Recientemente, el pasado 17 de octubre en México se celebraron 64 años de la reforma constitucional que por fin reconoció el sufragio de la mujer.

Este derecho que ya había sido demandado desde décadas atrás topó en seco en aquella clase política del México de antaño por el pensamiento y seguramente los prejuicios de la clase política aplastante de los hombres.

Hermila Galindo, quien fue defensora de los derechos de la mujer en el México revolucionario, quien por cierto fue secretaria particular de Venustiano Carranza, hizo llegar una propuesta de iniciativa firmada por varias mujeres para conceder el derecho al voto de la mujer en la Carta Magna de 1917.

La propuesta no prosperó.

Tuvieron que pasar muchos años más hasta que llegó el año 1953 para que la reforma esperada reconociera los derechos ciudadanos de las mujeres.

Posteriormente las mujeres llegaron también a los puestos públicos y aunque arribaron a un mundo machista, las cuotas de género en las leyes electorales y el principio constitucional de paridad han permitido que se inserten en los diversos ámbitos del servicio público.

Como puede verse, la lucha primero para votar y luego para ser votadas de las mujeres ha sido un largo camino plagado de dificultades.

Hoy, es otra historia, aunque no hace mucho quienes manejaban los partidos aprovechaban la imagen de las mujeres para colocarlas en las boletas, pero una vez que triunfaban algunas pedían licencia y le dejaban su curul a hombres. 

Esta práctica se bautizó como “Las Juanitas”, en alusión a aquel candidato del Partido del Trabajo Rafael Ponfilio Acosta Ángeles, alias “Juanito”, quien llegó a ser delegado de Iztapalapa, pero por un acuerdo con Andrés Manuel López Obrador dimitió para que su lugar fuera tomado por Clara Brugada. Aquí fue a la inversa, pero la práctica común fue suplir a las mujeres.

Afortunadamente el fenómeno fue combatido.

Hoy soplan otros vientos en todo el país en lo que se refiere a equidad de género y a paridad.

Coahuila es un ejemplo claro y a nivel nacional destaca porque a partir de la próxima 61 legislatura tendrá 14 diputadas y 11 diputados, algo sin precedente.

El artículo de portada de esta sección da cuenta de cómo esta próxima legislatura en el Palacio Legislativo tiene otros ingredientes históricos, pues además de tener una dominancia femenina, el PRI no tendrá la mayoría absoluta y las minorías podrían significar el fiel a la balanza a la hora de votar leyes y otros asuntos legislativos.

Volviendo a la participación de las mujeres que fueron electas para representar a la sociedad coahuilense, no cabe duda que hoy tienen una oportunidad valiosa para demostrar que cumplirán las expectativas y la confianza que depositó en ellas la mayoría.

Es de esperarse que las diputadas sigan avanzando en aspectos que tienen que ver con la paridad y la equidad, pero se espera que también asuman un protagonismo para impulsar avances en todos los ámbitos.

En esa legislatura que está por relevar a la actual, una diputada ya fue reelecta; si el resto de sus compañeras quieren emularla tendrán que aplicarse y hacer lo posible por trabajar representando al pueblo, más que para servir a su partido.