1

Salarium. Salario. Este trabajo no vale su sal. No vale su vida. 

 

2

Anónimos en el desierto que ahora se nombran: Damián. Francisco. Gonzalo. Humberto. Leopoldo. Mauricio. Pedro.

 

3

Rezos imploran. Sangres enlazadas en la sal de las lágrimas. Estos líquidos reconocen a quienes yacen debajo de la tierra.

 

4

A los que quedan: que las aguas y sus sales les resguarden en un útero donde de cierto modo respiren. Que los vuelvan a dar a luz. Que los devuelvan.

 

5

Las sales de sus cuerpos se han unido a sus aceites en hondos afanes. Ese es el aroma del trabajo: es el sudor. El de ellos y de quienes les anteceden. De quienes les preceden. De los que les siguen.

 

6

Que ese es el riesgo cuando se entra a la boca de la tierra. Que hay firmas. Que hubo denuncias como hubo ganancias. Que se debe continuar para comer. Que el carbón no se saca solo. [Este, el juego donde pagan y no pagan el salario, los astutos]

 

7

Hay carne y espíritu para ese trabajo, ¿quién sostendría la pirámide si no? ¿Cómo podría funcionar el mecanismo de ciertas colonizaciones? ¿Ante quién se abrirían las diferencias entonces?, ¿ante quienes se arrugaría la nariz? ¿qué caso tendrían las clases sociales en el mundo? 

 

8

Poses en fotografías. Declaraciones grabadas. Algo conocido como utilidad y conveniencia. Corta la memoria. [Hay también silencios. Figuras que podrían decir. Pero no dicen nada. Están demasiado atravesadas]

 

9

La pregunta [al fondo también sepultada, oculta, acallada] sigue pendiente desde Tlalpujahua poco más allá de la medianía del año 1500, hasta Múzquiz en 2021, como rosario al que se vuelve mientras se tocan sus cuentas que son cuerpos que se convierten en números.

 

10

Alguien abrió la tierra con una sonrisa torcida y negra que se ha sellado. Esta es una de tantas sonrisas, uno de tantos pocitos. ¿Habría también niños allá abajo, trabajando?

 

claudiadesierto@gmail.com