En la piel de. Alejandro Tomasi le da vida a diversos personajes y pasa del humor al miedo. Fotos: Omar Saucedo
Dos actores, tres sillas, un baúl, y un impecable diseño de luces y sonido, fueron la base para darle a Saltillo una escalofriante noche con “La Dama de Negro”

Dos actores, tres sillas, un baúl, y un impecable diseño de luces y sonido, fueron la base para darle a Saltillo una escalofriante noche con “La Dama de Negro”.

El primer actor, Alejandro Tommasi, con su magistral trabajo nos guió de lo divertido a lo aterrador,  interpretando él mismo a varios personajes en el relato de la experiencia sobrenatural de Arthur Kipps que termina en tragedia. El buen trabajo del actor se mezcló con el apoyo del juego de luces y sonido diseñados para esta obra, lo suficiente para situar al público junto con él en una transitada calle londinense, una oficina, una estación de ferrocarril, un tren de pasajeros, un pueblo sin niños...

Dirección. El maestro Rafael Perrín también es parte de esta obra.

El público se ve atrapado en la trama para de pronto ser testigos de lo que vendrá, sólo que en tiempos donde las personas son cada vez más escépticas al momento de ser entretenidas, es necesario ponerles enfrente algo que supere lo común antes de que se distraigan con algún gadget, y Alejandro Tommasi lo logra sin aparente esfuerzo. No por nada es un histrión que ha recibido nominaciones y reconocimientos durante su larga trayectoria, por papeles que van de ser entrañables a inquietar y provocar emociones como cualquier villano, todos siendo pieza importante en el engranaje de la trama en cada obra, película, telenovela y serie en las que ha participado.

Basta estar atentos a un actor de su nivel mientras dice sus parlamentos para convencerse de estar frente a Arthur Kipps, un hombre que busca contar una historia para librar a su familia de una maldición, luego la misma persona salta sin previo aviso para ser un empleado poco capaz, un jefe iracundo, un cocinero italiano, el conductor de carruaje, y cuanto personaje sea necesario para bien contar su historia.

 Esos cambios entre personajes suceden así de rápido como se lee y es posible creerlo porque están bien definidos y delimitados por un carácter único, lenguaje corporal y personalidad propios de cada individuo, cosa que es posible lograr si tienes una capacidad actoral sustentada por años de experiencia.

Ciertamente el público debe poner su imaginación al servicio del relato, pero esto es sencillo gracias al juego de luces, sombras, y sonido diseñado para lograr el efecto buscado en cada momento. Para nada es difícil acompañar a Kipps en espacios que cambian con la necesaria precisión de una obra que no da descanso, lo mismo da un momento para reír y romper la tensión que te lleva a un ritmo vertiginoso al siguiente lugar, al siguiente hecho.

Cuando a un trabajo de ésta índole le das un espacio en tu imaginación, si te olvidas sólo un poco del escepticismo y te dejas convencer por las palabras y actitudes que están sobre el escenario te ves transportado lejos de lo cotidiano y, durante un par de horas, vuelves a ser el niño que se pierde en un relato de fantasmas que escucha por primera vez, sobre todo si es uno bien estructurado y que te da una nueva pista justo antes de la pausa apenas necesaria para digerir lo que vas escuchando.

No es sorpresa saber que, las de éste año, son representaciones que celebran el 25 aniversario de una puesta en escena que sitúa a toda la audiencia en una oficina lejana de todo peligro, un tren que nos lleva sin remedio hacia el misterio, un pantano que te hace sentir aislado e imposibilitado de ser rescatado, un cementerio del cual quisieras salir corriendo, o el interior de una mansión abandonada que paradójicamente alberga todos tus miedos nocturnos.

Empieza a ser inquietante cómo sin darte cuenta estás totalmente en silencio, inmerso en un relato que ya resulta escalofriante, expectante de saber si hay o no un espectro, o una Dama de Negro junto a ti.

El evento completo tuvo un emotivo cierre con la develación a cargo de Toño Moreno de la placa conmemorativa del mencionado aniversario, con los responsables de tal experiencia dando la cara al público para recibir el merecido aplauso y prometer regresar el siguiente año a presentar una pieza teatral que, sin dudarlo, quienes la vivimos recomendamos y veríamos de nuevo.

La maldición se cumple. Se cuenta la historia de Arthur Kipps, un hombre que en su juventud tuvo que visitar una casa abandonada, que esconde un oscuro y cruel secreto.