La homogeneidad de los sistemas políticos nos vuelve imposible considerar a Jorge Torres como el prietito en el arroz del régimen político coahuilense.

Quiero decir con esto que no podemos suponer que el exgobernador interino de Coahuila sea la oveja negra, un caso excepcional, mientras que los otros dos eslabones que vincula con su presencia en Palacio Rosa, los exgobernadores Moreira I y II, sean inocentes y blancos corderos de Dios que quitan el pecado del mundo –¡perdónanos, Señor!–.

La simple lógica nos grita que es muy dudoso que en una secuencia aparezca de la nada un elemento ajeno, totalmente corrompido mientras que los otros dos adyacentes –previo y posterior– están perfectamente inmaculados. Factible es, quizás, pero sin duda muy poco realista.

Sobre todo si tomamos en cuenta que Humberto Primero “El Bailador”, tuvo que dejar en el despacho del Ejecutivo a alguien de su total confianza cuando salió a probarse como presidente del PRI nacional, honroso cargo que le quedaba que ni mandado a hacer.

Y el sucesor y “caemebien”, Rubén Ignacio “El Carismático”, estaba obligado a revisar escrupulosamente la administración que recibió de manos de Torres López. Pero curiosamente no encontró nada turbio, nada chueco, ni una pequeña irregularidad, ello pese a que al poco tiempo Torres López figuraba en la selecta lista de los más buscados por ni más ni menos que ¡la DEA!

Moreira Segundo ni siquiera tuvo los “destos” para hacer un tímido pronunciamiento al respecto. Prefirió apegarse a la consabida estrategia de comunicación institucional que le caracterizó, misma que se funda en tres directrices básicas: 1.- Hacerse pendejo. 2.- Encabronarse ante cualquier cuestionamiento incómodo. 3.- Comprar más publicidad y prensa a modo.

Pero lo más impúdico y sintomático de la complicidad del régimen con el desaseo que se le imputa a Jorge Torres es la inacción por parte de la autoridad local ya que, mientras de un lado del río se requiere a Torres para que responda ante la justicia, del otro lado –o sea, del nuestro– ni siquiera se le investiga por faltas administrativas. Torres sigue siendo un ciudadano destacado de la comunidad. Incluso creo que aún hay en exhibición alguna porquería o prenda suya en el Museo de la Infamia, a.k.a. el Museo de los Gobernadores.

Pero a pesar de ello, de que ninguna autoridad en Coahuila le molestaba o le exigía cuentas, don “Yorch Towers” prefirió hacer mutis y conducirse con cautela. Eso de que a uno lo busque la DEA tampoco es como para andarlo presumiendo, muy quitado de la pena, con los cuates del bar en el club deportivo –y pensándolo bien qué bueno que no lo hizo porque capaz que los  amigos sí lo andan llevando a McAllen para entregarlo. Nadie le dice que no a una recompensa en dólares y menos previo al Black Friday–.

Tuvo que agotarse el sexenio de Enrique Peña Nieto, producto inequívoco del financiamiento ilícito que recibió durante su campaña presidencial a costa del desfalco de numerosas entidades de la República, para que por fin la autoridad mexicana se decidiera por fin a cooperar con sus homólogos en los Estados Unidos y entonces sí, pasar a proceder con la captura del “susodicho indiciado sospechoso, dícese del sujeto varón del sexo masculino, quien afirma responder al nombre y/o apelativo de Jorge Juan de apellidos Torres por parte de padre y López por parte de jefita”.

Pero como ya señalamos, nadie en el Gobierno se ha tomado hasta ahora la molestia de emitir declaración alguna al respecto y por supuesto tampoco ninguno de los dos exgobernadores entre los que medió la breve gestión del hoy entambado exgobernador.

El silencio de nuestra clase política sería sólo aparente. Se dice que, si escuchamos con atención, se escucha en el viento el plañir de muchos calzones que son inclementemente mordisqueados a causa del estrés que esta detención ha provocado en quienes precisamente se rehúsan a emitir comentario alguno.

Jorge Torres es hoy orgulloso talento de exportación. La detención, se nos informa, es con fines de extradición. Jorge Torres será puesto a disposición de la justicia de los EU para que responda por un montón de fregaderas que en nuestro País y sobre todo, en nuestro estado, son por lo visto cosa corriente y no ameritan persecución.

A don Jo Jo Jorge Torres le sugerimos que no se nos apergate –¿más?– y que haga lo que tenga que hacer para mejorar su estancia y reducir la pena que le toque. ¡Coopere con la ley, don Yorch! Coopere para obtener cuántos beneficios le ofrezcan a cambio.

Delate por favor a todos los que tenga que poner el dedo, así nos hace un favor y quizás le toca una celda con televisión y con cable. ¡Chance y hasta Netflix logra! Y sobre todo, negocie que sea una suite personal porque luego dicen que los afroamericanos son muy malos compañeros de celda, yo no sé. Dicen.

Pero sí, procúrese la estancia lo más confortable y breve posible, quizás hasta su libertad, señalando a los verdaderos responsables de la catástrofe en Coahuila. A fin de cuentas sabemos que de este desmadrito usted sólo es un daño colateral. Seguimos esperando la detención y enjuiciamiento de los verdaderos peces gordos y, para mayores señas, carnales.

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