La necesidad de contener la pandemia en la región latinoamericana ha colapsado más la actividad económica, y los países de esta parte del mundo no tienen la capacidad de las economías avanzadas para hacerse de los recursos necesarios y, para colmo, tienen altos niveles de informalidad. México no está exento de ello.

El Banco Mundial (BM) lo acaba de publicar en su Informe Semestral de la Región de América Latina y el Caribe, abril 2020. Las expectativas no son nada alentadoras. Plantea que la región en 2019 ya traía un mal desempeño de la economía y el COVID-19 lo vino a agravar. Y si le añades la caída de los precios del petróleo y del turismo, entre otros factores, la situación se torna muy preocupante. En palabras del BM: “las dificultades de la crisis serán enormes para grandes segmentos de la población”. Le pregunté a una señora que trabaja realizando actividades domésticas, en Torreón, Coahuila: “¿cómo le ha ido?, me dijo que a ella bien, pero que su marido llevaba toda la cuarentena sin tener trabajo, que no sacan ni para vivir al día. Así están grandes sectores de la población, no tienen recursos para afrontar el “quédate en casa”. Que su hijo que vive en Estados Unidos tampoco les ha podido ayudar porque no tiene trabajo. Según el BM, hay muchos hogares mexicanos que dependen de las remesas norteamericanas, pero “están colapsando” debido a la paralización de la actividad económica en el país del norte.

Para abordar la dimensión social de la crisis, el Banco Mundial en esta coyuntura propone “proteger a los trabajadores en lugar de los trabajos”, debido a que “el capital humano específico de la actividad podría perderse, y aumentar la producción más adelante podría ser más difícil”, y para cuando haya que reactivar la economía la situación se complicará. Varios ingenieros en la región sureste de Coahuila me han compartido que ellos trabajan desde sus casas, pero que la empresa sólo les paga el 50 por ciento, ello es una forma de mantener a los trabajadores. Pero también hay despedidos.

El BM considera que las empresas deben recibir el apoyo del gobierno “a cambio del compromiso de mantener a sus trabajadores”. Que en esta crisis las pérdidas deben centralizarse en los gobiernos, pero que en el caso de América Latina hay países, los cuales no tienen a donde recurrir. Además hay pequeñas empresas y trabajadores que también “viven al día”. Un ejidatario de Viesca, Coahuila, me platicaba que él se regresó a su comunidad porque su trabajo de soldador se había acabado y que mejor en estos días anda haciendo carbón para sobrevivir. Y su hermano que trabaja en Torreón, en un Uber, nos participaba que él anda ganando la mitad. El otro hermano que es profesor decía que es una bendición su trabajo porque ellos están en sus casas y quincena a quincena les depositan su sueldo.

Sin duda la situación demanda una adecuada gestión de la crisis, lo que exige un pacto social. El Banco Mundial lo plantea de la siguiente forma: “abordar las necesidades inmediatas y trazar el camino hacia una recuperación fuerte y sostenible. Las acciones de emergencia bien definidas son un avance en esta dirección”, pero con “una visión de largo plazo”.

La salida después de la pandemia propuesta por académicos europeos, se basa en el principio del decrecimiento y una vida más austera. En su planteamiento está el reemplazo del modelo de desarrollo actual dirigido al crecimiento genérico del PIB, a través de un modelo que distingue entre sectores que pueden crecer y necesitan inversiones (los llamados sectores públicos cruciales, energía limpia, educación y cuidado) y sectores que necesitan reducirse radicalmente, dado que falta sostenibilidad o su papel es fundamental en la conducción excesiva al consumo (como los sectores de petróleo, gas, minería y publicidad). Cosa que en México vamos al revés. Una política económica de redistribución, que prevea una renta básica universal, integrada en una política social sólida. Transitar a una agricultura circular basada en la conservación de la biodiversidad, producción de alimentos sostenible y empleo con condiciones laborales justas. Sostienen que la pregunta ya no es si debemos tomar estos pasos, sino cómo lo haremos para que las crisis futuras sean menos difíciles y generen menos miedo o incluso eviten otra crisis.

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Salvador Hernández Vélez

Columna: Fractalidades