El expresidente de Uruguay José 'Pepe' Mujica con más de 60 años de vida dedicada a la política tras renunciar a su escaño en el Senado pasa de legislar en medio de una pandemia de COVID-19 a cosechar verduras.

De las lágrimas en el Senado a la calma de su finca, de legislar en medio de una pandemia a cosechar verduras, de más de 60 años de vida dedicada a la política entre armas, despachos y Presidencia a ser el viejo sabio de la tribu. Así es el día después de José 'Pepe' Mujica tras renunciar a su escaño.

Con la calma de alguien que parece haberse quitado un peso de encima y quiere vivir tranquilo sus últimos años, inmerso en la humilde finca en la que vive desde hace ya tiempo y siempre con su típica forma de expresarse, Mujica abrió las puertas a Efe para conversar al día siguiente de renunciar a su banca.

¡La emoción, la nostalgia y el símbolo de haber dejado el escaño junto al también expresidente Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000) siguen latentes en una charla donde reflexiona acerca de la vida, pide a los jóvenes que tomen su bandera de lucha y afirma que, todavía, le queda mucho por aportar a la política uruguaya.

EFE: ¿Como viene el día después?

José Mujica: Bien. Tal vez para nosotros es algo relativamente cotidiano, somos un país pequeño, todavía con ciertos códigos aldeanos y no nos damos cuenta que sorprende en el mundo porque podemos tener enormes diferencias, pero tratamos de mantener una atmósfera colectiva que constituye un capital diferencial para nuestra sociedad. Porque convivir con el que uno está de acuerdo no tiene ningún mérito ni es milagroso; el asunto es convivir cuando uno tiene diferencias.

EFE: ¿Uruguay dio una lección de democracia?

José Mujica: Sí, da una lección de convivencia, de que se puede discrepar y se puede tener el margen de libertad posible y, sin embargo, respetarse. Cada cual va a seguir pensando como piensa, va a tener su visión, pero hay un todo que lo tenemos que preservar.

EFE: ¿Costó la decisión?

José Mujica: No. Esta legislatura empezó prácticamente con la pandemia y cuando la empecé a ver ya no me gustó. Pero en la medida que transcurrió el tiempo y veo que el problema no se soluciona a la vuelta de la esquina, llegué a la conclusión de que no podía cumplir como se debe con la tarea que me había asignado la gente. Porque ser senador no es sentarse en un despacho, significa caminar, ir adonde están los problemas de la gente. Si a uno le falta la comunicación con la opinión del hombre común y corriente, uno empieza a ser una flor de invernadero, queda encerrado en la abstracción.

La tarea merece un esfuerzo que yo no podía hacer porque pongo en riesgo mi vida, 85 años y una enfermedad inmunológica, estoy regalado. La poca energía que me queda la voy a reservar para otras cosas que tienen que ver con la política, que es tratar de ayudar a otra generación que viene, que está ahí, aconsejarla, ayudarla a formar, poner ideas pero que la acción concreta de la política la lleven adelante otros. Pertenezco al consejo de ancianos, la más vieja institución antropológicamente de la organización humana.

EFE: ¿Cómo lo tomó el Frente Amplio (coalición de izquierda a la que pertenece)?

José Mujica: Creo que bien, seguramente para algunos con alegría porque la renovación significa también dar oportunidad y nuestro Frente (Amplio) necesita renovación de la piel pero, sobre todo, renovación en el campo de las ideas y ese es un terreno en el que hay que sembrar ideas sin ocupar posiciones.

EFE: En estos años ha pasado por muchas cosas, desde guerrillero hasta diputado, senador, ministro y presidente. ¿Hay algo que le haya quedado por hacer?

José Mujica: Cantidad de cosas. Los humanos tenemos mucho más capacidad de imaginar y soñar que de poder concretar. Soy consciente de una deuda social, Uruguay sería un paisito para no tener pobres. Ese problema se puede resolver y si no lo resolvemos es por nuestros egoísmos, nuestras incapacidades, nuestras torpezas.

En política no hay sucesión, hay causas. Todos pasamos, algunas causas sobreviven y se tienen que transformar y lo único permanente es el cambio. La biología impone cambios, pero también tiene que haber una actitud de dar oportunidad a nuevas generaciones"...
José Mujica, expresidente y senador de Uruguay

EFE: ¿Por qué usted no pudo en su Gobierno?

José Mujica: No pude generar los recursos y la voluntad de distribuirlos. Es fácil señalar el problema pero después hay que vencer la cantidad de intereses que están en juego, contradicciones... Con el capital tenés que transar (transigir) porque, si no, agarra las valijas y se va.

EFE: Además de ser el viejo sabio de la tribu, ¿qué va a hacer Mujica a diario?

José Mujica: Soy un campesino frustrado. Me gusta la tierra, suelo trabajar con el tractor, ahora tengo que ir a juntar arvejas esta tarde, sacar una cebolla pa' la vieja (su esposa, la senadora y exvicepresidenta Lucía Topolansky) para tener en la cena, cortar una lechuga... esas pavadas que son chicas para el mundo para mí son grandes porque me ayudan a vivir. No quiero tener la vida de un viejo al pedo sentado en una silla tumbado como mueble viejo. Tampoco me voy a poner a hacer gimnasia. No me dan las pelotas para eso, pero tengo que hacer algo con el cuerpo y con las manos también.

EFE: ¿Cómo tomó ella su renuncia?

José Mujica: Ya lo teníamos decidido entre los dos. Ella va a seguir un poco más, es 10 años más joven. Pero ella cocina, yo le lavo los platos y ahí la vamos llevando. Somos muy sencillos, muy sobrios en nuestra forma de vivir y no nos vamos a complicar con nada, porque la gente empieza con casas grandes que no puedo limpiar, tengo que conseguir una sirvienta y después te levantas a mear y tener que cuidar que anda la sirvienta y no podes andar en calzoncillos. Eso no es comodidad, es complicarse la vida.

EFE: Uno entra a su finca y ve muchos perros correteando, pero ninguno como Manuela (su perra de tres patas), ¿verdad?

José Mujica: No. Es una sensación intransferible, es una amistad profunda. Ya lo tengo dispuesto, he dicho que cuando me muera, me incineren y me entierren ahí debajo de un árbol, donde está Manuela.

EFE: ¿Qué sintió cuando se fue a dormir ayer?

José Mujica: Alegría de vivir. Tengo que agradecerle a la vida, porque dentro de las calamidades y la peripecia, llegar a 85 años con la vida que he tenido, si me quejo soy un alma podrida. Me siento feliz porque contribuí a construir una agrupación que hace 20 años que es la más votada en el país. El legado es la barra que queda militando levantando las banderas que yo levanté. Hay que ponerle a las causas brazos jóvenes que levanten las viejas banderas.

Para Mujica "Triunfar en la vida no es ganar, es levantarse y volver a empezar"

 

El expresidente de Uruguay José Mujica (2010-2015) presentó este martes su renuncia al Senado del país suramericano dejando como mensaje que "triunfar en la vida no es ganar, es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae".

En su alocución durante una sesión extraordinaria de la Cámara Alta, en la que también renunció el exmandatario Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000), Mujica dijo que "el odio es fuego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye".

"Yo tengo mi buena cantidad de defectos, soy pasional, pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio, porque aprendí una dura lección que me impuso la vida, que el odio termina estupidizando, nos hace perder objetividad", agregó.

Después de la intervención de los senadores Oscar Andrade y Mario Bergara (Frente Amplio, izquierda), Guillermo Domenech (Cabildo Abierto, derecha), Pablo Lanz (Partido Colorado, centroderecha) y Carlos Camy (Partido Nacional, centroderecha), Mujica tomó la palabra para agradecer lo "elogiosos" que habían sido con él.

"Hay un tiempo para llegar y un tiempo para irse en la vida", sentenció el exmandatario sobre su renuncia al escaño de senador, algo que ya había anunciado meses atrás y que ratificó en la jornada de las elecciones departamentales y municipales, celebradas el 27 de noviembre.

"Me está echando la pandemia. Ser senador significa hablar con gente y andar para todos lados. El partido no se juega en los despachos y estoy amenazado por todos lados, por doble circunstancia: por vejez y por enfermedad inmunológica crónica", argumentó.

Mujica apeló a la figura de Alejandro Atchugarry, político del Partido Colorado que ocupó su banca años atrás y fallecido en 2017, al que calificó de "símbolo de algo perdurable" que hay que conservar.

"La bonhomía a pesar de las rispideces de este país que, a pesar de ser pequeño, debe huir de las grietas", indicó.

El ya exsenador, cuyo lugar en la Cámara Alta ocupará Alejandro Sánchez, también del Frente Amplio, se refirió a la nueva época en la que le ha tocado vivir, dominada por la tecnología y descartó que piense en alguna sucesión -ya que muchos señalan a Sánchez y a Yamandú Orsi, intendente de Canelones, como sus 'hijos políticos'-.

"En política no hay sucesión, hay causas. Todos pasamos, algunas causas sobreviven y se tienen que transformar y lo único permanente es el cambio. La biología impone cambios, pero también tiene que haber una actitud de dar oportunidad a nuevas generaciones", señaló.

 

El exguerrillero José Mujica fue elegido senador en las elecciones celebradas en octubre de 2019, pero ya había ocupado la banca en la Cámara Alta entre 2000 y 2005 y de 2015 a 2018. Además de ocupar la Presidencia de la República entre 2010 y 2015, fue ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca entre 2005 y 2008.

Mujica, el guerrillero que abrazó la democracia para perseguir su quimera

 

Pocos personajes en el mundo pueden tener una vida como la de José 'Pepe' Mujica, una historia digna de película que pasó de empuñar un fusil en pos de un sueño guerrillero a abrazarse a la democracia más estable de Suramérica e irse por las escalinatas del emblemático Palacio Legislativo a los 85 años.

Este martes, tras lo que él describió en más de una oportunidad como "un largo viaje", Mujica decidió renunciar a su escaño en el Senado uruguayo tras una jornada cargada de emoción, lágrimas, aplausos y recuerdos.

José Alberto Mujica Cordano nació el 20 de mayo de 1935 en Montevideo. Proveniente de una familia con ascendencia vasca e italiana, Pepe ya estuvo vinculado a la política desde joven, cuando militó en una agrupación del Partido Nacional (PN-centroderecha) en 1958 mientras estudiaba agronomía.

Sin embargo, esta identificación con el mismo partido político del actual presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, duró poco ya que en 1962 abandona el PN y comienza su camino hacia la izquierda donde comenzó su aventura armada.

En aquel momento, sólo dos formaciones -el PN y el Partido Colorado- ocupaban el espectro político, ya que el Frente Amplio no se fundó hasta 1971.

EL CAMINO A LA UTOPÍA

 

En épocas donde los movimientos revolucionarios estaban dando que hablar en Latinoamérica, con una revolución cubana encabezada por Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara, en Uruguay se crea el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), un grupo armado que llevó adelante una guerrilla durante la década del 60.

En 1964 Mujica se unió para participar de una guerrilla, cuando Uruguay aún estaba en democracia, recibió seis balazos y fue detenido.

Uno de los hechos más icónicos fue cuando lo encarcelaron en 1971 y se fugó junto a otros 100 tupamaros por un túnel de 40 metros.

En 1972 fue derrotado y puesto en prisión nuevamente. Sin embargo, en 1973 comenzó la dictadura cívico-militar (que se extendió hasta 1985) y allí inició una etapa en la que fue trasladado, incomunicado prácticamente en su totalidad y torturado.

Finalmente fue liberado en marzo de 1985 tras la aprobación de la ley de amnistía de los presos políticos.

El expresidente de Uruguay José Mujica durante una entrevista con Efe en su finca, este miércoles, en Montevideo (Uruguay). Foto: EFE

DEL GATILLO A LA PAPELETA

 

 

Cuando Pepe salió de la cárcel Uruguay ya era un país diferente. Aún con heridas abiertas por la dictadura, pero con estabilidad democrática y una institucionalidad que resurgía.

Este panorama hizo que los tupamaros optaran por dejar atrás la pólvora y pasar al camino pacífico de la democracia.

A partir de allí dio inicio la etapa en la que Mujica sacó a relucir su particular carisma y una manera de expresarse que pocos tienen.

Cuando fue electo diputado, se lo veía viajando en una pequeña motocicleta junto a su pareja, la también exguerrillera, exvicepresidenta y actual senadora Lucía Topolansky, y llegar al Palacio Legislativo con un atuendo que antes era impensado ver.

El sector que fundó dentro del Frente Amplio (FA-izquierda), el Movimiento de Participación Popular (MPP), tomó una fuerza exponencial que hacen que hoy sea el sector más votado.

En 2005, tras la asunción de Tabaré Vázquez como mandatario del país, fue nombrado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, cargo que dejó tres años después para centrarse en la candidatura a la Presidencia para las elecciones de 2009, en las que triunfó, tras obtener el 52,39 % de los votos en la segunda vuelta.

LA FAMA INTERNACIONAL

 

La llegada de Mujica al poder no pasó inadvertida. Su perra de tres patas, su humilde escarabajo celeste, la finca en la que vivía, el hecho de donar su sueldo o de presentarse a un evento protocolar con alpargatas hicieron que su figura fuera vista con singular curiosidad en el mundo.

Además, su gobierno se aprobó leyes como la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana, que pusieron a Uruguay en la órbita internacional.

La popularidad de Mujica junto a sus discursos, que eran más filosóficos que políticos, hicieron que se transformara en una de las personalidades más influyentes de Latinoamérica en el siglo XXI.

Incluso el cineasta Emir Kusturica eligió su figura para filmar un documental: "El Pepe, una vida suprema".

Amado y odiado por muchos, con una particular personalidad y vaivenes en su vida que lo llevaron de un extremo al otro, Mujica sin duda marcó la historia política de Uruguay.

Aunque esta renuncia estuvo cargada de emotividad por la nostalgia de no volver a pisar el Parlamento en el que tantas discusiones tuvo para sostener las ideas que antes defendía con armas, lo cierto es que Mujica, hasta el fin de sus días, va a seguir aferrado a su quimera y a la idea de cambiar el mundo mediante la política.