Sirva todo lo expresado en la columna anterior como antecedente y recordatorio de que aquí no se le quema incienso a ningún político (bueno, quizás a don ‘Beno’ Juárez, porque mudó la Presidencia a Saltillo, nomás para poder comer enchiladas diariamente). Pero sepa que, en esta columna, el viejo régimen y el actual se consideran igualmente deplorables por corruptos e ineficientes, y lo mismo vale para el Gobierno Federal que para las instancias locales, sin que reconozca yo calidad moral en ninguna divisa política, de ningún color o ideología, sea de derecha, izquierda o mediocampista.

Necesitaba hacer dicho prefacio porque el tema que hoy nos ocupa involucra precisamente, en menor o mayor medida, a todo el espectro político.

Partamos de algunos hechos fundamentales: 

1.- Nuestra economía experimenta un decrecimiento asociado a la pandemia, sí, pero se verá agravado por la torpeza con que la 4T ya venía manejando la capacidad productiva del País, desde antes de que el COVID irrumpiese en nuestras vidas.

2.- Aunado a la recesión en progreso, la política de nuestro viejito cotonete ha sido reducir el gasto federal: cierra dependencias, cancela servicios, desaparece fideicomisos, provoca un desabasto de suministros públicos y por supuesto, le reduce la dieta a los estados. Todo so pretexto del combate a la corrupción (lo que me parece de lo más extraño, ya que se suponía que nomás asumiendo la presidencia y llegando “los buenos” al poder, se acabaría la corrupción). Pero no, al viejito le gusta ser él quien, de su mano y a título personal, reparte los recursos, aunque ya existieran partidas rotuladas para cada necesidad y eventualidad (como el Fondo de Desastres Naturales). Sólo había que aplicarlos con transparencia y “honestidat”. Pero parece que no pueden hacerlo y ahora hay que esperar que “Güelito” esté de buenas y afloje nuestro domingo o esperar a que se duerma para bolsearlo.

3.- Los estados, o mejor dicho, los Gobernadores, acostumbrados a gastar como se les hincha su feudal gana, no están muy contentos con los reajustes y quisieron asustar al Presidente con el petate del muerto, amagando con romper el pacto federal: “Que el viejo nos herede en vida o renunciamos al apellido”, dijeron, como juniors de película de intrigas. Pero sucede que estos juniors buenos para nada, se la pasan estirando la mano, despilfarrando, llenándose los bolsillos y no rindiéndole cuentas a sus ciudadanos sobre la manera en que “ejercen” el presupuesto.

Esto es particular y dolorosamente cierto para Coahuila. ¿Con qué cara puede el Gobernador coahuilense pedir más recursos a la Federación, si el gasto se ejerce de manera turbia y discrecional? Las finanzas no soportan el escrutinio más somero sin que brinquen irregularidades. Incontables instituciones y municipios tienen lagunas financieras por partidas que el Estado jamás les entregó y sobre las que nunca se investigó.

Lo anterior por no mencionar el gran desfalco que sufrimos en doce años de moreirato, mismo que aún nos sangra 3 mil millones de pesos anuales sólo de intereses de una megadeuda que este gobierno, igual que los anteriores, se ha encargado de reestructurar para que sea impagable, eterna, un pozo sin fondo. ¿Cómo puede Miguel Riquelme quejarse de un recorte presupuestal de millones si cada año arrojamos al retrete miles de millones?

4.- Ayer se dio a conocer que la Fiscalía General de la República investiga a la administración de Rubén Moreira por irregularidades en su gestión como gobernador. Se habla de desvíos por 400 millones de pesos (poca cosa, considerando las cantidades que se han extraviado en hechos relacionados con el apellido Moreira).

Se señala como responsable directo a Ismael “Lito” Ramos, figura ampliamente conocida en el medio local por fungir como la tapadera financiera de la mafia que nos ha regido.

5.- Contrario a lo que ocurre con la justicia federal, en su parangón estatal no existe investigación ni expediente abierto por delitos financieros en contra de ningún personaje de las administraciones pasadas.

Es un poquito como lo que ocurrió con el General Cienfuegos, investigado durante una década por la DEA, mientras que la autoridad mexicana ni enterada estaba. Así ahora, la Fiscalía General de la República tiene un caso serio contra la gestión de Rubén Moreira, pero en Coahuila jamás ha se ha investigado ni tomado conocimiento de esto.

6.- Como remate, la oposición local, entiéndase el PAN coahuilense, que no soltaba el tema de la Megadeuda como su estandarte de batalla, al enterarse de que la FGR tiene en la mira a la gestión de Rubén Moreira, de repente se quedó sin habla. El líder del PAN local, Jesús de León Tello, prefiere picarse la nariz o alguna otra cavidad corporal, haciéndose el occiso; cualquier cosa antes que declarar algo en contra de los que se supone eran sus adversarios naturales: Los Moreira. “¡No, hablemos mejor de lo que dijo el Peje en la mañanera, en lugar de ocuparnos de lo que pasa en Coahuila!”. ¡Vaya manera de jugarle al indejo!

Semejante renuencia a hablar sólo da a pensar que el PAN está aliado con el heredero del moreirato, el gobernador Riquelme, quien ya ofreció una primera declaración. Aunque es por supuesto una declaración hueca: “Estaremos atentos… tomamos conocimiento, colaboraremos con la Fiscalía…”. Lo que significa que no harán nada de eso.

Tal debe ser la forma en que AMLO le paga los disgustos a Riquelme: la amenaza de investigar las finanzas locales. Así que ya anticipamos que los golpes bajos seguirán, lo mismo que las investigaciones y los descubrimientos “oportunos” como armas de intimidación política, como estrategias electoreras, que es a lo que podemos aspirar en México en vez de justica.

Morenos, tricolores, azules. ¿Ya entiende ahora por qué en este espacio no damos por bueno a ninguno?