Juan Gabriel nació y murió en el México homofóbico, En EL País que la gente tiene una preferencia sexual distinta a la socialmente aceptada.

Imposible sustraerse de su legado. La muerte de Juan Gabriel es de esos momentos que se quedan en nuestra memoria colectiva. Son importantes. Son desgarradores. Por eso hoy, todo el mundo, o casi todo el mundo experimenta el dolor de su muerte a su manera, y no hay forma correcta o incorrecta de hacerlo. Algunos lloran. Algunos no.

 Algunos quieren la compañía de otros. Algunos solo quieren que los deje solos. Ser testigo de la muerte de una celebridad como Alberto Aguilera Valadez, a veces puede ser un poco difícil porque no siempre es aceptada o respetada por todos. Pero hoy fue distinto. Y es que incluso la llamada “intelectualidad”, salió a declarar que había muerto un ídolo. De su personalidad, hace algunos años, Carlos Monsiváis escribió en su libro “Escenas de Pudor y Liviandad”, un texto que ha sido retomado por la revista Nexos bajo el título de “Juan Gabriel descifrado por Monsiváis”, y en donde resume la vida del cantante y compositor con una frase: “A Juan Gabriel nada le ha sido fácil, salvo el éxito”.

 Su historia trágica es una montaña rusa que va de nacer en la pobreza extrema en un pueblo perdido en la sierra madre del sur de nombre Parácuaro en Michoacán para viajar al otro extremo del País hasta Ciudad Juárez y presentarse en el famoso salón de baile el “Noa Noa”, hoy un lugar de culto, hasta su llegada al monstruo de la capital con su respectivo bautizo a cargo del aberrante sistema de justicia nacional que lo encarceló por una temporada infame.

 Pero Juan Gabriel salió de la cárcel solo para convertirse en el máximo ídolo de la cultura popular mexicana, uno que con su música desacralizó el Teatro de Bellas Artes. Es por eso que hoy, su muerte ha cimbrado al País y a todos los que lo vimos, lo disfrutamos y a los que cantamos sus canciones. Unos lo hicimos públicamente, otros en el clóset de sus traumas.  Y es que no se nos olvide que Juan Gabriel nació y murió en el México homofóbico. En el País que a la gente que tiene una preferencia sexual distinta a la socialmente aceptada, se les dice “Jotos”, “Amanerados” o “Putos”. El titular de un periódico de circulación nacional ayer publicaba dos noticias en su página principal: “Fue un placer conocerte Juan Gabriel. “La nota de un lado decía: “Cristianos se suman a marcha contra matrimonios gay”.  ¡Solo en México!. Lo único cierto, es que no he conocido a alguien que no se sepa al dedillo la estrofa esa de “Por eso aún estoy en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente”. 

En mi casa somos buenos admiradores de la obra del gran “Juanga”. Incluso mi hija Regina hace algunos años ganó un concurso de canto en su escuela interpretando la primera canción que escribió el michoacano y juarense: “La Muerte del Palomo”. Por eso el domingo que me enteré de su muerte, recordé una conservación con mi abuela, yo apenas con diez años y ella diciéndome: “Después de la muerte de Pedro Infante y Javier Solís, solo Juan Gabriel va a causar un impacto semejante”. Que razón tenía.

 Doña Fidela Flores, mi abuela, fue una de sus más grandes fanáticas. Una que haciendo honor a su nombre, le guardaba una fidelidad que en ese tiempo creíamos rayaba en la exageración, “A Juan Gabriel no me lo toquen” nos decía. Tenía sus discos, conservaba sus letras y le encantaba verlo en la televisión.  Pero su sueño era verlo en persona, en concierto. Eso se cumplió en el lejano año de 1986, cuando la acompañé a verlo en el Palenque de la Feria de Saltillo. De eso ya han pasado treinta años, y atrás quedaron un siglo y un milenio.

 Ahí lo vimos cantar “La Farsante”, “Siempre en mi Mente”, “La Diferencia”, “Querida”, “Inocente, Pobre Amigo”, “Caray” y “Amor Eterno”, la canción que mi abuela esperaba escuchar. Terminó el concierto y yo emocionado quería comentar con ella los detalles, pero  de ella no salió una sola palabra. Confieso que eso me causó extrañeza y hasta un poco de decepción. Tantos años esperando conocer en persona a Juan Gabriel para luego no decir nada. Mucho tiempo después, comprendí que mi abuela, se guardó para ella el sentimiento de ver por única vez a su gran ídolo, un personaje cuya vida y muerte podrían resumirse en un tuit que leí y que decía: “Me entero que Juanga se murió del corazón. No podía ser de otra manera”.

@marcosduranf