Demasiado escándalo mediático se armó por una supuesta fiesta hot de algunos jugadores del Tri previo al viaje de la delegación a Europa.

Al final del día, estas historias de sexo y alcohol que envuelven al seleccionado preocupan más a ciertos periodistas que al grueso de la gente. Como “el morbo vende” -dicen “ilustrados” colegas-, una frivolidad de éstas no puede pasar inadvertida.

Cada quién tendrá sus razones para tratar un evento de esta naturaleza con el criterio y la línea periodística que comulga.

Sin embargo, el problema aparece cuando se emiten juicios basados en códigos morales que ni siquiera algunos mortales que trabajan en medios, sin ser futbolistas y siendo también personas públicas, puede que tampoco lo tengan.

Aquí es cuando se ingresa en un terreno pantanoso donde se estigmatiza al jugador profesional como único ser con más obligaciones que derechos, y quien debe estar sujeto a conductas ejemplares como patrón de supervivencia en un ambiente altamente poroso para el escrutinio mediático.

El jugador de futbol tiene derecho a hacer lo que quiera con su vida privada o en su día libre. Muy distinto es si comportamientos irresponsables alteran la convivencia de una concentración del equipo como sí ha ocurrido con el Tri, por ejemplo, en la escala en Quito, Ecuador, previo a la Copa América de Argentina en 2011.

El detalle es que el supuesto último suceso -publicado por una revista que vende morbo (y humo)- no ha sido tan categórico por el hecho en sí, sino que aquí se mezclaron los antecedentes de otras situaciones similares, muchas de ellas también discutibles.

Enlazar, a priori, esta supuesta fiesta con el resultado de México en el Mundial es, cuando menos, una estupidez. En todo caso, al jugador hay que medirlo y criticarlo en la cancha en cualquiera de las vertientes.

Los futbolistas, como cualquier persona, hacen fiestas. Incluso hasta dos días antes de los partidos (jueves social), pero como no sale a luz pública, nadie se entera.

“Cualquier entrenador sabe de estas cosas. A mí me ha pasado hasta en lo hoteles en Monterrey y Guadalajara, un día antes de los juegos. Los chavos ya traen su movida desde antes, ni como controlarlos”, me cuenta un técnico de la Liga MX.

Por lo tanto, el único que se quema en todo este relajo es el jugador. Es su responsabilidad si se mete o no con mujeres en sus noches libres.

Como periodistas es nuestra responsabilidad cuestionar o no su funcionamiento en el campo, o acciones que dentro del futbol le competen.

Escarbar en la vida privada o íntima de un profesional es muy complejo porque abre las puertas a ciertas vulnerabilidades con el riesgo de caer en el periodismo basura. Nada menos que el efecto inverso.