La ciudad de Palm Beach en Florida debate si el expresidente Donald Trump puede seguir viviendo en su resort de Mar-a-Lago. Palm Beach recibió en diciembre del año pasado una carta del abogado de un vecino donde le exigía al concejo municipal que prohíba la residencia del expresidente allí.

La ciudad de Palm Beach en Florida está debatiendo si el expresidente Donald Trump puede seguir viviendo en su resort de Mar-a-Lago.

El concejo municipal escuchará las opiniones de su abogado sobre la promesa que hizo en 1993, de que Trump tendrá prohibido vivir allí si el concejo accede a convertir el edificio residencial en un club. La promesa, sin embargo, no quedó registrada por escrito, por lo que no queda claro si es válida.

Técnicamente, Trump es empleado de la corporación dueña de Mar-a-Lago y el acuerdo escrito sólo prohíbe la residencia allí de miembros. Bajo las normas de la población, un club puede dar alojamiento a sus empleados. Trump se mudó a Mar-a-Lago el 20 de enero, el día en que terminó su presidencia.

Palm Beach recibió en diciembre una carta del abogado de un vecino de Mar-a-Lago exigiéndole al concejo municipal que prohíba la residencia de Trump allí, con el argumento de que la presencia del exmandatario deprimirá los valores de la propiedad.

Trump y su esposa Melania Trump oficialmente cambiaron su residencia de la ciudad de Nueva York a Mar-a-Lago en 2019. La Trump Organization, la corporación familiar, emitió un comunicado afirmando que “no hay documento ni acuerdo alguno que prohíba al presidente Trump usar Mar-A-Lago como residencia”. Trump es dueño de otras dos viviendas cerca de Mar-a-Lago.

Trump compró Mar-a-Lago por 10 millones de dólares en 1985 de la herencia de Marjorie Merriweather Post, propietaria de General Foods. La mansión de 126 habitaciones se había deteriorado desde que ella falleció en 1973 y se la dejó al gobierno estadounidense como posible casa vacacional para los jefes de estado. El gobierno la devolvió en 1981.

Luego de comprarla, Trump invirtió millones en mejoras a la propiedad y vivía allí parte del tiempo.

Sin embargo, para comienzos de la década de 1990, Trump estaba en aprietos financieros. Los precios de las propiedades cayeron y varios de sus negocios fracasaron, como por ejemplo su casino en Nueva Jersey. Argumentó ante el concejo municipal que no podía pagar los 3 millones de dólares anuales en mantenimiento y que era injusto que él fuera el único en pagar ese monto. Propuso dividir la propiedad en varias mansiones. El ayuntamiento rechazó la idea.

En 1993, Trump llegó a un acuerdo con la ciudad para convertir la propiedad en un club privado. Tendría un límite de 500 miembros, con una tarifa inicial de 200,000 dólares y pago anual de 14,000.

Bajo ese acuerdo, un miembro puede permanecer en una habitación por no más de siete días consecutivos o 21 días en total para todo un año, pero no hay prohibición sobre la residencia de un empleado.