“Con la recesión geopolítica, la posibilidad de grandes conflictos entre Estados es ahora real…”
Ian Bremmer

El mundo inicia una nueva etapa. Mañana jura como presidente de Estados Unidos Donald Trump. Lo hará ante una mayoría republicana de 52 senadores y 243 representantes, muchos de ellos aupados por el vendaval neoderechista que azota a la Unión Americana y a otros países en varios continentes.

De lo que podrá suceder a partir del 20 de enero ya se ha comentado mucho. Trump produjo abundante material para el análisis prospectivo en sus mensajes de Twitter, con sus exabruptos frente los medios, en sus discursos de campaña y postcampaña. Sus imprudentes llamadas telefónicas, las designaciones de los miembros de su gabinete, las fricciones con el aparato de inteligencia y, sobre todo, las medidas contenidas en su programa de acción para los primeros 100 días, detallado en el Contract whit the American Voter para hacer realidad su lema Make America Great Again, proporcionaron elementos suficientes para dibujar el preocupante escenario que Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, llamó recesión geopolítica o mundo del G-Cero (Financiero 10 enero 17).

Faltan pocas horas para dejar las especulaciones y pasar al estudio de su primer mensaje como Presidente. Tendremos datos duros. En sus discursos inaugurales los presidentes estadounidenses plasman la visión sobre su país y el mundo; exponen la misión que le corresponde a su nación en la convivencia internacional y marcan sus territorios para definir aliados, socios y enemigos.

Un marco de referencia útil e imprescindible para ese análisis, es el texto de Henry Kissinger Orden Mundial (Debate, México, 2016). Apunta: “la búsqueda contemporánea del orden mundial requerirá una estrategia coherente para establecer un concepto de orden dentro de las diversas regiones y relacionar esos órdenes regionales entre sí. Estas metas no son necesariamente idénticas ni están destinadas a conciliarse entre sí espontáneamente…”.

Sostiene que si Estados Unidos quieren desempeñar un papel responsable en la evolución del orden mundial del siglo 21, sus hacedores de política internacional deben responder esta batería de interrogantes:

1. ¿Qué queremos prevenir?, para definir la condición mínima de supervivencia. 2. ¿Qué queremos lograr sin contar con ningún apoyo multilateral?, para definir los objetivos mínimos de la estrategia nacional. 3. ¿Qué queremos lograr o prevenir, sólo si contamos con el apoyo de una alianza?, para definir los límites externos de las aspiraciones estratégicas del país como parte de un sistema global. 4. ¿En qué no debemos involucrarnos aunque un grupo multilateral o una alianza nos urgiera a hacerlo? para definir los límites de la participación estadounidense en el orden mundial. 5. ¿Cuál es la naturaleza de los valores que queremos difundir. ¿Qué aplicaciones dependen en parte de las circunstancias? Esta matriz estratégica del exsecretario de Estado estadounidense puede servir como telón de fondo para aquilatar el alcance del muy esperado primer mensaje del presidente Trump.

En la glosa del discurso también conviene tener en cuenta lo que sostiene Jesús Velasco en La Derecha radical en el Partido Republicano, de Reagan a Trump (FCE, Chile, 2016) al comentar las posturas de quienes compitieron por la nominación republicana: Rubio, Cruz, Trump: “El desconcierto generado por las palabras de estos candidatos tiene una lógica: la agudización de la crisis política que padece Estados Unidos desde finales de la década de 1960 y principios de 1970. Es la trayectoria y característica de esta crisis las que nos permiten comprender a cabalidad lo que actualmente acontece en EU…”. Crisis, por cierto, muy poco estudiada en México y que ahora nos envuelve.

@L_FBravoMena