La problemática económica mencionada en esta sección, tradicionalmente ha sido sobre el desempeño del Gobierno respecto a sus políticas de acción o inacción y cómo éstas han ocasionado muy poco o nulo crecimiento en los últimos dos años. Sin embargo, dejar toda la responsabilidad del mal desempeño de la economía nacional al Gobierno Federal sería incorrecto porque hay organizaciones e instituciones que también ejercen una fuerza sobre todo el sistema económico y financiero como la banca pública, el ejercicio presupuestal estatal, las empresas, y hasta los individuos en la forma en que gastan su dinero. Por ello, el día de hoy se analizará brevemente lo que ha hecho la banca comercial recientemente, y su poca contribución a la mejora de la problemática económica nacional.

La banca comercial ha tenido problemas para poder colocar sus créditos en una época donde hace falta dinero. La captación a la vista de la banca en el mes de febrero de 2021 fue un 10 por ciento mayor con respecto al mes inmediato anterior. Esto es, cada vez más gente está ahorrando o guardando dinero, pero no se están pidiendo préstamos. Se puede explicar este fenómeno porque las tasas de interés siguen siendo muy altas con respecto a las posibilidades de los clientes potenciales o a las capacidades de pago de la personas.

La banca comercial no ha podido generar un equilibrio entre inflación, tasa de riesgo y tasa de utilidad, los tres componentes de la tasa de interés de largo plazo. Mientras la tasa de inflación siga creciendo, la tasa de interés hará lo mismo. Además, la tasa de riesgo país de México, a pesar de haber bajado menos de 20 puntos en el último mes, es la segunda más alta de Latinoamérica, después de Argentina nada más. Por eso el dinero en México es muy caro a pesar de tener una tasa de referencia del Banco de México de 4.25 por ciento. Una tasa sumamente engañosa para la gente que no comprende el sistema económico.

Si explicamos por qué esta tasa no se refleja en los ahorradores la explicación es simple. Los bancos tienen que cobrar por la infraestructura y los servicios que prestan entre ellos los salarios y desde luego el costo de la infraestructura, que en nuestro país es caro. Por ejemplo, piense en una sucursal bancaria en paseo de la reforma en la Ciudad de México o en San Pedro Garza, en el área conurbada de Monterrey lo que podría valer poner una sucursal en esas zonas. Las rentas son muy caras, a eso hay que agregarle el riesgo de impago de la gente o de las empresas que es ligeramente arriba del 5 por ciento de acuerdo a los últimos datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Y para rematar, la tasa de ganancia que querrán tener los bancos, y por eso llegamos a tasas de 30 por ciento en créditos de nómina, que son los más fáciles de cobrar para las instituciones bancarias o un 50 por ciento en adelante en las tarjetas de crédito, sólo por mencionar algunos ejemplos.

Si de prestar a las empresas se trata, el problema es más complicado, porque el 93 por ciento de las empresas en nuestro país son microempresas, que apenas tienen un acta constitutiva y poco o nada pueden cumplir con los requerimientos de la banca comercial para otorgarles crédito. Entonces, la banca no ayuda a las personas, ni tampoco ayuda a las empresas, sobre todo en tiempos de coronavirus. Es claro que la banca comercial se ha convertido en un factor de inequidad social, le presta al que tiene para que tenga más, al que no tiene cómo garantizar lo que se le presta, se le deja de lado.

En la última convención bancaria se dijo que los bancos estaban dispuestos a poner dinero en las manos de las personas y de las empresas para apoyar la complicada situación que vive el País. Sin embargo, eso no quiso decir que harían algún sacrificio ni en términos de la tasa de interés ni en términos de los requisitos necesarios para otorgar un crédito. Las cosas por ese lado siguen igual. Las personas se quejan que los bancos no prestan dinero cuando más necesitados están, por ejemplo, una familia sin trabajo no puede pedir un crédito al banco mientras se consigue un nuevo empleo. El banco sólo presta ante una evidente capacidad de pago, y más bien, insiste en créditos con personas que ya no tienen una necesidad de dinero. Es a veces ridículo, pues el nivel de insistencia puede llegar al acoso telefónico. Si el 40 por ciento de la población mexicana no está bancarizada, esto quiere decir que será poco lo que pueda prestar en el resto de la población por los bajos salarios que se dan, pues el 80 por ciento de los mexicanos gana 8 mil 500 pesos mensuales o menos. De allí calcule las posibilidades de que alguien tenga un préstamo bancario cuando realmente lo necesite. Simplemente no hay ayuda, ni la habrá.

Ante las circunstancias anteriores, el surgimiento de agiotistas es muy común, y sobre todo el surgimiento de un mercado financiero ilegal, para ayudar a las personas y hasta las empresas. Estudios recientes han demostrado que a medida que la banca comercial presta menos a las empresas y a las personas, el mercado negro del dinero cubre esa parte en detrimento de la población, e incrementando la pobreza, no sólo para el caso mexicano sino también del mundo. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe argumenta que por cada dólar que se deja de prestar por la banca comercial, los prestamistas ilegales ganan dos y lo peor del caso es que el mercado negro de los préstamos es responsable, según esta misma fuente, de un 11 por ciento de la pobreza en Latinoamérica.

El caso de México con la banca comercial pasa por un momento turbulento, la gente necesita dinero, las empresas necesitan dinero y los gobiernos también lo necesitan, pero las tasas de interés no permiten un equilibrio en el cual los demandantes de dinero estén dispuestos a pedir dinero. Los bancos, ya se está viendo, tienen dinero más que de sobra para prestar, pero no quieren relajar un poco las reglas para mejorar todo el sistema económico nacional. Hay dinero que se quiere prestar, pero nadie lo quiere porque está muy caro. Nada cambia por el momento en estos datos bancarios.