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Luego de que la CBI impuso una moratoria a la caza comercial de ballenas en la década de 1980, Japón adoptó lo que denominó caza con fines de investigación y ahora apuntó que la población se ha recuperado lo suficiente para reanudar la caza comercial.

TOKIO.— Japón anunció el miércoles que dejará la Comisión Ballenera Internacional para reanudar la caza comercial de ballenas por primera vez en 30 años, pero afirmó que ya no lo hará en la Antártida.

Luego de que la CBI impuso una moratoria a la caza comercial de ballenas en la década de 1980, Japón adoptó lo que denominó caza con fines de investigación y ahora apuntó que la población se ha recuperado lo suficiente para reanudar la caza comercial.

El jefe de gabinete Yoshihide Suga dijo que Japón reanudará la caza comercial en julio “en conformidad con la política fundamental de promover el uso sustentable de los recursos vivos acuáticos con base en la evidencia científica”.

Suga dijo que la CBI ha sido dominada por conservacionistas y que Japón estaba decepcionado de las labores de la comisión para manejar las poblaciones de ballenas, aun cuando tiene el mandato tanto de conservar las ballenas como de desarrollar la industria ballenera.

“Lamentablemente, hemos tomado la decisión de que es imposible que en la CBI coexistan países con diferentes puntos de vista”, añadió.

Señaló que la caza comercial se limitará a sus aguas territoriales y zonas económicas exclusivas, que se extienden a 320 kilómetros (200 millas) alrededor de las costas del país. 

Agregó que Japón ya no realizará sus muy criticadas expediciones anuales a los océanos Antártico y Pacífico noroeste y comentó que los estados no signatarios no están autorizados a hacerlo.

La comisión impuso la moratoria a la caza comercial hace tres décadas debido a una merma en la población ballenera. Japón adoptó lo que denominó caza con fines de investigación, pero el programa fue criticado por considerársele una fachada para la caza comercial debido a que la carne de ballena se vende al interior de Japón.

La organización ambientalista Greenpeace condenó la decisión y cuestionó el punto de vista de Japón sobre que la población de ballenas se ha recuperado, apuntando que la vida marina está amenazada por la contaminación, así como por la sobrepesca.

“El anuncio de hoy está en desacuerdo con la comunidad internacional y con la protección necesaria para salvaguardar el futuro de nuestros océanos y de estas creaturas majestuosas. 

El gobierno de Japón debe actuar de manera urgente para conservar los ecosistemas marinos, en lugar de reanudar la caza comercial de ballenas”, aseveró Sam Annesley, director ejecutivo de Greenpeace Japón, en un comunicado.

En tanto, el gobierno de Australia, un asiduo crítico de las políticas de ballenas de Japón, dijo en un comunicado que estaba “extremadamente decepcionado” con la decisión de Japón de retirarse de la comisión.

Sin embargo, Australia y el ministro de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, celebraron la retirada de Japón del océano Austral.

Japón usaría el método de la CBI para determinar cuidadosamente una cuota de pesca, señaló Hideki Moronuki, funcionario de la agencia de pesca de Japón y negociador del CBI, pero declinó dar un estimado.

Japón ha cazado ballenas durante siglos, pero ha reducido la cantidad de ejemplares que captura a causa de las protestas de la comunidad internacional y por la menor demanda al interior del país. Su retiro de la CBI podría ser una medida que le permita guardar las apariencias, pero detener la caza de ballenas en el Antártico y acotar la actividad a sus aguas.

Japón redujo su cuota anual en el Antártico por alrededor de un tercio luego de un fallo en 2014 de la Corte Internacional de Justicia sobre que el programa de investigación de ballenas del país no era tan científico como los japoneses habían alegado. Actualmente, Japón caza unas 600 ballenas al año en el océano Austral y en el norte del Pacífico.


Funcionarios de pesca han dicho que Japón consume cada año miles de toneladas de carne de ballena obtenida en las cacerías con fines científicos, principalmente por parte de japoneses de mayor edad que la consumen por nostalgia. Pero los detractores dicen que dudan que la industria ballenera pueda ser sostenible si los jóvenes japoneses no ven a las ballenas como comida.

Suga dijo que Japón notificará a la CBI de su decisión para el 31 de diciembre, y que sigue comprometido con la cooperación internacional para la administración apropiada de los recursos marinos aun después de su salida.