El conocimiento tiene su punto de partida, decimos que en Occidente, en la filosofía griega. Pero existen otras alternativas como la cultura china, la mesopotámica, la egipcia y por supuesto, la pre-colombina. Dice Aristóteles que la ciencia es el conocimiento universal de las cosas, por tanto la ciencia se aprende en la escuela o en el mundo. Su función específica es la adquisición de conocimiento que al final del camino, es la búsqueda de la verdad.

La observación y el levantamiento de registros realizados de forma sistemática se heredan de la cultura mesopotámica, mientras que los pre-socráticos fundamentaban sus búsquedas en principios físicos. Para llegar y construir conocimiento Pitágoras utiliza un lenguaje formal y matemático. Epicuro es el gran pensador del imperio que pone las bases del sustrato existencial del ser humano. Aristóteles asienta las ideas de la polis. Ptolomeo propone el paradigma geocéntrico que muchos siglos, a pesar de los pesares, le dió vida y sentido a las sociedades de la baja Edad Media.

Algunos que dicen que la ciencia se da propiamente en el Renacimiento. La ruptura renacentista supone la ruptura con la ciencia antigua y medieval. Aparecen Bacon y Galileo y a través de las matemáticas se busca universalizar las ciencias. Bacon pone de manifiesto el dominio de la naturaleza, donde afirma que el motor de la ciencia es la curiosidad, con él aparece el método experimental.

Galileo por su parte matematiza la naturaleza. Descartes a través de un conocimiento cierto basado en la existencia indudable de un sujeto pensante deja el papel de la experiencia en segundo plano. Aparece Copérnico con la teoría heliocéntrica y posteriormente Newton con sus leyes sobre el movimiento. Newton se basa en el mundo, en las cosas.

Berkeley nos hereda la idea del pragmatismo que será una de las rutas más claras hacia el tema de la investigación cuantitativa. Hume comienza el camino hacia el empirismo afirmando la importancia de los hechos frente a las interpretaciones. Kant intentó realizar una síntesis entre ambas cosas. Sin embargo, más tarde Augusto Comte con el positivismo afirma que el conocimiento científico es la base del progreso y el orden social, de lo cual no anda muy lejos y con su ley de los tres estadios pone en ruta hacia la construcción científica desde otra perspectiva.

Todo esto prepara lo que se conoce como el Círculo de Viena, donde se dice aparece la ciencia moderna. Se pasa del positivismo lógico al empirismo lógico. Schlick ofrece como criterio científico el concepto de verificabilidad. Dentro de la escuela hay personajes como Rudolf Carnap y Sigmund Freud.

Karl Popper rechaza el verificacionismo como método de validación de teorías. La tesis central de Popper es que no puede haber enunciados científicos últimos, es decir, que no puedan ser contrastados o refutados a partir de la experiencia. Propone un método científico de conjetura, por el cual se deducen las consecuencias observables y se ponen a prueba. Afirma que el origen de la ciencia es la existencia de un problema que hay que resolver, pero añadirá que el origen de la ciencia no es la existencia de un problema, es el miedo. Es decir, cuando nos sentimos amenazados, cuando nos sentimos inseguros, cuando vemos que todo es caótico, el hombre busca poner orden y así aparece la ciencia; como un intento de descubrir la verdad, o como un conjunto de conocimiento del mundo.

Le sobreviene Thomas Khun que afirma que la ciencia es de carácter revolucionario y que no progresa por simple acumulación de conocimientos. Dice que existen dos tipos de actividades que son secuenciales en cada dominio de estudio: el proceso ordenado, lineal, disciplinado y pulcro de la ciencia normal, y las rupturas periódicas de las revoluciones. Precisa, la ciencia es el resultado de la interacción de estos dos fenómenos. La reflexión continúa con Lakatos y al tiempo Feyerabend que critica el método científico, dice que en la ciencia todo vale.

Todo el despliegue tecnológico y científico que ha llegado hasta nuestros días justo proviene del llamado siglo de las luces que tenía como premisa la afirmación de que en la ciencia todo vale. Por tanto, se hace trabajo científico para transformar la realidad y para modificar el estado de las  cosas hasta alcanzar el estado deseado. Todos los pensadores y científicos de los que ya se ha hablado lo hicieron en su momento.

En nuestro país, hay muchos y grandes esfuerzos por continuar el camino de la ciencia, sin embargo, México es uno de los tres países en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que menos invierten en investigación y desarrollo.

Del Producto Interno Bruto (PIB) que en 2016 fue de 1,046 billones de pesos, solamente el 0.43% de dedica a la investigación. Piense en los países desarrollados y en la calidad de vida que tienen, por supuesto, los niveles de investigación son muy altos.

Los países que más invierten en investigación y en producción científica son Israel, Corea, Japón, Finlandia y Suecia, del 4.21 al 4.15 del PIB en ese orden. Alemania, Inglaterra y Estados Unidos invierten en investigación el 3% de su PIB, no requieren más.

Se investiga para lograr la generación, la articulación, la  interpretación  y  la  construcción  de datos  o conocimientos referentes al objeto estudiado, pero particularmente, para cambiar el estado actual de las cosas. La ciencia busca leyes universales y necesarias que permitan la explicación o comprensión de los fenómenos, la tecnología pretende llegar a lograr innovaciones que auxilien al ser humano en la transformación de su entorno.

Para un país como el nuestro y para las condiciones en las que se encuentra la respuesta se encuentra en la producción del conocimiento.

¿Qué tanto se hace trabajo científico en nuestro país? ¿Qué tanto en el futuro inmediato el estado, la empresa y las universidades están dispuestos a apostarle? Sin lugar a dudas, la ciencia es el principal motor del progreso de las sociedades modernas, si no se produce no hay desarrollo. Es necesaria la producción del conocimiento por la realidad en la que nos encontramos. Promovamos la acuciosidad, la lectura, la búsqueda del conocimiento desde la edad más temprana de nuestros hijos para que este valor al tiempo se convierta en una virtud que nos libre de una vez por todas de la pobreza y de la desigualdad que tienen su soporte en la ignorancia.