ESMIRNA BARRERA
No hay un sentido genuino de solidaridad desde la óptica de los países poderosos, sólo intereses financieros en donde lo menos importante es detener la hambruna

Preocupado ante las expectativas de una disminución del siete por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en el 2020 para nuestro País, de acuerdo a JP Morgan Chase, principal institución bancaria estadounidense y que representa un valor de 2.4 billones de dólares (millones de millones).

Abrumado ante tanta información confrontada sobre la pandemia que está implicando el COVID-19, pues abundan audaces poseedores de verdades caseras que, atrevidos por su ignorancia con su manejo verborreico, se llevan por delante a muchas personas crédulas.

Sorprendido ante la natural condición del género humano que lo hace parecer en tiempos de crisis como una plaga de langostas, como la que amenaza a millones de personas en el cuerno de África devastando sus alimentos. Abundan también hombres y mujeres cercanos que depredan lo que está a su alrededor para sobrevivir.

Preocupado por no entender la narrativa política y de acciones de un impávido Andrés López Obrador ante la presente problemática de salud pública y menos aún por no encontrar ninguna lógica en las declaraciones de gobernantes de la talla de Miguel Barbosa en Puebla, muy lejanas al conocimiento de las causas y efectos del COVID-19, pero que distrae diciendo que la pandemia sólo afecta a los ricos.

Observando las descalificaciones que se multiplican entre los actores políticos y algunos integrantes del sector privado que no han logrado tener inteligencia colectiva para determinar propósitos comunes para eviten la italianización en México del coronavirus.

¿Sobre qué temas podría escribir? ¿Sobre la inminente contracción económica del País? ¿Sobre la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas mexicanas? ¿Sobre las dificultades que tendrá el Gobierno Federal para realizar su proyecto social y megaobras sin los impuestos que muchas empresas sencillamente no podrán pagar por estar paralizadas?

¿O sobre el tema de la empresa cervecera trasnacional que estaba instalándose en la ciudad de Mexicali y que, dada una consulta propiciada por el Gobierno Federal, no podrá establecerse?

Hay cosas que matan más que el coronavirus, incluso la reciente Influenza, pero hoy nos “mata más” y desconcentra la gran presión mediática que abruma sobre la nueva pandemia que nos hace perder de vista que nos estamos jugando el futuro inmediato, y que hay una negociación silente en el que unos cuantos países (China. Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania) están reacomodándose en lo que será un nuevo orden mundial.

Entonces los altos propósitos que implica la atención a los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el marco de la Agenda 2030 pasan al cajón del olvido, porque no hay un sentido genuino de solidaridad desde la óptica de los países poderosos, sólo intereses financieros en donde lo menos importante es detener la hambruna.

Una plaga de langostas se cierne sobre la humanidad, langostas multinacionales que se suman a las que se reproducen en cada pueblo y nación, para demostrar que el hombre es el peor enemigo del hombre. Es urgente renegociar las estrechas fronteras de la responsabilidad mundial. A pesar de todo, estamos a tiempo de llegar a acuerdos.

Carlos Gómez

Columna: Mundo sustentable