La economía tradicionalmente se ha visto como un proceso lineal y cerrado entre productores de mercancías y consumidores, regulados por un mercado y un precio, donde la Naturaleza únicamente se ve como un enorme depósito de materia prima para producción. 

 

Para obtener los productos y servicios que utilizamos para satisfacer nuestras necesidades diarias, se hace un uso extensivo de los recursos naturales, se parte la tierra para extraer millones de toneladas de minerales, se remueven millones de hectáreas de suelo, se talan árboles, se extraen plantas y animales, se construye, se entuban los cauces de ríos y se alteran todos los ciclos naturales. Además, despúes de usar estos productos o servicios, hay una salida impresionante y cada vez mayor de residuos, del que no se responsabiliza ni el productor, ni el consumidor y quedan a expensas de la calidad y capacidad del servicio urbano de recolección y disposición final. 

 

La Naturaleza entonces juega un doble papel en la economía, por un lado como proveedora de recursos y servicios, y por otro como receptora de residuos. Esos servicios incluyen la producción de oxígeno, la renovación del ciclo hidrológico, la producción de alimentos, la absorción de dióxido de carbono, la protección contra los rayos ultravioleta, en resumen, hacer posible la vida misma. 

 

Si partimos del mismo principio de la materia, que no se crea ni se destruye, solo se transforma, el modelo económico actual está transformando los recursos naturales y el ambiente en residuos y degradación, al punto de hacer insostenible el crecimiento. 

En la Naturaleza todo cumple una función de manera continua y se reutiliza, se aprovecha en diferentes etapas, es un ciclo circular. Ese es el principio que debemos aplicar en nuestra forma de vida y en el modelo de economía. En la economía circular, los residuos son recursos, gracias al reciclaje, se promueve la reutilización, la reparación, el impacto mínimo, se impulsa el crecimiento económico y territorial con base en los ciclos naturales y la resiliencia. Los agentes económicos – la población -  valoran el ambiente como fuente de vida. 

Así tendríamos empresas comprometidas por utilizar materiales biodegrables y procesos de recolección eficientes para reciclar los residuos, consumidores responsables de sus decisiones y compras; un gobierno verdaderamente preocupado por el aprovechamiento de energías renovables, de gestionar sus servicios públicos con criterios ambientales. Sociedades más concientes de no obstruir tanto el proceso de regeneración del ambiente, permitir su recuperación para que podamos aprovechar de manera sustentable, sin degradación, deterioro y extinción. 

El tema da para mucho e implica un cambio de paradigma sobre el modelo económico actual, empecemos por la educación y la cultura con que compramos, con que decidimos.