Dos mil ochenta escalones de concreto se enfilan desde la orilla del boulevard Otilio González y pretenden llegar hasta la cima de la Sierra de Zapalinamé fueron construidos por iniciativa del Sr. Raúl de la Peña, con el objetivo de dejar su legado a la ciudad. Lleva dos años construyendo, incluso desea cimentar unos pequeños iglús de concreto para que la gente acampe. 

Esta situación se hizo viral en redes sociales y abrió una polémica. Por un lado, la gente que elogia la iniciativa, cientos de personas que ahora tienen el interés de conocer “tan hermosa maravilla”, calificándolo de un gran proyecto ecológico y atractivo turístico, con grandes beneficios recreativos y deportivos. Todos comparten la publicación, se apuntan y etiquetan diciendo “vamos”, “espectacular”. Como si antes de las escaleras, no supieran que existe la Sierra y es maravillosa por sí misma. Por otro lado, quienes defendemos el valor ambiental de la zona, descalificamos la intervención en el ecosistema y hacemos notar el daño de la flora y fauna, la ilegalidad de esta acción, así como la nula utilidad de tener escalones en la montaña. 

La escalera la construyen dentro de la Reserva Natural Estatal Sierra de Zapalinamé, que por decreto regula cualquier intervención, construcción, aprovechamiento o actividad que se realice en la zona, la cual debe contar con estudios y autorización de instancias ambientales, incluso en propiedades privadas. Y ¿por qué tantas prohibiciones? Porque esa zona es prioritaria por los servicios ambientales que lleva a cabo, la riqueza en flora y fauna endémica y sobre todo porque permite la filtración de agua a los acuíferos que abastecen a Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga. 

Esto ejemplifica la Tragedia de los Comunes, una especie de parábola que describe una situación en la cual varios individuos, motivados por el interés personal y actuando independiente y racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el bien común) aunque en realidad, a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda. Nos sirve para analizar el conflicto social que permanentemente existe sobre los recursos naturales, la responsabilidad, la libertad de actuar y la eficiencia del gobierno para intervenir. 

Las interrogantes que genera la escalera al cielo: 

Si esta información seguramente de antemano la conocía el Sr. Peña ¿por qué aún así decidió hacerlo? ¿Por qué no considera suficiente legado conservar la Sierra? ¿Qué interés individual hay detrás? Ya declaró incluso que quiere vender su predio a alguna asociación ambiental o cobrar la entrada en fines de semana.

Les pregunto a esos cientos de personas que describen como una “maravilla” esta construcción” ¿No habían visto lo espectacular que es nuestra Sierra antes de las escaleras? ¿Conocen el valor ambiental y los servicios que aporta esta zona para los habitantes de Saltillo y las razones por las cuales entre menos intervengamos es mejor?  Algunos deportistas lo defienden como un buen sitio para entrenar, ¿No lo era antes de tener concreto? El auténtico montañista entiende el valor de la Naturaleza y uno de sus principios es no dejar huella en su andar, conservar y respetar. A quienes dicen que en la zona “no hay nada” sólo por no tener árboles ¿Sabían que el ecosistema es de los más ricos en especies endémicas de flora y fauna? Por eso no se debe introducir cualquier especie para reforestar, además ¿Sabían que el concreto contribuye más al calentamiento global?

¿Por qué si Profauna es la institución encargada de vigilar esta zona y hacer recorridos permanentes no se había percatado de tan grande intervención e incumplimiento del decreto? Llevan dos años construyendo. Deja de manifiesto la ineficiencia institucional y los ciudadanos acertadamente arremeten argumentando que hay asentamientos irregulares y constructoras que hacen mucho más daño y no los detienen y a esta obra de “buena fe” la quieren parar. 

La interrogante más importante y Ahora... ¿Qué van a hacer?

Zapalinamé, es un ícono del desarrollo sustentable para Coahuila. Esta situación deja de manifiesto claramente la complejidad de los problemas ambientales y la interacción multidimensional entre lo socio-cultural, económico, ambiental, urbano e institucional que es necesario tomar en cuenta para diseñar e implementar un proyecto o actividad “ecológica”. 

Los involucrados en esto, siéntense a hablar, a coordinarse efectivamente, subsanar las cosas que se han hecho mal, hagan sinergia y definan las acciones de verdadera conservación. Es por el bien de todos, incluso de futuras generaciones.