¿Podría ser que el procedimiento en contra de Trump sea todo un teatro para ganar votos? Esta puede ser la principal impresión de muchos, sin embargo, una impresión que hasta los últimos acontecimientos se puede estar desvaneciendo, pues las declaraciones de Bolton sobre el caso de Ucrania y el supuesto abuso de poder del presidente en turno para favorecerse personalmente, contrarrestarían este supuesto.

Desde los griegos, pasando por los romanos, incluso en la obra del gran Maquiavelo, pensador al que siempre se ha interpretado mal en su concepción de la política, se ha sostenido una relación entre la ética y la política. Sin duda esta relación puede ser tensa y llevarnos a contradicciones graves, pero lo que es claro es que siempre deben estar relacionadas. Cuando existe un divorcio entre ambas, la política deja de serlo para convertirse en tan solo una farsa que conduce a la ruina, a la guerra o a la desaparición de los imperios.

Lo que vemos actualmente en la vida estadounidense es un ejemplo de cómo se trata de definir si hay política o farsa. Efectivamente, el caso de Trump es paradigmático pues de lo que se trata es de definir si su gobierno ha estado guiado por el autointerés y la autopromoción o por los principios de una República.

Sin embargo, todo indica que la ecuación terminará en un mismo abismo: la demostración de un gobierno que se ha regido por los principios del egoísmo. ¿Por qué digo esto?, ¿por qué pienso que sea cual fuere el resultado, el total de la suma será el mismo?

Por un lado, pienso que aquellos que sospechan en que todo el procedimiento de enjuiciamiento ha sido una estrategia para ganar votos y salir victorioso en las elecciones, de tener razón, confirmarían el señalamiento por el cual, el procedimiento mismo fue levantado; fundamentalmente, el abuso de poder. Empero, y como dije al principio, a partir de las nuevas declaraciones del exasesor en seguridad nacional John Bolton, es plausible pensar que la sospecha se esté desvaneciendo. Aparentemente, a partir de las declaraciones de Bolton, se está analizando la posibilidad de que los testigos declaren en el juicio. De ser así, parecería que la farsa no era tal y que el procedimiento era genuino.

Sin embargo, por otro lado, si este procedimiento es genuino y resultan verdaderos todos los señalamientos que ex funcionarios de la actual administración y personas involucradas en los asuntos que lo componen, han hecho, la sumatoria es sencilla: es culpable de abuso de poder, otra vez.

En cualquier caso, lo que se comprueba es que la política de Trump es un reflejo fiel de qué sucede cuando la relación entre ética y política se obvia. Se desvanece. La ruptura de esta relación se da, fundamentalmente, cuando quien está al mando se tiraniza, se absolutiza o peor aún, se siente invencible. Afortunadamente, en la actualidad, existen recursos jurídicos y políticos propicios para lidiar con esta clase de desafortunados eventos (y personajes). Sin embargo, son esta clase de acciones realizadas desde la política las que han movilizado revoluciones y derrocado gobiernos y sistemas políticos enteros. Recordemos que la Francia de los luises terminó a causa de esta farsa, lo mismo que la Rusia zarista, incluso, podría decirse, que esto fue lo que quebró al imperio de Napoleón.

Pero, ¿siguiendo los ejemplos de la historia, la que nunca se equivoca, podríamos pensar que el gobierno de Trump no es la causa de un sólo hombre sino de todo un tiempo y de toda una generación? Si lo es, ¿podría significar que la farsa y no la política, ya se adueñó de la realidad estadounidense? De ser así, ¿estaremos observando el inicio de la caída de un imperio? Yo no lo creo.