El trabajo de un policía es uno de los más difíciles e incomprendido del mundo. Los sueldos nunca están a la altura de la responsabilidad. La sociedad no sabe agradecerles su servicio. De éstas disparidades surgen innumerables problemas.

Idealmente los policías deben ser multifacéticos. Por un lado mostrar respeto al público para honrar la placa; y cuando se ofrece ser tan duros como la macana que portan. Está dificilísimo que todos cumplan con ese amplísimo rango de habilidades.

Si comparamos los sueldos en Nuevo León con los de los policías de Estados Unidos veremos que aquí hacen muchísimo más en proporción. Aquí en Fuerza Civil ganan aproximadamente ya con prestaciones, si bien les va, como 300 mil pesos al año. Allá (Minnesota) el promedio es de un millón 250 mil más prestaciones.

El abuso de poder de cuatro policías de Minnesota que produjeron la muerte de George Floyd —y más de diez días de protestas ininterrumpidas y desmanes al por mayor— va a requerir reexaminar entrenamientos, disciplina, métodos y personalidades.

En México de nueva cuenta sugiero, debemos adelantarnos al futuro y empezar a rediseñar una nueva relación entre policías y ciudadanía. Los alcaldes y el Gobierno del Estado tienen la obligación de asomarse a ver los casos de éxito, y copiarlos. Si Escobedo, con Clara Luz Flores al frente, lo está haciendo muy bien, pues a pedirle que comparta sus métodos.

Siempre he creído en la policía de proximidad. Si en Monterrey hay más de mil colonias, pues mínimo debería haber una patrulla responsable por colonia. Solo así pueden los policías empezar a conocer la problemática y los problemáticos. No creo que se valga traerlos a la vuelta y vuelta.

Solo así pueden acudir a un llamado de auxilio en unos minutos y no a ir a tomar fe de los hechos consumados. O sea que al policía no se le pueden exigir milagros simplemente porque la autoridad no les facilita los medios idóneos en cuanto a personal y equipo.

A la sociedad le cuesta indirectamente no pagar mejores sueldos a los policías. Quizá se ahorra en sueldos, pero pagamos con delincuencia e impunidad. Nos hacemos tontos solos porque no hay nada más malo que tener un policía explotando su uniforme y su patrulla para hacerse de dinero mal habido. Cuando un policía se corrompe, echa a perder el buen nombre de todos los demás. Si en un cuerpo policiaco se crea una cultura de mordidas y extorsiones, entonces en vez de protección, la sociedad recibe pesadillas.

Los policías honrados cargan con las culpas de los policías deshonestos o abusivos. Quizá el secreto para corregir esto es que los propios policías sean los que voten quienes merecen y desquitan la placa y quienes deberían abandonar el puesto.

Con la crisis del COVID-19 surgen nuevas tareas para los policías uniformados. Si no conocen el barrio al que sirven al dedillo, va a ser difícil que la ciudadanía les entregue la confianza necesaria para las nuevas tareas que vendrán. Por ejemplo, la policía deberá ser un agente auxiliar de las autoridades sanitarias. Les tocaría por ejemplo, cerciorarse de que se cumplen con las cuarentenas. No me imagino a ninguna otra autoridad haciendo lo que los policías tienen a su alcance.

No me cabe en la cabeza eso de que haya turnos de 12x24 en que trabajan 12 horas y descansan todo un día. Entiendo que les conviene porque se ahorran en transporte. Pero más difícil entonces pedirles que cumplan su difícil y delicada tarea. Es imposible está alerta durante doce horas seguidas en un puesto tan notoriamente difícil.

Mejores sueldos acercaría gente más capaz, pero a final de cuenta estimo que un policía tiene todo el derecho a ser capacitado para cumplir bien su tarea. Deben estudiar las leyes, los procedimientos con gran profundidad, para que sean verdaderamente servidores públicos.

Siempre he dicho que prefiero un policía de 20 mil pesos mensuales que cuatro de cinco mil. Hoy la cifra cambia, pero la propuesta la mantengo.

javierlivas@gmail.com