Plaza Acuña. / Foto: Ricardo Braham.
¿Qué es lo que dota a la imagen fotográfica de su fuerza, más allá de sus recursos habituales, la glosa a las tendencias, el simple dominio y despliegue de lo técnico o el abuso del cliché? ¿Qué impone a una mirada fotográfica un sentido de lo personal? La obra germinal de este joven autor saltillense da pretexto para discutir los niveles de la imagen y sus derivas.

Lo primero que llama la atención en la obra de Ricardo Braham es lo directo de su discurso: su transparencia. No hay filtros, edición, efectos, tratamientos o intenciones preciosistas. Pienso –por ejemplo- en documentalistas como el chileno Sergio Larraín.

Porque la obra fotográfica de Braham trasciende el registro de los espacios de la ciudad y su entrecruce con el elemento humano para plantearnos cuestiones más allá de la visualidad explícita: la relación de las personas con su entorno y  con sus semejantes; los complejos entramados donde se manifiesta todo lo vinculado a la vida del hombre.

En la muestra inaugurada esta semana en la galería de La Comuna (Zaragoza y Lerdo), la obra del ex estudiante de Artes Plásticas e ingeniero puede verse mucho más que una consistencia discursiva, una madurez técnica y una mirada entrenada.

Ricardo Braham, 2018. Germán Siller, 1994.

Siller / Braham: la intertextualidad

Una de los hallazgos más interesantes en la muestra es la reincidencia del joven autor en relación a una imagen de la misma temática registrada por Germán Siller en 1994. Una serie de elementos que, vistos desde un abordaje personalísimo en cada caso, derivan a la coincidencia. La foto de Siller, incluida en el libro “A través del postigo”, editado por el doctor Carlos Manual Valdés dentro de una serie de publicaciones del Archivo Municipal, nos muestra una situación que casi un cuarto de siglo después, Ricardo Braham encontraría repetida en otra locación:

Un vagabundo que parece obviar las convenciones sociales; las nociones de higiene, espacio personal, tránsito y un desafío que se yergue desde su propia mirada. Un interesante entrecruce de ejes visuales, donde los personajes se contemplan e interrogan. Un segundo nivel donde aparecen claras dialécticas: las mujeres versus el hombre, la niñez y la madurez, y una confrontación mayor: la “normalidad” contra la locura. Pero la confrontación más fuerte, la que precisamente irradia su potencia desde estas fotografías es la de dos sujetos, dos miradas, que de manera simultánea confrontan la mirada del fotógrafo; no sólo lo ven, lo indagan. 

Calle Victoria. / Foto: Ricardo Braham.

La normalidad / La locura

O la paradoja secundaria: lo sano y lo enfermo –casi espalda con espalda, mundos contrapuestos- de la enfermera y el vagabundo en la foto de Siller. En Historia de la locura en la época clásica, Michel Foucault señala el cómo “Los locos no pertenecen a ninguna parte”, época en que, como una manera de protegerse a sí misma, la sociedad de entonces arrojaba a los locos al mar en una barca –la nave de los locos- que era su único país, una patria móvil y frágil que amenazaba segundo a segundo hundirse más en el agua, en la locura, en la noche. No sabemos si el vagabundo está loco, lo que sí sabemos es que es tratado como tal por la sociedad.

En ¿Qué quieren realmente las imágenes, W.J.T. Mitchell nos plantea la controversial idea de que las imágenes poseen, además de un cuerpo físico –explícito – uno virtual (implícito) donde se manifiesta una suerte de “voluntad”, y es a través de estas “capas” o niveles: que las imágenes manifiestan intención, personalidad, deseo: “quieren” algo. ¿Qué “quiere” la imagen de Ricardo Braham?

Así, la imagen fotográfica nos ofrece una condición poliédrica, maleable. Es decir, su discurso y por lo tanto sus intenciones no son fijas. Cambian dependiendo del enfoque o abordaje de quien las contemple o estudie. No podemos tasar los valores de ellas situándolas solamente como parte de un proyecto documental, ya que sus intenciones, usos, valores y alcances se diversifican. 

 
Mercado Juárez. / Foto: Ricardo Braham.

Valores

Finalmente ¿Cuáles son los valores evidentes en la obra fotográfica de Ricardo Braham? Su consistencia temática, su mirada muchas veces irónica de los espacios de nuestra ciudad: un registro atento a las paradojas. En otra vertiente, en contrapunto a esta ironía, un abordaje empático e intimista hacia la vida de las personas (Su retrato en blanco y negro del conocido personaje saltillense en la penumbra del Mercado Juárez es un claro ejemplo de esto, además que recuerda en su sutileza y tratamiento a “Human trees”, el potente proyecto retratístico de Marcelo Ascacio, montado hace algunos años en Casa Purcell).

Hay otro tema: el clima. En esta serie está el sol, la lluvia, sus reflejos o sus restos, la niebla como un resplandor y un emborronamiento en la lejanía. O la bruma, (esa pantalla de difusión frente a la visión nocturna del reloj de Catedral, que hecha en una velocidad baja de obturación, es exquisita).

En resumen: la percepción nuestra ciudad desde una creación artística genuina y revolucionaria implicaría abandonar las visiones condescendientes y conservadoras donde sólo cabe la grandilocuencia de las grandes obras, gestas y personajes: o su artificial glamour. La ciudad es también sus espacios vedados y olvidados, sus ángulos y matices ocultos, las texturas de su suciedad o su deterioro, los rostros y las expresiones de sus personajes más anónimos.

Ojalá y la mirada fotográfica de Braham persista en su oficio y alcance a consolidar todo lo que ya promete en esta primera muestra de su visión y su trabajo.

alejandroperezcervantes@hotmail.co

Catedral. / Foto: Ricardo Braham.