Especial/parecía la mejor opción para derrotar al presidente Donald Trump en noviembre.
Las mujeres “saben cuál es la enorme diferencia entre Biden y Trump, quien se jacta de agredir a las mujeres en su vida privada y cuyas políticas públicas ponen en riesgo la salud y la seguridad de las mujeres”

Autores: Jessica Bennett y Lisa Lerer

Tal vez no habría sido su primera opción.

Quizás habrían respaldado a Elizabeth Warren o a Bernie Sanders. Todas recordaban muy bien cómo trató a Anita Hill. Para nada les gustó lo que calificaba como un estilo político “táctil” —los abrazos y los manoseos— ni que pareciera que se lo tomaba en broma cuando se le confrontaba al respecto.

Pero había respaldado la Ley para Combatir la Violencia contra las Mujeres. Había avanzado en la lucha contra las agresiones sexuales en los campus universitarios.

Además (lo más importante), parecía la mejor opción para derrotar al presidente Donald Trump en noviembre.

Así que, una por una, las mujeres demócratas y progresistas apoyaron con todo de manera diligente a Joe Biden para su candidatura a la presidencia.

Posteriormente, cuando Biden era el candidato demócrata casi seguro, llegó Tara Reade, una antigua empleada que había trabajado en la oficina de Biden en el Senado. En una entrevista en formato de pódcast a finales de marzo, ella lo acusó de haberla agredido sexualmente en un pasillo del Senado en 1993.

El viernes, el exvicepresidente Biden abordó directamente el asunto por primera vez y negó con firmeza que ese incidente fuera cierto. Esto sucedió en una conversación con Mika Brzezinski en el programa de MSNBC “Morning Joe”, pese a que el marido de Brzezinski y copresentador, Joe Scarborough, se abstuvo de participar hasta que la conversación pasó de Reade a las demás noticias del día.

“Solo estaremos tú y yo”, le dijo Brzezinski a Biden.

Fue una entrevista de televisión por cable que duró diecisiete minutos y también fue un microcosmos de la forma en que se ha desarrollado esta saga: se ha esperado que las mujeres hablen de la acusación contra Biden, pero no que lo hagan sus colegas varones.

Los detalles del relato de Reade, y del desmentido de Biden, han llevado al movimiento #MeToo —y a los políticos que lo respaldaron, como el mismo Biden— a un territorio incómodo.

Luego de tres años de exhortar a los funcionarios electos, a los periodistas y a las empresas a “creerles a las mujeres”, este movimiento enfrenta un caso en el que parece especialmente difícil, si no es que imposible, determinar la verdad. Los medios informativos nacionales, incluyendo a The New York Times, han investigado las acusaciones de Reade y, en la última semana, otras dos mujeres se presentaron a corroborar algunas partes del relato. Sin embargo, no existe ninguna organización formal encargada de analizar la aseveración de Reade. Tampoco hay testigos presenciales de ese encuentro. Además, después de casi tres décadas, se han desvanecido los recuerdos que tienen de esa época los miembros del personal.

No es nuevo el debate sobre cómo evaluar las acusaciones acerca de un comportamiento que tiene décadas de existir, pero casi nunca se lleva a cabo en el contexto de una contienda presidencial donde hay mucho en juego, en este caso, una competencia ferozmente personal, en medio de una pandemia, en la que es probable que el debate sobre un comportamiento sexual impropio sea un trasfondo constante. Si los electores liberales demócratas abandonan a Biden, esto podría fortalecer las posibilidades de reelección de Trump, quien también ha sido acusado de agresiones sexuales al menos una docena de veces, aunque pocas veces le han preguntado sobre ello.

“Eso es lo que lo hace tan difícil”, comentó Lucy Flores, una exasambleísta del estado de Nevada que la primavera pasada escribió acerca de su malestar sobre la forma en que Biden la había besado y tocado durante un evento de su campaña en 2014. “Reconocemos que esta es una situación de incomodidad para muchas mujeres y, sin embargo, muchas de nosotras estamos dispuestas a hacer lo correcto; es decir, que votaremos por él a pesar de esto”.

Entonces, las mujeres tienen la presión de defender a Biden y de enfrentarse a acusaciones de ser hipócritas por parte de algunas personas de derecha, mismas que los hombres progresistas no han tenido que afrontar.

En las semanas que pasaron entre la entrevista de Reade y la respuesta de Biden, fueron las mujeres demócratas quienes de inmediato hablaron por él, en ocasiones mencionando los temas de debate de la campaña de Biden.

“Yo le creo a Joe Biden”, señaló Stacey Abrams. Es una persona “muy íntegra”, dijo Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes. Hillary Clinton le brindó su apoyo en un evento municipal, pese a que no se habló de la acusación. Casi todas las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres desde EMILY’s List pasando por Planned Parenthood y hasta Time’s Up se mantuvieron al margen mientras muchas trataron de presionar en privado a Biden para que hiciera una declaración pública. Cuando finalmente Biden se pronunció el viernes, muchos grupos destacaron que había abordado el tema y le dieron su reconocimiento por haberlo hecho. 

‘Apoyo selectivo a #MeToo’

El viernes, en una declaración para el Times, Anita Hill, cuyo testimonio de 1991 en las audiencias de confirmación del juez de la Corte Suprema Clarence Thomas fue supervisado por Biden, se sumó al llamado para que se hiciera una investigación neutral.

“Joe Biden ha negado las acusaciones de acoso sexual de Tara Reade, pero ese no debería ser el final de la investigación”, dijo Hill, profesora de Derecho en la Universidad Brandeis. Debido a la importancia de este momento, señaló, se deben investigar las acusaciones contra Biden y Trump y los resultados se deben “dar a conocer a la población”.

“Sin estos elementos esenciales, seguirá la duda acerca de a quién creerle y si eso importa”, afirmó. “La forma en que procedamos se reduce a si tomamos con la suficiente seriedad las acusaciones de agresión sexual como para insistir en que las instituciones públicas dispongan de procedimientos justos que protejan los derechos de las personas y el derecho a defenderse de quienes son acusados”.

Como han señalado muchos conservadores, la respuesta a Reade ha sido un marcado contraste con la forma en que los demócratas se unieron en torno a Christine Blasey Ford durante las audiencias de confirmación del juez Brett Kavanaugh en 2018, donde el mismo Biden dijo que creía que “deberían darle a Blasey el beneficio de la duda”. La presión para que renunciara Al Franken al Senado en 2017 tras acusaciones de acoso sexual —una iniciativa que dividió a los demócratas— hace que este momento sea todavía más tenso.

“¿Podemos estar en contra de Kavanaugh y de Franken y luego mirar hacia otro lado?”, señaló Samantha Ettus, cofundadora de Los Angeles Women’s Collective, un comité que apoya a las mujeres que contienden por un cargo político. (Dijo que no estaba hablando en representación de su organización). “No creo que podamos dar apoyo selectivo a #MeToo”.

‘Estamos empantanados’

Tina Tchen, directora de Time’s Up, una organización dedicada a combatir el acoso sexual en el lugar de trabajo, planteó una diferencia entre las acusaciones de Blasey y de Reade. Según ella, el Senado controlado por los republicanos tenía la autoridad para investigar a Kavanaugh y, en cambio, se apresuró a confirmar su nominación. Después de que Biden ha estado muchos años fuera del cargo, no hay ningún organismo de investigación encargado de analizar las aseveraciones de Reade.

“No existe ningún empleador; él no es parte del Senado donde el Comité de Ética podría hacerlo”, señaló. “A la larga, el empleador es, en esencia, el pueblo estadounidense y por eso estamos empantanados. Esto es frustrante para los estadounidenses. Es lamentable”.

A esta frustración se suma que Biden esperó semanas para enfrentar las acusaciones y recurrió a las dirigentes demócratas, desde Pelosi hasta las posibles candidatas a la vicepresidencia, como la senadora de California Kamala Harris, para que contestaran las preguntas en representación de él.

“Joe Biden tiene que hablar por sí mismo, no a través de delegados o comunicados”, escribió en un hilo de Twitter Tarana Burke, fundadora del movimiento #MeToo.

A Biden, quien había tenido una serie de apariciones en noticieros locales y por cable, nadie le había preguntado frente a la cámara acerca de la acusación, sino hasta el viernes.

En la entrevista con Brzezinski, Biden respondió sobre la acusación con una firme negativa, y subrayó que eso supuestamente había sucedido hace mucho tiempo.

“No sé por qué después de 27 años de pronto surge esto”, dijo en la entrevista de MSNBC. “No lo entiendo”.

Tres años después de que #MeToo le dio al país un curso intensivo sobre conducta sexual inapropiada, es posible que las mujeres a las que se les pidió que defendieran a Biden estén menos confundidas por ese desfase en el tiempo.

Pero están desconcertadas por la decisión —o falta de ella, dijeron— que tomen en noviembre entre Biden y Trump, cuyas propias acusaciones por conducta sexual inapropiada y sus antecedentes de usar lenguaje despectivo para referirse a las mujeres no le han planteado ninguna desventaja importante con su base republicana, aunque las electoras hubieran votado por los demócratas en las elecciones intermedias.

Las mujeres “saben cuál es la enorme diferencia entre Biden y Trump, quien se jacta de agredir a las mujeres en su vida privada y cuyas políticas públicas ponen en riesgo la salud y la seguridad de las mujeres”, afirmó Gloria Steinem.

c.2020 The New York Times Company