El viejo entendimiento con los Estados Unidos está hecho trizas. Rediseñemos la relación cambiando actitudes para mexicanizar, sin complejos, la estrategia, las políticas y el relato. 

Asumámoslo. Siempre ha existido una fuerte veta racista y antimexicana en los Estados Unidos (y antiyankee en México). James R. Sheffield, su embajador entre 1924 y 1927, nos despreciaba y calificaba de “indios” incapaces de entender “argumentos, salvo la fuerza”. Estuvimos cerca de otra guerra, pero Washington reconsideró y envió a Dwight Morrow quien llegó a un entendimiento con Plutarco Elías Calles

En los noventa años transcurridos ha prevalecido la mesura en el discurso público de presidentes, embajadores y altos funcionarios; las fobias han salido pocas veces del clóset. En “The Best and the Brightest”, David Halberstam cuenta que el presidente Lyndon Baines Johnson categorizaba a los mexicanos como seres “descalzos y gordos”, que abusaban de, y robaban a los estadounidenses; la manera de frenarlos era hablándoles golpeado. Sin embargo, Johnson tenía bien encorsetado su antimexicanismo y cuando visitó nuestro país en 1966 hasta nos elogió diciendo que somos un país “grandioso” y “maravilloso”. 

Eso terminó. Donald Trump ha legitimado el antimexicanismo y ha hecho trizas el entendimiento Morrow-Calles. Se ha dedicado a insultarnos y menospreciarnos y está decidido a deportar indocumentados, levantar el muro con dinero mexicano y derogar el Tratado de Libre Comercio. Ignoro qué hará el peñanietismo en el poco tiempo que le queda. La tarea de fondo es colectiva: repensar la estrategia, las políticas y el relato recordándoles machaconamente su “corresponsabilidad” en las acusaciones que nos lanzan. Ejemplifico el argumento revisando tres temas: migración, comercio y seguridad.

Migración. La historia ayuda a desentrañar presente y construir futuro. Los desplazamientos masivos de personas son un problema regional al que ha contribuido Estados Unidos. Veamos dos momentos: 1) el desplazamiento masivo de mexicanos se inicia cuando ellos entran a la Segunda Guerra Mundial; actualmente la prioridad es defender a los nuestros del racismo y el maltrato, y para responder al maltrato regresémosles a los centenares de miles de delincuentes de otras nacionalidades que ahora nos entregan por la frontera norte cada año; 2) la agresividad de los republicanos de Ronald Reagan en América Central provocó el cataclismo demográfico que ahora quieren frenar construyendo el muro. De entrada México debe repudiar el compromiso que Enrique Peña Nieto asumió con Barack Obama de ser el gendarme de la frontera sur. Lo que procede es exigir una discusión regional sobre las migraciones de centroamericanos. 

Comercio. El Tratado de Libre Comercio es de hechura mixta. Ronald Reagan se lo propuso a José López Portillo quien lo ignoró; años después Carlos Salinas se lo planteó a George W. Bush quien lo adoptó. El TLC será revisado y nuestra mejor apuesta es la sugerida por Bernardo Sepúlveda: construir múltiples líneas de defensa jurídica. 

Seguridad. Desde el chantaje de la Operación Intercepción (1969) la gran estrategia mexicana ha seguido las directrices de Washington y se ha puesto como prioridad descabezar y fragmentar carteles. Lo que a ellos les funcionó con nosotros fracasó. Mexicanizar la estrategia supone, por ejemplo, legalizar la mariguana e interponer demandas contra actores estadounidenses para que indemnicen a los familiares de los 140 mil mexicanos (pueden ser más o menos) asesinados con armas estadounidenses traídas de contrabando a México con la permisividad de Washington. 

Responsabilicémonos de lo que nos toque exigiéndoles lo mismo. Ignoramos cómo terminará el gobierno de Trump y desconocemos los planes de Peña Nieto y Luis Videgaray, quienes piden unidad sin decir cómo la van a usar. Absurdo que sigan con un derrotismo contraproducente. ¿Tienen proyecto general para negociar con el gobierno de Trump?, ¿están considerando acercarse a los estadounidenses que se  oponen  a Trump (lo hicimos durante las guerras centroamericanas y funcionó)? La unidad sólo puede darse en torno a la defensa de nuestros intereses y dignidad, con las armas de la razón y la pasión, y teniendo muy claro el proyecto de Nación.  

Twitter: @sergioaguayo
Agradezco las sugerencias de Andrew Selee.