Las palabras, además de comunicar un mensaje, tienen una importante influencia en nuestra vida cotidiana y pueden desarrollar actitudes positivas o negativas en nosotros. En una situación de conflicto en escalada, en donde los actores dejan de lado la comunicación argumentativa y pasan a la utilización de adjetivos descalificativos, como lo que tenemos actualmente, estamos ante un indicador claro de que el conflicto va en ascenso a su etapa más crítica: la violencia. En lugar de recurrir al análisis, la explicación y la comprensión de las complejidades del tema, se pasa a la diatriba y a la descalificación que deshumaniza.

Los insultos hacia el presidente López Obrador, que se están transmitiendo a través de los medios de comunicación y las redes sociales, usan un lenguaje despectivo y ofensivo, pretenden deshumanizarlo y cosificarlo, culpándolo de ser el que siembra el odio. Le lanzan ataques de linchamiento, acusándolo de mentiroso, de traidor, de corrupto, de dictador, incapaz, etc. polarizando las redes. Además, le desconocen su condición de Presidente legítimo con derechos, deberes y obligaciones, pretendiendo deslegitimarlo o satanizar sus acciones, cerrando la posibilidad de abordar los temas de fondo. En este punto, la razón y los argumentos pierden importancia, y las emociones ejercen su dominio. La propagación de noticias falsas, amenazas y rumores es la más pura manifestación de odio, que pretende entre otras maniobras, deslegitimar primero y derrocar después al gobierno de la 4T.

Las consignas de los golpistas, dice Epigmenio Ibarra (editorialista de Milenio), “…son copias mal hechas de quienes otrora eran oposición”. Ahora la oposición saca consignas contra el poder, sin una base social real. Se ataca a un gobierno legítimo, democrático, respaldado por la ciudadanía, como nunca se había visto en México. Pero ellos no proponen nada, sólo agreden, insultan, descalifican, cosifican a los otros, los minimizan con un alto grado de soberbia y supremacía. Además se adjudican ser los agraviados, los afectados, los que tienen la razón y la verdad, pero no ofrecen propuestas. Están enojados porque ya no son los que controlan, manipulan, someten, por lo que proponen un golpe de estado, sin alternativas. Para ellos no importa que el país se derrumbe, se destruya, desaparezca, que se cree el caos, pero que se cumpla lo que ellos quieren. Cualquier otro menos este presidente, democrático, aceptado en las urnas por una gran mayoría, reconocido legalmente como no existía una autenticidad de un presidente en años”.

Pedro Ferriz, su hijo Pedro Ferriz Hijar, Gilberto Lozano, Martín Bringas y compinches, conspiran en contra del presidente López Obrador y pretenden desestabilizar su gobierno. Promueven una campaña de miedo, de criminalidad, exponen casos que escandalizan y conmueven a la opinión pública para decir: la culpa es del Presidente que no tiene capacidad para gobernar. Minan todas sus bases sociales y de apoyo, así como de los grupos que lo sostienen para entonces crear una situación de crisis constitucional y aprovechar una medida para derrocarlo. Pero no ofrecen alternativas.

Se tiene una oposición que hace crítica de mala fe, abiertamente antidemocrática. Desarrollan intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder. Lo único que les interesa es que se quite el Presidente para que se pongan ellos. No les interesa acordar nada, no les interesa ninguna política en particular, ni crear ningún tipo de lógica con el partido que se encuentra en el gobierno o incluso emplear la crítica constructiva de decir: yo me opongo a esta política, pero creo en esta otra. Nunca van a presentar una propuesta, porque su objetivo no es proponer sino golpear, denostar.

¿Habrán pensado los detractores del régimen actual qué sucedería si se quita al Presidente? Si esto llegara a suceder, tendría que ser por la vía armada, lo cual es casi imposible. Y estos mexicanos inconformes serán recordados en los libros de la historia como los que traicionaron la democracia en un país. ¿Por qué no se preparan para las próximas elecciones? Ferriz ya tuvo su oportunidad y perdió. Que lo vuelva a intentar las veces que sea necesario, hasta que lo logre.

Es importante conocer la historia para entender cómo eran las cosas hace 40 o 50 años. Esto representa un reto importante como sociedad porque requerimos un nuevo nivel de pensamiento para organizarnos y hacer frente a los retos que encaramos hoy en día.

Podemos no estar de acuerdo con muchas cosas que pasan en esta administración, lo mismo con el Presidente, pero no podemos dejar que unos cuantos opositores nos descalifiquen a quienes apostamos por el cambio. Lo que hicimos en el pasado nos trajo hasta aquí, nos dio lo que tenemos y no tenemos. Requerimos un cambio de paradigma respecto a México para ir al siguiente nivel de transformación.

Las palabras de descalificación y denostación, de tono beligerante y confrontativo, sólo demuestran que se busca el caos, aun a costa de la seguridad. No nos dejemos llevar por esos vituperios (insulto, injuria o infamia que se pronuncia contra una persona, según el Diccionario de la RAE). Actuemos con altura y civilidad. De lo contrario todos perdemos.