“nulla dies sine línea” (ni un día sin leer una línea)

aforismo romano

Muchos criticamos _la mayoría de las veces sin razón o por desconocimiento_ todo lo que sucede a nuestro alrededor, lo que nos molesta, lo que nos disgusta. Sucede que hoy vivimos inmersos, en una realidad que no se detiene, acelerada, que inclusive se dice que piensa más allá de nuestros actos; existimos en un escenario global que todo nos lo deja al alcance de nuestras manos, pero de la misma manera nos despoja de cualquier opinión y peor aún, de cualquier raciocinio.

La lectura _abandonada y en el baúl de los recuerdos_ hoy, es un acto de rebeldía, resulta ser hasta una condición revolucionaria. Leer es el mejor ejercicio cognitivo para desarrollar muchas de nuestras habilidades mentales. Una buena selección de libros, es como una buena selección de alimentos, nos nutre, nos alimenta saludablemente.

La lectura es el único instrumento que tiene el cerebro para progresar, mediante la lectura se favorece la concentración y se desarrolla una mayor capacidad de abstracción. Dijo Cicerón, “a hablar no se aprende hablando, sino leyendo”. Leer, te vuelve más empático, te convierte en un mejor conversador. Lejos de la imagen solitaria e introvertida con la que se suele identificar al lector, en las personas lectoras, se encuentran sujetos que han desarrollado mejor, sus habilidades comunicativas.

Dentro de todos los beneficios que se presentan a manera personal, también en la lectura, encontramos beneficios culturales, sociales e inclusive, en la economía de un pueblo. Por medio de la lectura se ayuda a exportar cultura fuera de nuestro país; por otra parte, la lectura es unos de los vehículos más fuertes de la democracia.

Leer siempre tiene un poder emancipatorio, una fuerza innata de transformar a la sociedad. Muchos libros han sido la clave del desarrollo de muchos acontecimientos históricos. Hay que utilizar el poder de la lectura para transformar a la sociedad.

La lectura es piedra angular para la adquisición de conocimiento. La lectura como acto de independencia, marcará nuestra forma de ser y por lo tanto, marca nuestras vidas. Es trascendente que así como la democracia condiciona nuestras vidas, la lectura como ejercicio habitual condiciona al hombre en el mundo.El gusto por la lectura en nuestros días suele ser bastante acotado. El mundo crece pero no sucede lo mismo con el hábito de la lectura. Existen distintos motivos por los cuales las personas no se hacen un espacio para leer.

Por ejemplo, el hábito de lectura nos ayudara a discernir en las acciones en materia política, de la transformación social y de idiosincrasia, de lo que implica para nuestro país, el caso Emilio Lozoya y no solamente verlo con morbo y como un teatro burdo y planificado.

También nos puede ayudar a entender los niveles de corrupción del país español en el que se encuentra actualmente, al grado que el rey que abdicó, tuvo que huir por la puerta trasera como perro de rancho (desgraciadamente todavía muchos defienden la monarquía).

Con la más mínima lectura podemos comprender, la difícil situación de la delincuencia organizada que no se liquida con seis años de gobierno, sino con un plan transexenal muy bien elaborado que respeten las subsecuentes administraciones (como muchas administraciones europeas en todos sus ámbitos de gobierno).

Y Lejos de la res pública, que a todo mundo debiese interesar, la lectura es un espacio personal para poder hacer una pausa y relajar el cuerpo y prender la lavadora intelectual y sacar todo lo que no sirve y de lo que nos contaminamos en el trajín de los días para poder sobrevivir un día más a este mundo que no para, que es incesante y que pararse un rato, no es un error, es una desgracia que no te deja saltar la valla en la globalización.

Leamos para abrir nuestras mentes, quitarnos de ataduras y para promover el progreso en nuestra sociedad.