Especial

Tal vez sea casualidad que el gramema de este sustantivo sea femenino, pero hoy pareciera que nos pertenece de un modo especial. Como si las madres fueran las primeras en sentir dentro de ellas la danza desde su vientre: como la madre tierra siente nuestros pasos, nuestros movimientos y nuestros silencios.

La verdad es que la Danza siempre es generosa, abierta, equitativa, y no distingue género ni condición: es para todas, o todos, o “todes”.

Si bien es cierto que desde que el ser humano danzaba en torno al fuego no parece haber registro de una participación diferenciada entre hombres y mujeres, sí podemos hablar del protagonismo de las doncellas en las denominadas danzas arcaicas: las orientales (de China y Japón), indias, egipcias, hebreas, griegas y romanas; la mujer como sacerdotisa, elegida para comunicarse con la deidad: Shiva, Hator, Yhavé, Dionisio o Baco, con los ancestros y con los espíritus protectores, ¿será por su profundidad interior? ¿por la belleza y pureza de su espíritu? ¿por lo refinado de sus cuerpos y sus movimientos, que ataviados en transparentes túnicas dejaban ver las líneas y trazos que la perfección del cuerpo humano puede dibujar? Esa misma libertad y frescura con la que las campesinas en los feudos bailaban alrededor del primer árbol que florecía en primavera. Tal vez fue ahí, cuando la represiva Iglesia medieval, lo convirtió en pecado, y censuró, apresó y quemó vivas a las “brujas” que danzaban a la luz de la luna recordando a sus hijos, que habían sido arrebatados por la peste, o por la sangrienta guerra entre moros y cristianos.

Aunque es cierto que siglos más tarde, el Rey Sol le otorgaría el primer gran impulso a la danza creando la primera Academia, incluyéndola en el entrenamiento de los soldados como parte de su formación, lamentablemente, instaló también la exclusividad masculina para su ejecución. Por años, sólo los varones aparecían en los espectaculares montajes de Beauchamp con música de Lully. Fue hasta 1681 cuando la bailarina francesa Mme De La Fontaine pudo pisar esos escenarios, precisamente en el ballet “El Triunfo del Amor”.

Desde entonces una larga lista de grandes mujeres ha desfilado por los más variados foros: desde María Taglioni, Ana Pavlova, Isadora Duncan, Martha Graham, Alicia Alonso, Pina Baush, nuestras afamadas nacionalistas, Josefina Lavalle, Amalia Hernández, Pilar Rioja, Guillermina Bravo, Cora Flores, Gloria y Nellie Campobello, entre muchas grandes mujeres que han dado nombre a la Danza en México y en el mundo.

Más allá de la polémica, del paro o de la triste comercialización de lo que desvirtuó en un “festejo”, hoy proclamamos la igualdad, respetando las diferencias. Honramos y recordamos a Lisístrata que desde la antigua Grecia encabezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra;  a las mujeres parisinas que en 1789, en plena Revolución Francesa, marcharon a Versalles gritando “libertad, igualdad y fraternidad”  y por supuesto, a las más de 200 mujeres trabajadoras que reclamaron en 1908 por la reducción de la jornada laboral a 10 horas, y el permiso para amamantar a sus bebés; por las 146 mujeres calcinadas en el incendio intencional en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York, por los millones de mujeres que aún en nuestros días son discriminadas, violentadas, mutiladas, desaparecidas. Por las que han perdido su vida… por las que siguen luchando por defender la propia y la de sus hermanas…  por que podamos protegernos… por que sigamos moviéndonos… por la sororidad… por que todas seamos una.