Sin el tono retador que le caracterizaba en sus tiempos de dictadura, la mirada perdida en el absorto por la cuantía de los muertos de esta tierra y los miles de desaparecidos que los narradores iban contabilizando, Rubén “N” apareció en el Colegio de México, a fin de ser “oído” en relación a la situación de inseguridad en Coahuila y crímenes de lesa humanidad cometidos entre 2011 y 2017.

Convocado a través de sus contactos con la Academia “Interamericana” de Derechos Humanos, cuyo “presidente” fuera el alfil legal que utilizaba el exgobernador, la sesión pretendía redimirle ante la imagen nefasta de contemplación y contubernio ante las actividades del crimen organizado. En el encuentro hizo una exposición de la pretendida batalla por la seguridad en esta tierra ensangrentada.

El invitado dijo que “al principio de mi gobierno (el 2do en realidad) había 100 y en ocasiones hasta 170 homicidios por mes, estaba en riesgo la gobernabilidad, Torreón estaba entre las 10 ciudades más peligrosas del mundo y proliferaba la apertura de casinos y giros manejados por el crimen organizado”. Señaló que se revirtieron los indicadores. Además que detectó una “ausencia de coordinación en los tres órdenes de Gobierno”, pues aseguró que aunque no coincidió mucho tiempo con la administración de Calderón, éste no había avisado a los estados de sus acciones en materia de seguridad cuando Coahuila vivía tiempos difíciles y se dieron casos como las tragedias en Allende y el penal de Piedras Negras. “No se podía transitar libremente por el estado, había municipios cooptados por la delincuencia”.

Sin el habitual despliegue de achichincles y atrás dejados los tiempos de los manotazos en la mesa y los portazos del amedrentamiento a los colaboradores que terminaron en el complot, Rubén “N” tuvo que soportar las incomodas preguntas de sus coordinadores y del moderador del encuentro, quien con sarcasmo se mofaba de los argumentos equívocos del otrora hombre fuerte de Coahuila.

Por más que se quisieron acomodar las cifras y comprar encuestas, la realidad y su lado moridor refieren un estado en el que nadie se encargó de la seguridad; se había escrito en este espacio en su momento.

Durante su sexenio fueron cometidos hasta noviembre de 2017, la cantidad de 294 mil 237 delitos diversos entre los cuales más de 2 mil 600 refieren asesinatos violentos, es decir, cada mes en promedio existieron 4 mil 030 tropelías y 134 cada día de su nefasto gobierno.

Pero los anuncios de las alturas referían avances en ciertos delitos comparando periodos actuales contra los peores escenarios provocados desde la administración pública.

Y no sólo ese perjuicio se heredó en Coahuila, ya que continuamos siendo restringidos por nuestros vecinos del norte para ser visitados, sólo Saltillo, Parras y un paraje de la sierra de Arteaga. El lugar más peligroso del estado sigue siendo la frontera y en especial Piedras Negras, desde ese sitio hasta el límite del estado hacia Nuevo León. (Consulta del sitio internet de US Embassy 8/01/2019).

Prácticamente Rubén “N” encabezó el gobierno más sanguinario en la historia de Coahuila, incluyendo los tiempos de la Revolución, y a las pruebas nos remitimos, ya que durante todo su sexenio los números de criminalidad fueron mayores a otros estados como: Nuevo León, Sonora, Michoacán, Durango y Guerrero.

La cruel realidad es que Coahuila sigue padeciendo de los estragos anidados y los contubernios permitidos en su administración, y esta vez su show de la redención no le funcionó.

Recordé la escena final de la película de Cazals, “Las Vueltas del Citrilo”: Los muertos llegan caminando y platicando tranquilamente hasta el canal en donde Melgarejo invita con un ademán a que el cabo suba al cayuco que lo llevará, junto con otros zombis, al más allá. El cabo sube muy triste y, antes de irse, le pregunta a Melgarejo: “¿Por qué no estaba ya resucitado?”, y éste le responde: “¡Qué te fijas, mijo! Da lo mismo aquí que allá. De todos modos no se llega a ningún lado”. En efecto, no se llega a ningún lado en materia de seguridad en Coahuila. Vaya cosa.