El COVID-19 ha marcado un alto. Por el contagio se suspendió en diferentes países la libre circulación de personas. Los límites de la globalización están en su propia finalidad: “un mundo sin fronteras” con un “virus libre e igualitario”, sin distinción de nacionalidad ni clase social. Afecta a cualquiera y pone en crisis, por ende, a cualquier gobierno.

Es el carácter vulnerable de la era global. Sin ella somos muy frágiles: la economía se contrae, la sociedad se detiene, el Estado se debilita. A pesar de ella y con ella construiremos la solución para enfrentar los desafíos de la humanidad circulante que hoy está en pausa. El neoliberalismo no está en crisis. La falta de libertad, por el contrario, pone en crisis al mundo actual.

En México se suspendieron las funciones públicas que no resulten esenciales durante la propagación masiva del coronavirus. La justicia, sin embargo, es fundamental. El servicio “de dar a cada quien lo que le corresponde” deberá redefinir sus formas: de la justicia presencial a la justicia a distancia. Se debe hacer de manera prudente e inteligentemente.

En la emergencia las sociedades avanzan más. En el aislamiento se ha intensificado por internet el trabajo, la escuela y el comercio en casa (HomeNet). La mayor parte de la comunidad, no obstante, ha visto más vulnerable su situación: sin libertad de salir su subsistencia está en riesgo. Si sale mal, si no sale peor.

Esta pandemia es un stop universal. Invita a repensar las formas tradicionales de la interacción social: comunicarnos a distancia. El mundo complejo sigue usando formas medievales que no resuelven los problemas actuales. La concepción decimonónica de la justicia debe cambiar.

Esta pandemia, por tanto, genera una gran oportunidad para repensar el servicio de justicia. Hoy se necesita normalizar la justicia por correo-e, videoconferencia o en línea. La crisis adelanta las prácticas en el mundo. La idea es no sólo facilitar los trámites. El reto es más amplio: construir un modelo confiable que redefina tanto los procesos presenciales inútiles e innecesarios como al mismo tiempo provea una justicia transparente, participativa y colaborativa con la sociedad.

No es fácil. Desde el 2013 participé en la reforma constitucional que estableció el sistema de justicia digital en Coahuila. No hemos podido avanzar. La urgencia sanitaria nos demanda el juicio en línea. La comunidad exige tutela judicial. La justicia no debe parar. La economía del litigio menos.

En el fondo, la cultura judicial tradicional es el reto por superar. El formalismo que no da certeza legal sino obstáculos de celeridad son difíciles de desterrar. El antiformalismo no es una doctrina dominante, menos la reingeniería digital del debido proceso legal. Pero la emergencia no debe generar imprudencias.

Demandas on line, audiencias zoom, notificaciones email, sesiones streaming, el expediente digital será la nueva práctica judicial. La justicia, por tanto, debe adaptarse pronto a la conectividad. Será más demandante: ampliará el acceso y exigirá nuevas formas y perfiles.

Una anécdota. En la primera sentencia de mi ponencia propuse una videoconferencia. Se tenía dudas por usar estas formas. Al final, se llevó a cabo la audiencia a distancia para resolver un traslado de reo.

AETATE iUSNET

La era de justicia digital inició. Un virus con alas de murciélago vuela sin fronteras, genera crisis fatales, pero también vientos de cambio.

¿iUsnet 1.0.10 ó de última generación? El Steve Jobs de la Justicia Global renacerá para combatir el virus del tortuguismo judicial, como John Connor resistió los ataques de exterminio para combatir a Skynet en Terminator. Sin dejarse vencer. Esa es la clave.

REMIX POÉTICO

¡Hasta la vista, coronababy!

¡Era de Hielo Judicial, Paleopositivismo y Pleistoceno Jurídico!

“sos mayor de edad” y gozaste el “desastre inesperado”

el Bativirus puede exterminarlos, sin beso de despedida

la justicia de papel debe andar

“despacito, sin despertar el monstruo”.

(Mario Benedetti, “Chau pesimismo”)