No solamente han perdido prestigio, también identidad y cordura a la hora de realizar contrataciones. El magnífico plan de trabajo de Rodrigo Ares de Parga, en el que la combinación de jugadores de cantera y extranjeros de calidad, se prostituyó. Fue un mecanismo que resultó efímero por presiones deportivas o de promotores audaces, quienes ven en Pumas un lugar idóneo para ganar dinero.

Ares de Parga se fue dejando a un directivo que en su época en el América echó todo a perder, a costillas de Michel Bauer. Con el exentrenador Jesús Ramírez, las Águilas vivieron las peores pesadillas deportivas posibles por la incapacidad de tener jugadores correctos para el hoy equipo subcampeón del futbol mexicano. La directiva de Coapa corrigió y regresaron los tiempos de bonanza deportiva, de un real protagonismo y situaron de nuevo al equipo donde debe estar. En Pumas parece lo contrario, tanto Ares de Parga como Leopoldo Silva Gutiérrez, actual presidente del Patronato que rige al equipo, no aprendieron en cabeza ajena y le han dado a su conjunto algo impensable: se ha vuelto completamente intrascendente. Doloroso para uno de los llamados “cuatro grandes”.

Los universitarios han perdido afición y parece que no les molesta. Se sienten cómodos en el mundo de la intrascendencia futbolística y quienes presionaban cuando las cosas eran como hoy, se han quedado callados. Aficionados reales que cada 15 días van a Ciudad Universitaria y —curiosamente— el silencio los ha caracterizado en los últimos tiempos.

Siguen debilitando al equipo, y lo peor es que jugadores que no están hechos en CU siguen llegando por montones, como si ya no importara contratar a un exfutbolista del América o a un ex del Guadalajara. Alarmante debe ser para la cantera universitaria tener que contratar a un jugador hecho en las fuerzas básicas del Atlas, como son los casos de Juan Pablo Vigón y Martín Barragán. Esa no debería ser la política de los Pumas, nunca.

Si bien fue precipitado debutar a futbolistas como Alan Mozo, Andrés Iniestra, Luis Fernando Quintana, Pablo Jáquez y Bryan Mendoza, pero era entendible porque —por lo menos— eran productos de su cantera. Afianzarlos debió ser la idea deportiva de este club, no seguir trayendo mexicanos insignificantes de otros equipos, por la desesperación de ganar algo.

Si van a ser formativos, que lo sean de verdad, no a medias tintas, y sobre todo intentar regresar a futbolistas a la Selección Nacional, algo que era común cuando había directivos honestos y capaces en la institución.

Regresar a futbolistas como Pablo Barrera y David Cabrera, además de seguir manteniendo a Alfredo Saldívar, no es una mala estrategia. Pese a la veteranía, saben perfectamente de lo que se tratar ser universitario; es más, Jesús Gallardo, tras la reciente final ganada ante el América —como futbolista del Monterrey— demostró mucha más sangre puma, que los actuales directivos de este equipo, porque hoy han dejado de ser un equipo del que se hable en los medios de comunicación. Ya da lo mismo.