Aunque el pasado miércoles el presidente de la Comisión Permanente del Congreso del Estado de Puebla, José Juan Espinosa Torres (quien milita en el PT), declaró a los medios que Morena y sus aliados no pensaban usar su mayoría de 22 de los 41 diputados, para nombrar unilateralmente al gobernador interino, en sustitución de la gobernadora fallecida Martha Érika Alonso, en donde incluso dijo buscarían una selección por consenso, que sea votada por unanimidad, lo cierto es que un escenario de conceso es en extremo difícil, porque todos los actores tienen incentivos para intentar sacar provecho de la situación.

Las primeras señales de alarma de la crisis que se puede estar configurando en Puebla, son las declaraciones de los líderes nacionales de Morena y el PAN, en primera instancia Yeidckol Polevnsky declaró que el gobernador interino no tiene porque ser panista, por su parte Marko Cortés pidió que se elija a un perfil panista, en respeto a la extracción partidaria de la Gobernadora que se encontraba en funciones. Derivado de estas declaraciones, no se puede descartar que las dirigencias nacionales de ambos partidos contaminen las negociaciones en el Congreso del Estado.

Además, una serie de panistas de la entidad han divulgado a medios de comunicación que para elegir a un gobernador interino se requiere de una mayoría calificada de 28 votos. Sin embargo, la Constitución Local no impone un umbral mínimo, por lo que en estricto sentido bastan los 22 diputados de Morena, PT y PES para nombrarlo, aunque en un ambiente de crispación, sería mediáticamente muy costoso para el Gobierno Federal que nombren al interino sin contar con el aval de más partidos, en especial del PAN.

La cuestión es que la mesa está puesta para que cuando se tome una decisión haya muchos inconformes por la misma, ya que en cualquier escenario posible habrá ganadores y perdedores. Por ejemplo, si el Congreso elige a un perfil afín al PAN o a Morena, se traduce en que este partido tendrá a su servicio al Gobierno del Estado en la siguiente elección, en detrimento del otro partido.

Incluso si se busca a un perfil “neutral”, no se garantiza completa imparcialidad, en principio porque la mayoría de quienes tienen una trayectoria destacada en Puebla, como rectores, magistrados, académicos, dirigentes de cámaras empresariales y demás, tienen afinidades claras con algún partido, en especial con el PAN y con el PRI.

Por tal motivo y a pesar de las buenas intenciones, que ojalá me equivoque, suena complicado que los buenos deseos de elegir a un gobernador interino por consenso se concreten, por el contrario, lo más probable es que al final veamos un proceso complicado, plagado de acusaciones cruzadas y declaraciones en los medios, que contribuya a que la elección extraordinaria en Puebla se convierta en una guerra campal por el poder, cuyo ganador es imposible de determinar en estos momentos.

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