El historiador y periodista Javier Villarreal Lozano, uno de los estudiosos más acuciosos de Venustiano Carranza describe al “Barón de Cuatrociénegas” como un personaje casi místico, alguien con un llamado superior a favor de la patria. Y es que Venustiano Carranza Garza, cieneguense de nacimiento, recorrió toda la escalera de cargos públicos: desde Presidente Municipal, diputado, senador, Gobernador de Coahuila y finalmente Presidente de México. Ese conocimiento en los gobiernos locales lo llevó a contar con “La Experiencia Regional” a la que hace mención don Javier Villarreal en su obra.

Como Presidente Municipal gobernaba no más de dos mil cieneguenses. Ahí conoció de cerca los problemas locales y la fortaleza del núcleo municipal. En su paso como legislador, entendió la necesidad de los consensos y su fragilidad ante los grandes intereses. Como Gobernador padeció al centro en las épocas en que todo, todo se decidía en la capital del País.

El periodista Javier Villarreal Lozano describe a un Carranza de cuerpo entero. Un hombre austero, con capacidad de remontar con trabajo la poca fortuna de una tierra que por sus desiertos puede rayar en lo hostil. Un hombre de compromisos; Carranza apoya a Francisco I. Madero tras los inicios del Plan de San Luis y éste lo hace Ministro de Guerra. Tras el artero crimen del mártir, Carranza lanza el Plan de Guadalupe en donde casi en actitud de suicidio político y militar se subleva en contra de Victoriano Huerta. Obsesionado con el orden legal, Carranza aducía que las acciones del tirano contravenían el espíritu de la Constitución de 1857, jurada también un cinco de febrero.

Encabezando al norte, Carranza derrota a las fuerzas huertistas e inicia el esfuerzo más grande por dar cauce legal a las demandas que habían sido la causa de la sangrienta revolución: jornada laboral de ocho horas, educación laica y gratuita, las bases para el reparto de las tierras, el control de nuestros recursos naturales y los derechos sociales hasta entonces casi inexistentes. Carranza era un hombre culto que conocía los otros dos grandes movimientos liberales de finales del Siglo 19: la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa.

Hoy se cumplen 162 años de la promulgación de la Constitución de 1857 y 102 años de la promulgación de la Constitución vigente. Y aunque todos sabemos que las leyes no solucionan por sí mismas los problemas y fallas que tenemos los seres humanos, también es cierto que sin estas sería imposible intentar gobernarnos y comportarnos dentro de los límites permitidos. En ambas constituciones precedió un largo y sangriento proceso en donde las diferencias políticas se dirimieron con las armas.

En el caso de la Revolución de principios del siglo pasado se contaron un millón de víctimas, entre muertos, heridos, desaparecidos y desplazados. Pero Carranza tuvo la visión y el empeño de dar cauce legal a las exigencias de la Revolución. Ese día, el 5 de febrero de 1917, el trabajo y arduas discusiones de José María Cravioto, Félix Palavicini, Francisco Múgica, Heriberto Jara, Luis G. Monzón, Jorge E. Von Versen habían llegado a su final. Ellos eran los herederos de Ponciano Arriaga, Francisco Zarco, León Guzmán, Guillermo Prieto, José Santos Degollado, Manuel Doblado, Ignacio L. Vallarta, Vicente Riva Palacio, creadores de la constitución de 1857. Todos fueron poseedores de una vasta cultura y tenían gran conocimiento de los problemas nacionales y de las necesidades sociales del País. Pero en ambos casos, hoy perdidos en el recuerdo no dejan de ser más que nombres en las calles mexicanas. El filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, decía con sabiduría, que conocer nuestro pasado es el tema de nuestro tiempo, porque es la mejor forma de entender nuestro presente y programar nuestro futuro.

Carranza aceptó nuestra Carta Magna a pesar de que no habían triunfado muchos de los conceptos que él había promovido y poco después de las tresde la tarde de un día como hoy fue signada por el cieneguense que así se comprometía a respetarla. Empezábamos a dejar de ser un país anárquico, sin respeto por las leyes. Triunfaba la experiencia regional.

@marcosduranf