Narraciones. El cronista habló sobre este género de creciente popularidad en Latinoamérica. | Foto: Cortesía/Abdú Eljaiek
El periodista colombiano participa en la Escuela de Verano UANL, donde ofreció un conversatorio y un taller de manera virtual sobre periodismo

El nombre de Alberto Salcedo Ramos es un referente de la crónica en lengua española. Gracias a su pluma, los lectores hemos conocido a personajes de la cultura popular -boxeadores, árbitros, músicos-, el gozo de la parranda al ritmo del vallenato, también el Macondo real que inspiró la obra de Gabriel García Márquez. 

El periodista colombiano es autor de una decena de libros y sus textos periodísticos se han publicado en The New York Times, SoHo, Laberinto y en la Antología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara, 2012) de Darío Jaramillo Agudelo. Ahora, Ramos Salcedo es uno de los participantes de la Escuela de Verano UANL, en donde ofreció un conversatorio y un taller, ambos en formato virtual, sobre el trabajo que Gabo calificó como “el mejor oficio del mundo”. 

En entrevista, el colombiano habló sobre la pertinencia de la crónica en la época actual, atravesada por los recortes en los medios y una pandemia, y remarcó lo que ya ha dicho en otras ocasiones: “A un narrador lo único que debe importarle es contar la historia”.

La crónica latinoamericana vive una época muy potente desde hace varios años, hemos visto publicarse muchos libros y a periodistas que son reconocidos por su calidad narrativa. ¿Será porque en nuestros países hay una estructura sociopolítica que tiende a ocultar los hechos, porque los lectores necesitan conocer las historias acalladas por los grandes titulares?

“Gilbert Chesterton solía repetir esta frase: ‘el periodismo consiste en decir lord Jones ha muerto a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo’. La crónica nos permite contar la historia de lord Jones sin esperar a que se muera. Es un género que incluye a los invisibles. Además, permite traducir, en forma de historias, ciertas lastimaduras de nuestra realidad: desaparecidos, desempleados, enfermos, desplazados por las distintas violencias y un largo etcétera. Al convertir esos temas en relatos, el lector los siente más cercanos, acaso porque entiende que la situación que le contamos pudo haberle sucedido a él”. 

Leí su crónica El árbitro colombiano que expulsó a Pelé, en la que retrata a un personaje muy singular, me resonó mucha una frase que dijo "El Chato" Velásquez: “Usted debe saber, como periodista, que el problema no es la fama sino la mala fama”. ¿Cómo busca este tipo de personajes?, ¿cómo decide que tal persona o hecho merecen una crónica?

“Bueno, las historias salen de la realidad. A veces, de las noticias del momento, a veces, de lo que nos encontramos en las calles, a veces, de los que nos cuentan ciertas personas interesadas en que se conozca un hecho. La crónica es un género periodístico y, por tanto, uno busca las historias en la realidad. 

“El reportero del día a día interactúa con esa realidad para sacar noticias; nosotros lo hacemos para conseguir historias. En ambos casos se trata de un ejercicio periodístico. El de la noticia trabaja para ese momento en que la gente necesita enterarse; el de la crónica llega cuando ya la gente sabe lo que pasó y quiere un relato con detalles”. 

 

Cuando usted comenzó a escribir crónica, ¿algunos escritores que le sirvieron como guía?

“Muchos. Talese, Capote, Joan Didion, Mailer, Helena Poniatowska, García Márquez, Alma Guillermoprieto, María Moreno… Estos son algunos de los que conocí cuando estaba empezando. Es una lista más larga.

 

¿Cuáles son las cosas que no debe perder de vista alguien que escribe crónica? Leí en un par de entrevistas que usted mencionó que no mide “a un cronista por las metáforas, sino por el polvo de sus zapatos” y que “La crónica le pone alma y rostro a la noticia”.

“Mirar más allá de lo evidente y dedicarle mucho tiempo a la investigación. La crónica demanda una escritura con estilo, pero si pretendes llegar a la fase de escritura sin una buena investigación previa, estás perdiendo el tiempo”.

 

En el conversatorio que tuvo en la Escuela de Verano UANL, comentó que, para los periódicos, la crónica es una posibilidad de supervivencia, ¿cuáles son las ventajas de este género en una época en la que estamos invadidos por la nota rápida y las “Fake news”?

“Hablé de la importancia de ofrecerles a las audiencias un periodismo que combine distintos géneros: reportajes de denuncia, columnas agudas y diversas, noticias de impacto para el día a día, crónicas que se internen a fondo en la realidad y nos sorprendan”.

 

El periodista debe buscar una historia, en tiempos como los que corren no suena sencillo. ¿Considera que hay, o habrá, un cambio en la práctica del periodismo a causa de la pandemia?

“Ahora la pandemia nos tiene maniatados y trabajando a punta de teléfonos, pero esa es una situación excepcional. Si alguien cree que luego el periodismo seguirá haciéndose de esa manera es porque no ha entendido. Necesitamos el encuentro con la realidad, así como los médicos necesitan encontrarse con sus pacientes”.

 

Para un lector neófito en la crónica, ¿cuáles autores o libros recomendaría?

El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell, y El año del pensamiento mágico, de Joan Didion”.

Sylvia Georgina Estrada

Sylvia Georgina Estrada es periodista cultural, editora y licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es autora de los libros La casa abierta, conversaciones con 25 poetas y El Libro del Adiós, y coautora del título Saraperos: Los primeros 50 años de una gran historia.

Su trabajo se ha publicado en revistas de circulación nacional y en antologías de poesía, cuento y periodismo cultural. Entre sus reconocimientos destaca el Premio Estatal de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre”, que ha recibido en 14 ocasiones. En 2014 fue reconocida con el Premio de Trayectoria Cultural que otorga la Universidad Autónoma de Coahuila.