Fotos: Alejandro Rodríguez / VANGUARDIA
El artista mexicano intervino la sede de los Servicios Estéticos Personalizados con una obra que hizo del espacio libre su hospedaje

Servicios Estéticos Personalizados (SEP), un estudio artístico en el Centro Histórico de Saltillo, está infectado. No se trata de la pandemia de COVID-19, sino de una infección de otro tipo, obra del artista Ander Azpiri.

Con una serie de aros rojos, emulando microorganismos, Azpiri intervino desde la fachada hasta el interior del edificio de departamentos, ocupando la entrada, la escalera y las áreas comunes en un ejercicio paulatino que de manera similar irá desapareciendo.

En entrevista con VANGUARDIA, el artista, quien hace unas semanas impartió un taller de profesionalización artística a creadores locales en el Museo de Artes Gráficas, comentó que este proyecto nació como una propuesta para dejar una huella más tangible —aunque efímera— de su paso por la ciudad.

“Lo primero que pensé es que me gustó el edificio porque tiene algo de anónimo. Está en pleno centro de la ciudad pero es un poco anónimo”, expresó, “fue algo que no se planeó mucho, por lo que fue rápido el llegar a la idea de que lo que se iba a hacer”.

“En principio pensaba que pudiera tener como algún sentido para la ciudad pero rápidamente me di cuenta que eso era un poco arrogante, porque yo no soy de aquí. Y ahí empecé a pensar, si tú vienes de fuera como un agente externo, un poco lo que estás haciendo es invadir, entonces actúa en consecuencia”, agregó.

El tema de invadir espacios y de considerar el “arte como parásito” es parte de las reflexiones que ha desarrollado Azpirir en su obra desde hace un par de años, pensamientos que esta instalación continúa.

Su trabajo escultórico y de instalación suele trabajar con la “invasión" de los espacios de manera que la pieza crezca orgánicamente, ejercicio que repitió en esta ocasión.

“Es como una especie de metáfora, los sistemas de crecimiento, de reproducción, tengo muchos años trabajando con el referente del mundo vegetal pero finalmente lo que me interesa son los ciclos de vida y muerte y cómo se integran en los ecosistemas, me interesa que las cosas funcionan en relación entre sí y no de manera aislada”, señaló.

“A mí el fetiche del objeto aislado del resto no me funciona tanto y siempre es buscando relaciones, contaminaciones, y eso hace que la pieza sea así, o haya podido ser de otra manera, igual funcione y por supuesto tiene una vida limitada, llegará un momento en que desaparecerá”, añadió.

La SEP es, para el público, un estudio y punto de reunión de artistas, pero para sus habitantes es su hogar y Ander Azpiri reconoce que nunca había intervenido un espacio doméstico habitado antes, fuera de su propia casa, situación que tuvo impacto en el producto final.

“Una cosa que está muy padre de la SEP es que ellos viven aquí, es su casa, pero estos espacios en común que están intervenidos son su espacio de convivencia, aparte de que hay una condicionante para quienes venimos a trabajar y es que las casas se mantienen como casas”, explicó.

“Y relacionado al tema estos lugares, donde la gente convive, es donde empieza a proliferar la pieza, como una especie de contaminación”, agregó, “y luego hay detalles que se tienen que cuidar, como no interrumpir el paso en la escalera, que está infectada, pero puedes pasar por ahí. Ese tipo de condicionantes estimulan mucho, porque buscas soluciones”.

El proceso de creación de la pieza estuvo determinado por decisiones en el momento; conforme iba creciendo la pieza y colocando más cúmulos de aros “bacterias”, más se llenaba el espacio.

De manera opuesta, la intervención irá desapareciendo conforme los habitantes, los artistas que conviven en la SEP, vayan desmontando los elementos, aunque, continuando la metáfora de la infección, algunos podrían quedarse como vestigios debido a su inaccesibilidad o al interés que tengan los habitantes por conservarlos.

“Va a ser un proceso paulatino”, expresó, “esta ‘infección’ irá controlándose de alguna manera, aunque quedarán cicatrices, como esa que está colgada, nadie se va a subir a quitarla, va a estar ahí años”.

El ritmo al que esta instalación efímera —que puedes observar por la calle de Morelos, frente a la Sociedad Manuel Acuña— desaparecerá dependerá, al igual que cualquier enfermedad, cualquier pandemia, de la voluntad y las acciones de los involucrados para contrarrestarla.