Hace años Óscar Pimentel inició una feria del libro y encargó su dirección a Patricia Gutiérrez. Empezó de manera humilde como feriecita casi dedicada a literatura infantil. En unos años Patricia la amplió no sólo en tamaño, sino también en profundidad trayendo a personajes de alta calidad: historiadores, poetas, literatos, cantantes y de otras especialidades. Asimismo no dejó que el evento se encerrara en ideas o ideologías específicas, pues abrió la puerta a gente de distinto calado. Pronto se transformó en la Feria del Libro de Saltillo. Cuando tomó el poder el primer Moreira se le dio un buen auge presentando escritores de otros países: llegó mucha gente de Cuba y se instauró la Cátedra Alejo Carpentier. Se publicaron libros de cubanos y demás. Cambió el nombre por Feria Internacional del Libro de Saltillo. La relación con Cuba fue abrumadora, pero en general enviaron personas preparadas. Luego vendrían españoles, ecuatorianos y venezolanos: la idea de que el Gobierno y la feria eran de izquierda prevalecía en el ambiente.

Al tomar el lugar de su hermano, Rubén Moreira le dio mucha fuerza. Por una casualidad del destino o por la votación popular, estaba en la presidencia municipal un panista. El gobernador no podía aceptar que apareciera por ningún lugar la palabra “Saltillo” y sucedió algo curiosísimo, cambió el nombre de la feria. Su sede estaba en el nuevo campus de la Universidad Autónoma de Coahuila en Arteaga: la feria se nombró FILA dándole su bautismo arteaguense y dejando de lado a Saltillo.

Ahora, con Miguel Riquelme se le ha denominado FILC o sea “de Coahuila”. Sólo espero que el año entrante no aparezca como “Feria Internacional del Libro de Morena”.

Debo regresar a la feria en sí. No hay duda de que ha cambiado en mucho a Saltillo dándole profundidad a los temas, encontrando nuevos actores (han abundado las escritoras, para bien de todos) y temáticas. Recuerdo que a la Feria del Libro en Monterrey hacíamos viaje especial para ver novedades. Era muy buena, no debemos quitarle méritos. Teniendo el poderío económico que les caracteriza, no escatimaron nada para tratar de competir con Guadalajara. A Monterrey llegaban editoriales que jamás hemos visto en Saltillo y eso era importante. Sabemos que esa feria ha bajado la guardia con los pésimos gobernadores que han acosado al erario neoleonés en las últimas versiones.

Esta Feria de Coahuila me ha parecido bien organizada, muy variada y con no pocas sorpresas. Ha sido agradable recorrerla y consumir lo que ofrecen las editoriales, que es enorme para cualquier bolsillo que se respete. De cualquier manera, uno busca o simplemente observa, camina y regresa a aquello que su mente había escogido. ¡Grave error, a veces!, en efecto, mi cabeza seleccionó un libro antiguo, siglo 18, estuve calculando mis posibilidades; cuando regresé, el ejemplar había desaparecido entre las manos de alguien que tuvo más dinero que yo. Pero me alegra mucho que alguien de Saltillo haya comprado una traducción de la “Eneida”, de Virgilio, en versos clásicos. Mejor que se quede con quien la valoró. ¡Y que la aproveche!

Muchas de las presentaciones de libros o de autores tuvieron lugar mientras impartía mis clases, razón para no haber estado ahí. Ni modo. Gocé la plática de Juan Domingo Argüelles sobre el lenguaje (excelente, pero con pocos asistentes; esto no es culpa de los organizadores); fui a escuchar a José Gordon con su maravillosa conferencia en que entrelazó la poesía con la ciencia más avanzada del momento. ¡Increíble!, yo que ignoro tantas cosas de la Cuántica y demás, estuve atentísimo. Y cuando metió a Albert Einstein con Julio Cortázar o a Borges con los agujeros negros me sentí de lo mejor (soy borgeano, ni modo). La novela sobre el gran héroe mexicano que acogió a miles de españoles y judíos y les salvó la vida, Gilberto Bosques, fue agradable, sin ningún titubeo. Arturo Villarreal presentó dos libros. Nada más estuve en el primero y me agradó: fue sobre la Hacienda de Buenavista, al sur de Saltillo: léala. Y muchos más, para todos los gustos.

¡Felicidades a los organizadores! Y, por favor, dejen de cambiarle nombre.