mexicana sobre Cervantes y El Quijote no tengo presente haber visto o leído algo más acerca de esta muy honrosa intervención de tan ilustre mexicano enlos magnos festejos del tricentenario, en 1905, de la genial novela. A pesar de la categoría delacto en que participó este compatriota, el hecho es prácticamente ignorado. O peor aún: callado, en apariencia deliberadamente escondido, ocultado. Lamentablemente, todo parece indicar que así es. Ojalá me equivoque.

La única referencia que he encontrado sobre el punto es en términos más bien negativos y fue hecha por el escritor Carlos Montemayor, fallecido en 2010. Aparece en la memoria (págs. 50-51) del V Coloquio Cervantino Internacional celebrado en la ciudad de Guanajuato en 1991. 

Bien vale la pena, por supuesto, comentar el contenido de la pieza oratoria de Montes de Oca aquel 9 de mayo de 1905, lo cual se hará en el siguiente artículo.(82)

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