En nuestro país el combate en contra del plástico es incipiente, Sonora encabezó en abril de 2018 la lista de los estados que han prohibido las bolsas de plástico de un solo uso y las entidades  ya han llegado a 20, Coahuila incluido, lo cual es de aplaudirse porque sabemos los daños intensos que este material provoca al medio ambiente –la flora y la fauna- ya que es un material hecho de etileno, producto derivado del gas y del petróleo, los cálculos científicos más conservadores indican que una bolsa plástica tarda al menos 400 años en degradarse, ahora algunas se reutilizan para echar basura en ellas pero igual van al suelo provocando erosión y muerte de seres vivos.

En el mundo hay al menos 11 países en los que las bolsas de plástico están prohibidas, en el nuestro y en los Estados Unidos no existe una ley federal que vete su uso el cual se regula sólo estatalmente. En otras naciones se aplican sanciones e impuestos o simplemente se evita su empleo en el comercio.

Este año en la Asamblea de la ONU se estableció un acuerdo global para reducir el consumo de plástico de un sólo uso, entre los participantes se llegó al compromiso de trabajar con el sector privado para elaborar productos sustentables con el medio ambiente y para 2030 reducir significativamente los de un solo uso, el cual parece una meta lejana ante tanto daño a la biodiversidad.

Algunos asambleístas de la ONU estimaron que el mundo está ante una encrucijada y la única vía factible es transformar de manera integral nuestra manera de vivir, esto suena idealista, romántico, ¿seremos capaces de hacer las cosas de manera diferente?  
Nuestra dependencia de los plásticos ahora es casi total, hacer un recuento de los envases de todos los productos de uso común nos rebasa y sustituirlos rápido sería imposible y algunos investigadores y empresarios sostienen que sustituir los envases de plástico por papel podría ser más devastador para la flora boscosa e igualmente el vidrio resultaría más costoso, entonces, ¿no hay alternativas?

Según la Alianza México Sin Plástico, la industria de la lucha contra la contaminación plástica es una falacia porque el reciclaje de ese material es mínimo a causa de la falta de infraestructura y regulación sobre esos envases, dos problemas de los que los legisladores y políticos en general se ocupan poco o nada, de forma que crece sin pausa el porcentaje de ese material expuesto al medio ambiente sin remedio. 

Me pregunto cuántas de las empresas que se dicen socialmente responsables en este país, están contribuyendo, técnica y económicamente para que la contaminación del plástico disminuya, algo que si están realizando los empresarios de Panamá que se han unido para educar a la ciudadanía en aras de erradicar el plástico de un solo uso y colaborar en la disminución de la contaminación.

Nomás en la bolsa duele, si los legisladores establecieran sanciones a los negocios que no han obedecido desechar el uso de las bolsas de plástico para el empaque de las mercancías, veríamos resultados  más rápidos de los que ahora aparecen, aquí, los supermercados se ríen de la ley que entró en vigor el 19 de diciembre de 2018 y será obligatoria en 2020, el gobierno estatal lanza spots en los medios de comunicación y está muy bien, pero no se ve que calen en la conciencia social de las empresas y los coahuilenses.

El Alcalde de Saltillo puso en marcha el programa, “Sin bolsas de plástico” y repartió mil 115 bolsas ecológicas con el objetivo de concientizar a la población de la urgencia del cambio, lo cual es loable, pero es apremiante impulsar otras acciones que detengan la plaga de esta contaminación que amenaza la vida.

Rosa Esther Beltrán Enríquez

Horizonte ciudadano