Vivimos en un tiempo en el que ocurren situaciones increíbles, aunque no tanto, creo que exagero porque se trata de seres humanos, simplemente, capaces de lo mejor y de lo peor.

La noticia dio la vuelta al mundo velozmente: Plácido Domingo, de 78 años, uno de los más famosos cantantes de ópera sigue cantando, dirigiendo y no para de trabajar, él fue acusado por nueve mujeres de acosándolas sexualmente.

La mezzosoprano Patricia Wulf, artista retirada de 61 años, fue la única que se identificó e informó que Plácido la esperaba tras bambalinas y tras numerosas ocasiones de acoso aceptó tener relaciones sexuales con él, me rendí, dice. 

Además, según las presuntas víctimas, el tenor las presionó –siendo jóvenes– para que a cambio de trabajo mantuvieran relaciones sexuales con él y hasta sancionó profesionalmente a las que se atrevieron a negarse, una de ellas dice: “¿Cómo le dices que no a Dios?”, en referencia a la fama mundial de Domingo.

La información causó conmoción porque el mundo de la música clásica ha sido considerado como algo muy separado de lo popular, aparte, una cultura asociada a la elegancia, al saber, en cierta medida coligada a la virtud, pero detrás de esa mágica visión se asoma un mundo oculto, el de los abusos de poder y de los egos, donde los genios se convierten en Luzbel. 

El notable tenor envió una carta en la que expresa que “es doloroso oír que he podido molestar a alguien” y calificó las acusaciones de inexactas, agregó que “las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado”. Sí, ahora, al menos las mujeres podemos hablar, hacernos visibles y exigir justicia.

Después de las denuncias de las nueve artistas, otras seis añadieron que los actos de acoso de Plácido eran un secreto a voces y se multiplicaron las denuncias de músicos y tramoyistas sobre las conductas impropias del tenor, quien perseguía a las jóvenes impunemente.

Las víctimas exigieron el anonimato aunque también expresaron que el movimiento Me Too las animó a hacer públicos los hechos para terminar con este tipo de conductas, las que apuntan hacia el fin de la impunidad, ya que han surgido otras denuncias en el mundo de la música clásica, aunque es un sector opaco en el que impera el machismo y la inestabilidad laboral, subrayan académicas españolas. 

Por si fuera poco, Norman Lebrecht, director de orquesta, señala que “la relación entre batuta y pene es más poderosa de lo que muchos maestros estarían dispuestos a admitir” (El País).

La directora de la Sociedad Incorporada de Músicos (ISM, por sus siglas en inglés), Deborah Annetts, declaró que esta cultura tóxica del área de la música clásica debiera ser protegida por un código de conducta para todo el sector, porque con el caso de Plácido se manifestó como el “escondite de depredadores sexuales”.

A causa de las acusaciones de acoso sexual en contra de Plácido Domingo, la Asociación de Orquestas de Filadelfia canceló el concierto programado para septiembre y la Ópera de los Ángeles, que él dirige desde 2003, anunció que ha abierto una investigación sobre el caso; también la Ópera de San Francisco canceló el concierto que iba a ofrecer en octubre; mientras la Ópera Metropolitana de Nueva York señala que mantiene a Domingo en su programa para septiembre, octubre y noviembre, igualmente los teatros europeos Royal Opera House y la Ópera de Viena, sostienen las actuaciones del tenor. 

Qué sigue en este capítulo tan fuerte para la vida privada y artística de Plácido Domingo, el desprestigio ha sido brutal, aunque es muy difícil esperar que la justicia ampare a las denunciantes a 30 años de ocurridos los hechos. 

Rosa Esther Beltrán Enríquez