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¿Cuáles serían las armas de un conflicto comercial entre China y Estados Unidos, y quiénes serían sus principales víctimas?

Acero, aluminio y tecnología, son los tres elementos más probables a participar en el inicio de una guerra comercial a gran escala entre China y Estados Unidos.

“Las guerras comerciales son buenas y son fáciles de ganar”, dijo recientente el presidente estadounidense Donald Trump.

Pero, como le contestó el destacado columnista del diario New York Times, Paul Krugman,  Premio Nobel de Economía y reconocido opositor del presidente, “es al contrario: en realidad las guerras comerciales muy raramente son buenas y no son especialmente fáciles de ganar”.

Fueron los primeros cañonazos de una posible guerra económica.

Estados Unidos ya anunció restricciones arancelarias a sus importaciones por valor de 60 mil millones de dólares, centradas en las compras de aluminio y acero.

El objetivo central es China, pues EU dejó por fuera de las medidas a otros grandes jugadores de la economía mundial, como la Unión Europea y, más cercano a nosotros, a las tres grandes economías latinoamericanas: Brasil, México y Argentina.

En fin, Trump  anunció millonarios aranceles contra productos de China importados a Estados Unidos y aumentó los temores sobre una guerra basada en el comercio.

China ya anunció que se disponía a imponer aranceles sobre 3 mil millones de dólares de importaciones estadounidenses.

Y se reservó el derecho a expandir esos aranceles y emprender acciones legales contra Estados Unidos ante la Organización Mundial del Comercio.

El robo de tecnología

Uno de los detonantes inmediatos de la disputa es el área de la competencia tecnológica.

Trump repite la bien documentada denuncia de las violaciones a la propiedad intelectual por parte de las empresas chinas y dice que los aranceles son una especie de castigo a ese país por ‘robar’ avances tecnológicos estadounidenses.

Pero, como asegura Krugman, para presionar a China a respetar las normas internacionales sobre propiedad intelectual, Estados Unidos necesita de un consenso entre otras naciones industriales que enfrentan el mismo problema con la potencia asiática, que hoy se sienten alienadas por las constantes amenazas de acciones comerciales ofensivas que emanan de la Casa Blanca.

Los aranceles estadounidenses son notorios tanto por lo que penalizan como por lo que no. 

Específicamente, todavía no se aplican a las importaciones gigantescas de instrumentos de alta tecnología, como los teléfonos inteligentes, millones de los cuales son ensamblados en China.

Por más que compartan el nacionalismo económico de su presidente, pocos estadounidenses quedarían contentos con tener que pagar más por su iPhone por cuenta de los aranceles de Trump.

¿Un pleito simbólico?

Por el momento, es una guerra comercial que tiene un carácter más simbólico que real. Las medidas arancelarias apenas cubren una fracción del enorme intercambio comercial entre las dos economías principales del mundo, en donde se estima que Estados Unidos enfrenta un déficit comercial de más de 300 mil millones de dólares.

Las sanciones que China impuso a EU la semana pasada apenas cubren a 3 mil millones de dólares, de los 130 mil millones de dólares que exporta Estados Unidos a ese país, o sea menos de 3%.

El peso de las medidas, por el momento, se enfoca más en lo político que en lo comercial.

Las recientes disposiciones de la Casa Blanca establecen protección frente a las importaciones chinas a sectores industriales estadounidenses como el de la producción de acero, que tienden a estar situados en la región centro-norte del país, la misma que se convirtió en el inesperado bastión electoral de Trump en las elecciones de 2016.

Sin embargo, advierten los opositores a las medidas proteccionistas, también en esta zona están basadas las industrias automotrices estadounidenses, que sentirán el impacto de tener que comprar acero y aluminio a precios más altos por cuenta de la guerra económica de Trump.

Y si en el lado estadounidense se escogieran los productos cubiertos por los aranceles con cierto criterio político, esto también podría verse del lado chino.

China impuso medidas proteccionistas a productos estadounidenses como las nueces y el vino, producidas mayoritariamente en California, uno de los estados más influyentes y tal vez el núcleo de la oposición política a Trump.

Un problema expansionista

Nuevamente, los analistas insisten en que nos encontramos apenas en la primera fase de una serie de retaliaciones comerciales que se ven venir entre China y Estados Unidos.

La gran pregunta es ¿qué tanto se expandiría la guerra comercial? Los estudiosos de la historia económica traen a colación un nombre específico: Smoot-Hawley. Así se llamó una ley estadounidense que impuso en 1930 una serie de aranceles a la producción extranjera y que desencadenó una sucesión de medidas de respuesta proteccionista en Europa.

La Ley Smoot-Hawley fue el primero de una serie de dominós que cayeron y dieron al traste con el comercio mundial.

Muchos ven en esa medida a uno de los grandes culpables de la Gran Depresión mundial de los años 30s.

La reacción

Por supuesto, nada indica que el mundo tenga que recorrer inevitablemente el mismo camino esta vez. Por el contrario, Estados Unidos permanece plácidamente en una situación de desempleo casi inexistente. Su economía no ha dejado de crecer, lo mismo que las de los principales países de Asia y Europa.

Pero los mercados reaccionaron con marcado pesimismo a las noticias provenientes de Pekín y de Washington.

El índice de bolsa de Nikkei en Japón perdió 4.51% de su valor, y el de FTSE en Londres caía a mediados del viernes al punto más bajo en 15 meses. El equivalente australiano, el ASX200, se redujo en 2%. Y al final de la primera semana, Wall Street también se inclinaba hacia la baja.

La misma Organización Mundial del Comercio advirtió este viernes que crear barreras arancelarias afectará negativamente a la economía mundial. El jefe del organismo, Roberto Azevedo, ha llamado a un diálogo urgente.

Mientras tanto, el mundo estará atento a cómo reaccionan los mercados en los próximos días.

Hasta ahora nada está claro, ni siquiera la perspectiva de una expansión económica en una guerra comercial, que había sido prometida hace meses por Trump, pero que no por ello deja de preocupar a observadores en todo el mundo.(Luis Fajardo/BBC)

EL FUTURO DE LAS URBES

En la actualidad más de la mitad de los seres humanos vivimos en las ciudades y los pronósticos apuntan a que para el año 2050, siete de cada 10 personas tendrán su hogar en una ciudad.

De hecho, los expertos dicen que las ciudades jugarán un papel mucho más importante del que tienen en la actualidad.

Según los expertos, la geografía no será un impedimento para que se generen “poderosas alianzas urbanas internacionales”, que beneficiarán en gran medida a sus habitantes.

A continuación, algunas de las predicciones sobre el futuro de las grandes urbes.

1. La Generación C

La llamada “Generación C”, también conocida como ‘generación conectada’, será la sucesora de los millennials, pero esa nueva generación no tiene que ver con la edad, sino con la producción de contenidos digitales.

Lo interesante es que muchos de los nuevos trabajos y servicios  no solo serán locales sino que serán globales y sin restricciones geográficas.

Esa podría ser la mayor promesa de la digitalización en el largo plazo.

2. El poder citadino

Dado que las ciudades se han vuelto cada vez más independientes de los poderes centrales, y dado que generan una gran cantidad de riqueza e innovación, eso significa que se transformarán en laboratorios ideales para la búsqueda de soluciones realistas a los grandes desafíos de la sociedad.

“Las ciudades desperdician menos recursos per cápita en infraestructura y servicios. Eso las hace idealmente buenas para entregar soluciones realistas a los grandes desafíos globales”, dice un experto.

Por ejemplo, las ciudades son la mejor opción para proveer viviendas a una población que se espera llegue a los 9 mil 700 millones de personas para 2050.

3. Se expandirán por el mundo

Incluso los negocios pequeños se convertirán en empresas globales. En la medida que las plataformas digitales crezcan y las rutas de distribución sigan desarrollándose, cualquier compañía, sin importar su escala, podrá conquistar el mundo, con solo tener el producto o la idea adecuada.

EL DATO

130 mil millones de dólares exporta Estados Unidos a China