Venezuela tiene hoy uno, dos o incluso cero presidentes. Todo depende del cristal con que se mire. Nicolás Maduro sigue aferrado al poder, a pesar de que el proceso electoral en donde reeligió, no contó con ninguna de las formalidades que se esperaría en elecciones libres. Ni siquiera se cumplió con el principio básico de que todos los votos contaran igual.

Por ello, de los 194 estados soberanos del planeta, sólo 15 lo han reconocido y una cifra parecida lo han desconocido públicamente. Además, la última encuesta de Meganálisis muestra que el 84% de los venezolanos no lo quiere como Presidente. Pero él utiliza a las Fuerzas Armadas para mantenerse en el poder a través de la represión.

Por otro lado, el presidente de la Asamblea Nacional y opositor Juan Guaidó, se acaba de proclamar Presidente Encargado. Si bien el artículo 350 de su Constitución señala que el pueblo desconocerá a cualquier autoridad que vulnere la democracia y si se acepta que Maduro, no fue electo democráticamente y que la única autoridad con legitimidad democrática es el legislativo, suena coherente que el mando del país recaiga en el Presidente de dicho órgano; sin embargo, la Constitución de Venezuela no le da expresamente la prelación sucesoria al Presidente de la Asamblea Nacional, ni contempla la figura de Presidente Encargado.

Tanto Donald Trump, como Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos, reconocieron la proclamación de Guaidó como presidente de Venezuela. Sin embargo, el régimen de Maduro argumenta que Guaidó y sus seguidores están violentado el marco legal.

No se trata de un debate fácil, porque Maduro no tiene legitimidad, pero tiene mejor posición legal, en cambio Guaidó, es legítimo, pero sin un marco legal que lo soporte, de tal forma que depende del cristal con que se mire, la posición que se tendrá en el debate. Todas las posturas tienen algo de razón, pero a la vez todas tienen puntos débiles, por tanto, incluso se podría pensar que ni Maduro, ni Guaidó, están facultados legalmente para el ejercicio de la Presidencia.

Sin embargo, Maduro detenta el poder de manera fáctica, es decir, controla los recursos públicos, las instituciones y el aparato coercitivo del Estado. Por ende, es iluso pensar que los venezolanos pueden resolver este problema por sus propios medios. Se han dado protestas masivas durante años y ha sido imposible sacar a Maduro del poder. Él mismo perdió el control de la Asamblea Nacional con el voto en contra de más del 70% de los ciudadanos y se inventó un Constituyente ilegal, que despojó de sus atribuciones al legislativo electo por los ciudadanos.

La única manera de que Venezuela cambie, es a partir de la intervención de la comunidad internacional. Pero lo deseable es que sea una presión compartida, no se trata de que los grandulones de siempre Estados Unidos, Rusia o China, utilicen la crisis para sus propios intereses, sino que la presión internacional propicie elecciones verdaderamente libres en Venezuela en los próximos meses.

victorsanval@gmail.com

@victorsanval