Sueldo del ex secretario de cultura, asesor honorario, 40 mil pesos por no hacer nada. Documento de la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas.
Contra todo discurso oficial, la realidad de la pandemia en Coahuila, en materia cultural, nos ha revelado una cosa: el desprecio y la subestima por el trabajo intelectual y artístico de cientos de creadores de la región.

Porque aún y cuando desde la Secretaría de Cultura Federal se destinaron millonarios montos destinados para solventar la grave situación de tantos y tantos creadores en situaciones críticas –suspendidos sus espacios y dinámicas para la realización, circulación y consumo de su quehacer- las instituciones  culturales de Coahuila, específicamente la SEC, le han fallado a sus creadores.
La realidad es contundente: decenas de creadores que desde todo el estado respondieron a la convocatoria para crear contenidos del programa “Cultura en línea”, convocados por la SEC, aún los realizados desde finales de marzo, hasta la fecha de esta columna –tres meses después- no han sido liquidados en los pagos de su servicios, a pesar de que el monto por la realización y edición de un video con algún contenido cultural –talleres, demostraciones, lecturas, investigación, capacitación, difusión- se recompensaba con la ridícula cantidad  de 2 mil pesos por video.

Las versiones
Mientras algunos artistas han elevado sus quejas  y diatribas mediante diversas redes sociales, una de las respuestas de la SEC es que algunos de estos creadores no han completado a cabalidad el trámite administrativo, con el requerimiento de decenas de requisitos.  Mientras la SEC Federal, que en su convocatoria similar de “Contigo en la distancia”, pagó a la semana siguiente de recibidos sus materiales 20 mil pesos por video mediante la firma de un simple recibo, su par estatal se ha entrampado en resquicios de tipo administrativo para no resolver la crítica situación de sus creadores.
Sobra decir que a la voluntad de éstos por ampliar y soportar la oferta cultural virtual de las instituciones, su esfuerzo no ha sido retribuido de manera recíproca y proporcional. Por parte de las instituciones ha faltado imaginación, voluntad y empatía con los sectores más desprotegidos de la comunidad artística.
La verdad es esta: en Coahuila –salvo contadísimas excepciones y administraciones- el trabajo intelectual, artístico y de creación ha sido visto desde las administraciones con un dejo de desinterés, poca empatía, subestima, y cualquier pago, retribución u honorario es visto casi casi como un favor.  La recompensa económica por una lectura, un dictamen, una presentación, una investigación, un texto, trabajo editorial, teatral, musical, casi siempre es en carácter de favor o mal pagado. Y cuando sucede el milagro de que éste sea retribuido, siempre es después de engorrosos y tardados trámites; con un retraso de meses.

 

Una cultura de la limosna
Parecerá exagerado manifestarlo, pero la historia reciente de la relación económica entre las instituciones de cultura de Coahuila y sus creadores es una historia de abuso, desintéres y explotación: usos y costumbres que casi emparentan la retribución al trabajo intelectual y artístico como una suerte de dádiva o limosna.
Un ejemplo personal: hace ya más de una década, que siendo becario del PECDA me tocó asistir a una ceremonia de entrega de estímulos a los ganadores de aquel año en el Patio Central de Palacio de Gobierno. Luego de los consabidos discursos y la parafernalia, todos los becarios se preguntaban, y ahora sí: ¿Dónde está mi beca? De la manera más desorganizada y provinciana, una secretaria del entonces Icocult atesoraba en su pecho el fajo de talones, corriendo asediada por los becarios que la perseguían como pollitos a una gallina: “la entrega va a ser allá en el Instituto”. Ya estando todos allá: “No, en Palacio de Gobierno”. Y así los trajo cruzando la calle de Juárez varias veces. Aquella persona disfrutaba su transitoria importancia: cómo si les fuera a regalar algo. Como si el dinero fuera de ella, y no el estímulo logrado por el mérito y los proyectos de los artistas, sino como una dádiva. Esa fue la cultura  y la relación entre artistas e instituciones durante muchos años.

Abismos
Por eso extraña la falta de imaginación y de interés por parte de los administrativos de la SEC para resolver de manera expedita la urgente necesidad de los artistas que sostienen hoy su oferta cultural virtual. Es extraño, porque cuando se ha tratado de creadores extranjeros, o cercanos a los funcionarios en turno, como ya se vio en administraciones recientes, con círculos de artistas apapachados, los estímulos, apoyos y pagos fueron generosos y prontos. Vamos, no es ningún secreto, las mil y una formas en que  en administraciones pasadas, algunos de sus mandos medios se aprovecharon de los sobrecostos y tratos con proveedores; o en casos más escandalosos, cuando las relaciones personales de sus mandos más altos se convirtieron en jugosos convenios con editoriales importantes, sin que esto supusiera un obvio conflicto de interés: recordemos el caso Porrúa.
O, esto me lo comenta un músico free lance, el caso de aquel coordinador que pedía a los trabajadores artísticos facturas de hasta 60 mil pesos prestadas para que un diputado pudiera comprobar “sus gastos de gasolina”. La historia de todos esos recovecos administrativos lo ha demostrado: Cuando se quiere, se puede.
Y finalmente, mientras los verdaderos artistas claman en el desierto: un caso proverbial, el de un ex secretario de cultura, “asesor honorario”, cobrando un salario mensual de casi 40 mil pesos por no hacer nada: esto comprobable mediante documentos de la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas, en poder de quien esto escribe.
Otro matiz de la verdad es obvia: también los artistas tienen la culpa. Por dejados.
Ese es el panorama sobre del evidente desinterés del área administrativa de la Secretaría de Cultura ante la crisis y la contingencia de su comunidad artística.
¿Sería lo mismo si habláramos de Casa República?
¿Cuándo pagará lo justo y puntualmente la Secretaría de Cultura al esfuerzo, la imaginación y el talento de sus artistas?


alejandroperezcervantes@hotmail.com
Twitter: @perezcervantes7

Alejandro Pérez Cervantes

Alejandro Pérez Cervantes

Es periodista cultural y escritor. Doctor en Arte y Teoría Crítica y Maestro en diseño editorial por la Universidad de Monterrey. Es Colaborador de medios como Día Siete, Sin embargo, Replicante, La Jornada, Nexos, Literal y Relatos e historias. Premio Nacional de Cuento Julio Torri 2007 con Murania, autor del libro de textos periodísticos El muro y la grieta y el libro de ensayos sobre fotografía Los estatutos de la mirada. Profesor Investigador en la Universidad Autónoma de Coahuila y coordinador de estudios literarios en la Universidad Iberoamericana Campus Saltillo, ha sido curador de proyectos sobre fotografía documental. Su novela Lengua de plata, de próxima aparición, fue finalista del Premio Internacional de Novela Lipp en el año 2017.