Este fin de semana llega a gran parte de las salas de cine de México, incluyendo las de Saltillo, el estreno nacional de la película “El baile de los 41”, de David Pablos.

El filme que recrea un episodio poco conocido de nuestra historia en el que se vio involucrado el yerno del presidente Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre, en el cual el 18 de noviembre de 1901 fue arrestado junto a otros 41 homosexuales durante una fiesta clandestina en la que la mayoría estaban vestidos de mujer, es, para la fortuna de una sociedad que se presume libre y soberana, un paso adelante para visibilizar a esta comunidad que a pesar de los avances que ha conseguido a lo largo de su historia, se había visto difícilmente reflejada salvo los casos extraordinarios de cineastas transgresores como el maestro Jaime Humberto Hermosillo, quien luego de ser muy mesurado en cuanto a los temas de la diversidad sexual en el echeverrismo, la censura de Margarita López Portillo terminó por liberarlo.

Este fin de semana estrena en México la cinta 'El baile de los 41'.

Así fue como, aunque filmó en la clandestinidad del lopezportilismo un clásico de la diversidad sexual como lo fue “Las apariencias engañan”, estrenada comercialmente en el año de 1983 y protagonizada por la bomba sexual que todavía en ese momento era Isela Vega interpretando un personaje intersexual, el resto del siglo XX la comunidad gay solo era retratada con muy lamentables estereotipos de obvios afeminados como los que eran recurrentes para el actor y comediante Jorge Ortiz de Pinedo en biopics que fueron de ”Gavilán o Paloma” (Alfredo Gurrola,  1985) a “Pero sigo siendo el rey” (René Cardona Jr., 1988), y a pesar del alentador “nuevo cine mexicano” de los 90 que dio la bienvenida a laureados cineastas como Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro, el cine mexicano brilló por su ausencia. 

Un clásico de la diversidad sexual fue “Las apariencias engañan”, estrenada comercialmente en el año de 1983.

Salvo el caso extraordinario de aquel período de tiempo que fue la descentralizada “En el paraíso no existe el dolor”, del cineasta regiomontano Víctor Saca estrenada en 1995, no fue sino hasta el inicio del nuevo milenio que la llegada de un cineasta de la talla de Julián Hernández a partir de su ópera prima “Mil nubes de paz surcan el cielo, amor, jamás dejarás de ser amor”, del 2003, que dio a México por primera vez el premio Teddy que el Festival Internacional de Cine de Berlín entrega desde 1987 a películas con protagonistas lesbianas, gays o trans, que las historias sobre diversidad sexual fueron reflejándose cada vez más en nuestro cine cerrando esa primera década del siglo XXI con un segundo Teddy por su tercer largometraje “Rabioso sol, rabioso cielo”, del 2009.

 

“En el paraíso no existe el dolor”, del cineasta regiomontano Víctor Saca estrenó en 1995.

Es por todo esto motivo de orgullo que, tal y como lo mencioné hace justo quince días en estos espacios cuando se estrenó por canal 22, el documental de mi autoría “Nadie es libre” haya seleccionado, junto a la ópera prima del cineasta también mencionado a principios de este comentario David Pablos, “La vida después” y los trabajos de otros colegas e incluso amigos más para formar parte del Festival Mix: Cine y Diversidad Sexual, en la edición número 24 de su existencia, dentro del apartado de “La década del 2010: La época de oro del cine LGBT”, que desde el pasado jueves 19, coincidiendo precisamente con el estreno de “El baile de los 41”, y hasta el día de mañana domingo 22, la plataforma de IMCINE Film in Latino (www.filminlatino.mx) los pone a disposición de los grandes públicos de manera gratuita.

Así que bien sea en las salas de cine, respetando las medidas sanitarias necesarias, o en la comodidad del hogar, acompáñenos a festejar la libertad de que estos temas se reflejen en nuestra cinematografía.

La ópera prima de David Pablos, “La vida después”, también marcó un precedente.

Comentarios a: galindo.alfredo@gmail.com; Twitter: @AlfredoGalindo